El desarrollo de hábitos que ayuden a resguardar lo que hace y le sucede al ser humano a lo largo de su vida -desde tempranas edades- es una propuesta inspirada en la observación -a pretexto de la asistencia al V Congreso Iberoamericano de Investigación sobre MIPYME realizado en Medellín, noviembre de 2025- de una de las reuniones entre jóvenes que, como parte del fortalecimiento ciudadano, en Medellín lo llevan a cabo a través de las acciones clave enmarcadas en el programa denominado “Cantera Medellín” que, como propósito esencial, busca fortalecer las “capacidades para la vida” de los más jóvenes y, a su vez, a través de espacios culturales dar oportunidad a que puedan ser conocidos aquellos que tienen talentos artísticos.
En este marco, como actividades previas de “Cantera Medellín”, ha ido emergiendo una de ellas relacionada a la realización de talleres pro desarrollo de esas capacidades que, a los jóvenes, les permitan afrontar con mayor fuerza los desafíos que van surgiendo en un mundo lleno de cambios rápidos y escenarios en donde la preparación, a través de capacitación y formación actitudinal, juega un rol clave.
Una de esas capacidades se vincula con el fortalecimiento de valores que, pedagógicamente, significa entrar al mundo de aquellos principios que están interiorizados y que, luego, como virtudes -valores en acción- son esos referentes internos que van marcando el cómo las personas deben actuar para lograr los objetivos personales y colectivos que se van trazando para alcanzar una vida personal mejor y, sobre todo, cómo ser actores directos y de gran incidencia en el proceso de transformación de un mundo que, para su sobrevivencia en el tiempo, está a la espera de acciones sinérgicas provenientes de todos los seres humanos que habitan la Tierra.
Llamando a Steven Covey -autor de una de las obras referente para los estudiosos del comportamiento humano intitulada “7 hábitos de la gente altamente efectiva”-, una vez identificados los valores, como siguiente momento del cambio positivo comportamental, hay que convertirlos en hábitos y, para ello, de acuerdo a Covey, primero hay que conocerlos muy bien, luego, desarrollar en las personas capacidades desde el ámbito aptitudinal -habilidades técnicas y profesionales a aprender o aprendidas- para, finalmente, entrar al desarrollo de capacidades actitudinales como medios impulsores del querer hacer lo que está detrás de un valor.
En la actualidad, para desarrollar los hábitos y se conviertan -siguiendo el caso de Medellín- en aquellos que “resguarden al ser humano a lo largo de su vida”, los procesos de formación y capacitación deberán enfocarse por ejemplo a ámbitos como la adaptabilidad y la automotivación que, por cómo evoluciona el mundo actual, son campos que, de acuerdo a estudios de Quacquarelli Symonds (QS) sobre las necesidades actitudinales de las generaciones más jóvenes, están siendo pedidos como medios para ayudar al moldeamiento del carácter humano capaz de enfrentar desafíos personales y sociales que requieren de muchas dosis de “creatividad adaptativa soportada en una actitud mental positiva”.
Como parte del desarrollo de hábitos que resguarden al ser humano a lo largo de su vida, está el impulso actitudinal hacia “trabajar en red” mediante la búsqueda e incorporación a “redes de colaboración” para, con esa adhesión, aumentar el poder de incidencia personal y social como base del aporte a la transformación de la sociedad local, nacional y también global. Para fortalecer esa actitud hacia el trabajo en red, es fundamental que, cómo hábito de vida, desde tempranas edades se enseñe a trabajar en equipo como medio para el potenciamiento de capacidades sinérgicas que se requieren para el logro de los grandes objetivos personales y sociales que, bien encaminados, son la base de la construcción futura de aquella sociedad que sabe convivir de forma pacífica, cooperativa y colaborativa en pro de días mejores vistos desde lo social, económico y medioambiental.
Finalmente, en ese desarrollo de hábitos que ayuden a resguardar la vida de las personas, los procesos de formación y capacitación -como herramienta efectiva para la transformación humana- deben ir introduciendo como mecanismos de aprendizaje continuo, por ejemplo, la extracción y resumen de reflexiones para la acción real futura bajo la figura de “frases fuerza” que se convertirán en esos recordatorios permanentes sobre el qué hacer, por qué hacer y cómo hacer para que, así, los valores, como se resaltó, se conviertan en esos hábitos que, al momento de la acción humana, son requeridos y utilizados como guardianes para que lo que hacen las personas lleguen a feliz término y, de esa forma, los resultados se terminen alcanzando incluso por el nivel promedio superior al esperado.
En definitiva, para la acción y protección sobre lo que hace el ser humano, se requiere de una mixtura entre el aprendizaje concentrado en lo aptitudinal -el que se aprende en un curso y/o probablemente en los libros físicos o digitales- más, principalmente, el aprendizaje acumulado en el espacio actitudinal del comportamiento humano que, por su potencia de incidencia en lo personal y social, además de en los libros se aprenden en la práctica que va ocurriendo a la lo largo de la vida personal, familiar, laboral y de interacción multidimensional humana de las personas.
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