Aunque la vida cotidiana en Teherán aparenta normalidad, la economía iraní enfrenta una crisis profunda marcada por inflación, sanciones y deterioro estructural.
El hambre global se ha duplicado en la última década, impulsada por conflictos, cambio climático y falta de ayuda internacional, en una crisis que amenaza a millones de personas.
Las advertencias sobre riesgos energéticos comienzan a traducirse en cancelaciones reales de vuelos, elevando inquietudes sobre abastecimiento y vulnerabilidad logística.
El CEO de Goldman Sachs advierte que la incertidumbre política y la volatilidad en redes sociales pueden desencadenar muy pronto una recesión en Estados Unidos, con las consiguientes consecuencias para la economía mundial.