Decenas de personas se concentraron desde altas horas de la noche del domingo para documentar lo que la oposición se ha dado en llamar fraude. En la redes sociales han circulado videos de gente con chalecos del Consejo Nacional Electoral tratando de ingresar con urnas; se han hallado papeletas vacías…
Todo esto desde que el CNE decidió dejar en suspenso el anuncio de si había o no segunda vuelta en la elecciones de 2017. Hasta el propio candidato del oficialismo pedía a sus simpatizantes cruzar los dedos para alcanzar un resultado que le evite la segunda vuelta ante Guillermo Lasso, el candidato mejor posicionado de la oposición.
Fue extraño el rápido avance en el escrutinio de hasta el 80% las actas realizado por el CNE y la brusca demora desde el último reporte de su titular, Juan Pablo Pozo. Entre las 23:00 del domingo y las 05:26 del lunes se aumentó el 7,4% de mesas escrutadas.
Lo cierto es que quedó en evidencia el deseo del oficialismo de evitar a toda costa la segunda vuelta electoral.
Según la historia, cuando Julio César se divorció de Pompeya Sila porque ella había asistido a una Saturnalia, una orgía sexual que se permitían las damas romanas de la aristocracia, las matronas del patriarcado reclamaron. Ella, argumentaban, había asistido solo como espectadora. Julio César, según Plutarco, había contestado: “La mujer del César no solo debe ser honrada, sino además parecerlo.”
La frase cabe muy bien en estas elecciones. El Consejo Nacional Electoral no solo debe ser un árbitro imparcial, sino también parecerlo.
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