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Hay que apuntar hacia el turismo sostenible

Karla Ramírez Iñiguez
Universidad Católica de Santiago de Guayaquil
martes, octubre 13, 2020
En esta nueva realidad no sólo se trata de ir a un lugar bonito, sino de ir a un lugar seguro, y las certificaciones como las que recibió el Ecuador, otorgado por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo, quieren decir que estamos listos para recibir turistas

La reactivación del turismo en el país es vital para fortalecer la economía de pequeños y grandes emprendimientos, así como de toda la industria turística. El turismo es una de las actividades cuya cadena de valor va desde los más pequeños hasta los más grandes y, en el país, genera 512.000 trabajos directos, y 189.000 indirectos, de acuerdo a las cifras oficiales del Ministerio de Turismo del Ecuador. Cabe aclarar que las cifras pertenecen al 2019, antes del impacto de esta pandemia. Pese a que el recelo a viajar es una realidad, es importante entender que la intención de viaje sigue existiendo, aunque las motivaciones de los turistas han cambiado. Así lo aseguran varios estudios realizados por la Academia en diferentes países del mundo.

En esta nueva realidad no sólo se trata de ir a un lugar bonito, sino de ir a un lugar seguro, y las certificaciones como las que recibió el Ecuador, otorgado por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), quieren decir que estamos listos para recibir turistas. Este Sello de Seguridad Global o “Safe Travels”, identifica a los destinos que lo obtienen como sitios seguros, por aplicar los protocolos de bioseguridad en las actividades turísticas, además de contar con medidas de prevención frente al COVID-19, con la finalidad de que los turistas puedan experimentar viajes con la confianza de ver protegida su salud. El primer organismo en el país que recibió el sello es el Ministerio de Turismo, luego de cumplir con 21 protocolos de bioseguridad que fueron chequeados, avalados y analizados previo a la obtención. El compromiso, sin embargo, es de todo el sector turístico y de todos los actores de la cadena de valor.

El certificado que otorga el WTTC es uno de los más importantes a nivel mundial porque garantiza que ir a determinado espacio no supone un tema de contagio. En Europa hay todo un movimiento haciendo un llamado a realizar turismo rural; aquí también se debe empezar a fortalecer la industria pequeña: las fincas, las haciendas, porque en este momento, justamente, todas las visitas que se realicen al aire libre representan menor riesgo de contagio que un lugar cerrado. En Ecuador, algunas operadoras de turismo están trabajando en vender paquetes de “escapadas de fin de semana” y ofertan movilización en pareja. Por ejemplo, se concentran en Guayaquil y los llevan a un destino de máximo cuatro horas al aire libre, en donde se disfruta de alojamiento, servicio de alimentos y bebidas y un entorno natural cuidado y con facilidades para su disfrute. Esto es una buena iniciativa y algo en lo que se debería seguir trabajando.

Por su lado, la Prefectura del Guayas presentó su plan de reactivación del turismo post-Covid-19 que incluye, entre otras cosas, obtener esta certificación de la WTTC para la provincia del Guayas y fortalecer dos cosas: el agroturismo y el turismo fluvial. La provincia del Guayas tiene ríos maravillosos que no se están usando para nada más que mirarlos y cuyo potencial es altamente aprovechable. Con este tipo de acciones se intenta levantar a los emprendedores más pequeños de la cadena de valor del turismo. Generando algo de burbujeo económico. Para esto se requiere un cambio en las costumbres de consumo de los ciudadanos, quienes debemos entender que no hay sólo hay que salir al cine o a un centro comercial, como ha sido costumbre y que, con una pandemia de por medio, incluso representa un entorno riesgoso. En su lugar se puede ir a una cascada, una finca, un vivero o a una cancha de fútbol y así, poco a poco, ayudar a reactivar la economía desde el primer escalón.

Hay muchos lugares y espacios destinados a la familia que permiten relajarse con relativa seguridad y confort, pero quienes ofrecen estos servicios, en especial los pequeños emprendimientos, deben ir adaptándose a los cambios que exige la nueva realidad, como por ejemplo los pagos por transferencia, las reservaciones y demás. Los clientes no siempre cuentan con efectivo, por ello hay que brindarles todas las facilidades y esto es parte de la innovación con la que se deben manejar. Para impulsar a los pequeños emprendimientos la ayuda tiene que venir de todos lados, se debería incluir a las cooperativas de ahorro y crédito que son pequeñas, pero que están dentro del sector financiero, a tengan el acceso para realizar diversas operaciones como transferencias o servicios bancarios de manera virtual, aspecto esencial en el que se necesita que la banca privada trabaje al servicio de la sociedad y sobre todo de los más pequeños.

Asimismo, los operadores del mercado tienen que conocer estos atractivos y servicios, que tal vez no sean para los mercados de lujo o extranjeros al que están acostumbrados a tener de clientes, sino que son para un mercado nacional, de turismo interno que tienen intención de gasto, pero no a costos tan elevados. Por ello, deben estar dispuestos a cambiar e innovar su oferta y adaptarla a los nacionales, porque por un lado será casi imposible mantener los mismos precios y, probablemente, tampoco se podrán ofertar los mismos servicios, por la crisis económica. La gobernanza, en sus diferentes niveles, es quien debería brindar asesoría y acompañamiento especializado a los pequeños emprendimientos, que son quienes más lo necesitan. Lo otro, es la responsabilidad que tenemos como sociedad para decidir qué se va a hacer y hacerlo bien, no podemos ser simples espectadores de la reactivación turística, debemos de ser parte de ésta, pero con la responsabilidad que conlleva viajar seguro.

El turismo es un encadenamiento productivo, porque permite sumar el trabajo de diversos sectores: la señora que cose las sábanas para los hostales, la persona que distribuye los desinfectantes, quienes hacen los jabones, los parasoles y más, son una serie de servicios que se van añadiendo. El turismo permite reactivar desde diversos estratos económicos y generar efervescencia. El Gobierno tiene herramientas interesantes para que los informales pasen a ser formales, otra cosa es que hay mucha oferta turística que tiene su lado de informalidad, porque si tiene RISE, no cuentan con registro turístico o no están afiliados al IESS. Por ello, hay que crear mecanismos que sirvan de guía para que los pequeños emprendedores sepan cómo deben actuar y dar facilidad de acceso, por ejemplo, a servicios de salud. Eso sería un gran avance para mejorar el tema de la formalidad de nuestros prestadores de servicios turísticos, porque no son 100% informales. Y no es cuestión de que ellos no quieran, sino que no se cuenta con la facilidad económica para asumir todos los gastos y ser enteramente parte de mencionada formalidad.

Destinos como Loja, que han sido seleccionados como los más sustentables en el mundo en la iniciativa We love cities del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), han trabajado por décadas para obtener este tipo de reconocimientos. Su designación no es una casualidad, es un proceso que ha tomado alrededor de 20 años y empezó por tener un pacto político, entre todos los alcaldes de las últimas dos décadas. Eso ha permitido elaborar un plan de gobierno local orientado a la sostenibilidad no como un fin, sino como un medio, que les va a permitir cumplir con los ejes de la sostenibilidad: ser ecológicamente sustentables, económicamente sostenibles y socialmente responsable con sus habitantes. El momento en que un destino anuncia que es sostenible se refiere a que no es solo bonito, sino que es un destino amigable con el ambiente y es un punto referente a considerar e imitar para iniciar el cambio.

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