Desde que la administración Trompista está al mando con su economía de guerra, los Estados Unidos de Norteamérica están en crisis: económica, social, política, ambiental e internacional. Pero, sobre todo, una crisis moral y humana. Todo es guerra.
Una crisis que trasciende lo económico
El pueblo estadounidense sobrevive todos los meses a la guerra interna de la inflación aumentada, empleo escaso, seguridad ciudadana en caos (ICE), seguridad social cambiante, los sin hogar aumentan, los ladrones de tiendas (shoplifters) son más, los jóvenes afectados por la droga (fentanilo) siguen en aumento. Es decir, una sociedad con riesgo social y económico increscendo.
El conflicto político frente a la emergencia social
En estos casos, la situación demanda atención de emergencia, como un paciente en condición crítica, pero los políticos siguen su camino sin mirar lo que pasa a su alrededor, como las mulas. Ellos se pelean, cabildean, manipulan y se dan el lujo de cerrar la operación del estado porque no llegan a acuerdos entre ellos. Es como que los médicos, ante un paciente de emergencia, en condición crítica, discutieran su situación y la posible alternativa sin ponerse de acuerdo. El paciente sin atención oportuna se muere, mientras ellos se pelean por quién tiene la razón. Una guerra de poder.
La expansión de la lógica de guerra
Mientras esta situación caótica avanza, en mi criterio, las fuerzas militares y todo su andamiaje de guerra también avanzan y mucho más rápido. Primero, fue la guerra arancelaria, y el apoyo a Ucrania. Luego, la guerra contra los migrantes, ilegales o no. Inclusive, en ocasiones, han sido deportados solo por su apariencia. Más luego, guerra al narcotráfico y cae Venezuela y, ahora último, la guerra por el petróleo con Irán y, de pasito, entra Cuba también. ¿Alguien más?
Al interior de EEUU, el Congreso y el Senado se debaten por lograr acuerdos y no cerrar el estado. La sociedad expuesta no comprende el porqué. Es decir, no pagan salarios, ni aportan recursos a los proyectos sociales. Mientras tanto, al exterior, se despilfarra los recursos en movilización de equipamiento de guerra, pertrechos, armamento, municiones, soldados y combustibles para mantener la guerra contra Irán, Cuba y cualquier otro país que esté en su mira. La conectividad tecnológica requiere de servicios digitales para el uso de armamento digital. Esto también cuesta.
El gasto militar aumenta sin parar. Según una noticia de France Telecom 24, del día 20 de marzo de 2026, el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo ha presentado un estudio donde se remarca el gasto militar. Los cinco países más vendedores de armas son EEUU con 42%, Francia 9,8%, Rusia 6,8%, Alemania 5,7% y China 5,1% haciendo un total del 70% del comercio mundial de armamento. En EE.UU. el gasto va a empresas contratistas del estado (RTX, Lockheed Martin y General Dynamics, cuyos accionistas son empresarios, banqueros, fondos de pensiones, entre otros) que, solo en el último año, han gastado aproximadamente 200 mil millones de dólares. En el otro lado de la moneda, la sociedad es quien sufre y paga, en último caso, ese gasto. Guaooo.
El costo social del gasto militar
Inentendible para un ciudadano común. Pero para los políticos empresarios de la economía de guerra, está clarito. Estos son seres especiales, creo que no son humanos. Son especiales, indolentes, sinvergüenzas, apátridas. Ni les va ni les viene el sentir ciudadano, lo que importa es la empresa, los accionistas, los réditos, los contratos permanentes y, por eso, gastan mucho dinero en cabildeo, en el andamiaje político.
Desde inicios de año, en EE.UU., el precio de los alimentos -fruto de la subida arancelaria- está por los cielos. El precio de la gasolina, por la guerra con Irán, ha subido un 40%, en una semana. Los alquileres un 25%, las unidades de vivienda un 35%. Todo. Todo ha subido. Los precios tienen una tendencia alcista muy fuerte. En los próximos meses habrá personas que no podrán pagar su hipoteca y perderán su casa, engrosando los sin hogar.
Muy difícil para el ciudadano común que depende de un salario, es muy complejo su estado de sobrevivencia. Para el empresario es complicado también por el incremento de costos y reducción de demanda. Pero el político empresario se llena sus bolsillos gracias a la economía de guerra. Se seguirá embolsicando recursos, tanto como dure la guerra. Ellos no tienen un límite.
Una sociedad que paga las consecuencias
¿Y la sociedad y sus necesidades? Se postergarán. Las políticas públicas no están hechas para resolver sus necesidades. Por eso, es impresionante ver en las calles de las ciudades grandes a: los sin hogar, a los shoplifters, a los drogadictos, deambulando sin rumbo fijo. Tal y como sucede en nuestros países latinoamericanos, ni más ni menos. Todo porque los políticos y empresarios buscan tener un poco más de poder. Es completamente inentendible ese afán desmesurado de poder.
Los vientos del cambio soplan, necesitamos una tormenta de vientos que sacuda el andamiaje y remuevan esa estructura para que colapse de una vez y podamos surgir mejores de los escombros, construir sociedades más humanas, menos conflictivas y tener una vida buena para todos.
Foto: El aumento del gasto militar contrasta con el deterioro social que enfrentan amplios sectores de la población en las grandes ciudades (imagen tomada de la web).
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