Contra todo pronóstico, pese a la polarización de la campaña electoral y el clima de división social, la jornada del 3 de noviembre en Estados Unidos se desarrolló en paz, con una histórica participación del electorado hasta llegada la noche. Tanto Donald Trump como Joe Biden llamaron a la calma a sus simpatizantes que anunciaban grandes marchas de lado y lado.
La campaña, por el lado demócrata, estuvo centrada en el coronavirus, una especie de plebiscito sobre la administración de Trump. La de los republicanos en cómo reactivar la economía. La sorpresa fue que un tercio de los votantes estadounidenses mencionaron la economía como el asunto que más les importa al decidir su candidato a presidente, según una encuesta a boca de urna de Edison Research.
Solo dos de cada diez votantes dijeron que el problema más importante para ellos es el Covid-19, porque ha infectado a más de 9,4 millones de personas en Estados Unidos y ha matado a más de 230 mil, según el reporte de la agencia Reuters.
Fue una jornada sin sorpresas, hasta en el mapa electoral de Estados Unidos. Los republicanos ganaron en los mismos Estados en los que lo hicieron en 2016, al igual que los demócratas. No fue una disputa entre capitalismo y socialismo, solo entre dos visiones de la democracia.
En fin, no hubo apocalipsis en Estados Unidos, solo otra tranquila jornada electoral, como ocurre cada cuatro años en el primer martes de noviembre.
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