Venezuela es una incógnita en los papeles. Solo en los papeles. Nada pasa ahí, pese a toda la represión, los muertos, los heridos, los encarcelados. La comunidad internacional hace poco o nada. Los llamados a respetar la democracia queda en llamados. Venezuela busca una salida de un modelo económico y político que la comenzó a ahogar.
Es un país asfixiado por una alianza bautizada como cívico militar. Los civiles se presentan como la cara democrática ante una comunidad internacional indolente, mientras los militares mandan. Los civiles dicen representar el voto popular, mientras los militares reprimen. Y es como si nadie se diera cuenta. Venezuela vive una dictadura militar. Los demócratas de la llamada izquierda como José Mujica avalan esa dictadura. La dictadura militar más que cívica.
La dictadura militar de Venezuela está disfrazada. Ha servido para anular las acciones desde la OEA y cuantos más organismos internacionales pretendan llamar a respetar la democracia. Es una dictadura militar respaldada por la llamada izquierda de cafetín que en su momento respaldó la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile, o la dictadura militar de Videla en Argentina.
Venezuela vive una dictadura militar. No es una alianza cívico militar como tratan de pregonar los seguidores de Hugo Chávez. Es solo una dictadura militar. La dictadura de los que tienen el poder para reprimir.
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