El gobierno de China ha elevado la presión sobre Venezuela para que cumpla con el pago de una deuda que, según estimaciones, alcanzaría los US$20.000 millones y que fue contraída durante los años de mayor cooperación entre Pekín y el chavismo. La exigencia marca un cambio significativo en la relación entre ambos países, históricamente caracterizada por créditos blandos y acuerdos estratégicos en el sector energético.
Durante más de una década, China financió a Venezuela mediante préstamos respaldados por petróleo, convirtiéndose en uno de sus principales acreedores internacionales. Sin embargo, el colapso de la producción petrolera venezolana, sumado a la crisis económica y a las sanciones internacionales, ha dificultado el cumplimiento de esos compromisos.
De acuerdo con analistas, Pekín busca ahora asegurar el retorno de sus inversiones y reducir su exposición financiera en un país con alta inestabilidad política y económica. La exigencia de pago se produce en un momento en que el gobierno venezolano enfrenta severas limitaciones fiscales y dificultades para acceder a financiamiento externo.
El endurecimiento de la postura china también es interpretado como una señal para otros países de la región: China estaría revisando su estrategia de financiamiento en América Latina, priorizando proyectos más rentables y reduciendo el apoyo a gobiernos con alto riesgo de impago.
Relevancia para Ecuador:
La situación es relevante para Ecuador, que mantiene relaciones financieras y comerciales con China, ya que evidencia un cambio en la política crediticia de Pekín hacia la región y refuerza la necesidad de una gestión responsable de la deuda externa.
Foto de portada: Xi Jinping, presidente de China, durante una declaración oficial.
Crédito: Europa Press
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