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Los rostros de la infamia


Juan Tibanlombo
Dialoguemos EC
miércoles, enero 9, 2019
Es grato saber que Ecuador no está más alineado con ese discurso más que añejo, vil. Que a los venezolanos les corresponde salir de la dictadura nadie lo discute, pero Ecuador no podía seguir siendo cómplice de una desgracia llamada chavismo, porque Venezuela siempre se podrá reconstruir después de ese esperpento

El Presidente Lenín Moreno finalmente despejó las dudas que había en los corrillos diplomáticos sobre cuál será la posición de Ecuador ante la ilegítima posesión en Venezuela de Nicolás Maduro, un personaje que se aferra al poder con uñas y dientes porque eso de vivir como rey a costa del hambre de los venezolanos le gusta, mientras millones son obligados al exilio a sobrevivir cómo sea en países que les son extraños.

La protección internacional de los derechos humanos, es una obligación legal y ética, no es una intervención en asuntos internos de otros países, dijo Moreno. Una tesis compartida por la mayoría de democracias del mundo que ve con repudio el continuo deterioro de las condiciones de vida de los venezolanos, mientras una élite que dice pertenecer al pueblo derrocha lujos en el exterior.

El chavismo ha llegado a las más viles bajezas para impulsar un supuesto proyecto político, que de proyecto político no tiene nada. Es solo un modelo donde unos conservan el poder ad infinitum para gozar de privilegios que nunca hubieran soñado tener en la vida real con trabajo honesto.

El chavismo intentó replicar su modelo en todos los países de la región. A su favor tenia los petrodólares para financiar campañas electorales de manera ilícita. ¿Quién no recuerda el maletín con $800 mil dólares que intentaron meter en la Argentina del kirchnerismo? Hugo Chávez a todos los miraba por debajo del hombro, porque él era el hombre del dinero y se creía con poder sobre sus pupilos, llámese Kirchner, Lula, Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa, porque él solo se inclinaba ante los Castro, por ese sueño de la dictadura perpetua.

Durante una década, Ecuador vivió bajo la sombra de Chávez. Todo era justificado. El primer fraude de Maduro, tras la prolongada muerte de Chávez, fue festejada como un triunfo de la democracia; los atentados a los derechos humanos tras las sangrientas represiones, como conspiraciones de la oligarquía; la escasez de alimentos, como una guerra económica de las empresas que casi no existían en Venezuela, porque todo el aparato industrial fue desmantelado por una burocracia chavista corrupta que no tenía ni idea de cómo se administra una empresa.

Es grato saber que Ecuador no está más alineado con ese discurso más que añejo, vil. Que a los venezolanos les corresponde salir de la dictadura nadie lo discute, pero Ecuador no podía seguir siendo cómplice de una desgracia llamada chavismo, porque Venezuela siempre se podrá reconstruir después de ese esperpento.

Y una de las mejores formas de rendir homenaje a los millones de víctimas del chavismo es no votar ni de lejos por quienes defendieron esa dictadura; por quienes decían que ese gobierno, que hace de la corrupción parte de su cotidianidad, era un ejemplo de democracia. No hay que darle votos a la corrupción. A quienes desean volver a enquistarse en el poder para hacer creer que los corruptos son honestos.

 

 

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