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Cuando la globalización económica parecía invencible, apareció un enemigo invisible (COVID-19)

Wilson Araque
Universidad Andina Simón Bolívar
domingo, abril 5, 2020
Ahora, ojalá, luego de lo que está viviendo el mundo con la pandemia del COVID-19, el mundo reflexione y se vuelva más sensible ante los problemas sociales y medioambientales que requieren de una acción directa y sincera que vaya más allá de la foto y de los rimbombantes discursos, de los cuales la sociedad está cansada y requiere acciones reales de quienes lideran los destinos de los países y del mundo en general

Tal como iba transcurriendo el tiempo y evolucionando el espacio de la vida del mundo, parecía que el proceso de globalización económica mundial era imparable e invencible, en donde todo se quería solucionar con la inteligencia artificial, el internet de las cosas, la quinta, sexta, séptima, octava, novena, etc. revolución industrial; el internet 4G, 5G, 7G, etc., y resulta que, en medio de esos avances, ni siquiera nos habíamos sabido LAVAR BIEN LAS MANOS para estar protegidos de enemigos invisibles como es el caso de virus tipo COVID-19 que, metafóricamente, ni con todos los misiles, portaviones o bombas nucleares, puede ser enfrentado; ya que es invisible y que, para ser vencido, la única forma es aislando socialmente -con todos los sacrificios que eso significa-, de forma obligatoria, a todas las personas del mundo; caso contrario, ese enemigo invisible, es capaz de propagarse a niveles impredecibles y, con ello, colapsar el sistema de salud incluso de las potencias económicas más grandes del mundo.

Además -regresando a la intensificación de la evolución globalizadora-, la velocidad a la que íbamos, como bien lo resaltó el Papa Francisco en la misa para dar la bendición a todo el mundo -realizada el jueves 27 de marzo de 2020-: “No nos dábamos cuenta que el mundo ya estaba enfermo y creíamos que no íbamos a enfermar; enfermo porque transcurría su desarrollo sin atender las necesidades socioeconómicas de los pobres y, además, sin tomar conciencia del daño salvaje que se estaba haciendo a la naturaleza”; es decir, el mundo se volvió ciego, sordo y mudo -a pesar de que lo sabían y sentían las grandes potencias económicas mundiales- en relación a un mundo lleno de grandes desigualdades socioeconómicas y de una serie de actuaciones egoístas y salvajes atentatorias a la integridad del medio ambiente natural, en donde, como se sabe, interactuamos los seres humanos con a los otros seres vivos -animales y plantas-. En definitiva, la insensibilidad es la que venía prevaleciendo sobre lo que debería ser y prevalecer una actitud empática y solidaria que tenga como centro de atención su preocupación por el bienestar de los demás.

Y esta forma de actuar insensible se ve evidenciada cuando, preocupados solo por tomarse la foto de cierre entre quienes presidieron determinado “Encuentro Presidencial”, han dejado únicamente para el discurso los problemas que se acabaron de resaltar. Ahora, ojalá, luego de lo que está viviendo el mundo con la pandemia del COVID-19, el mundo reflexione y se vuelva más sensible ante los problemas sociales y medioambientales que requieren de una acción directa y sincera que vaya más allá de la foto y de los rimbombantes discursos, de los cuales la sociedad está cansada y requiere acciones reales de quienes lideran los destinos de los países y del mundo en general.

También, la coyuntura actual, ha llevado a valorar lo que en circunstancias normales no lo valoramos, como es el caso de la “libertad responsable de acción”, pues, ahora, con las situación de aislamiento social obligatorio, las personas se han visto restringidas de asistir a un determinado lugar o a acatar órdenes gubernamentales por el bien de todos y, así, con esta vivencia, sentir en carne propia la importancia de la libertad -eso sí, la responsable, no la que se asemeja al libertinaje- cuando se llevan a cabo las distintas actividades de orden personal, familiar, laboral y social en general.

Otro aspecto a resaltar, es que, con lo vivido en los últimos días, se ha puesto a prueba una serie de valores del comportamiento humano como: solidaridad, cooperación, colaboración, corresponsabilidad, reciprocidad, gratitud, generosidad, saber compartir; etc., que, ya puestos en acción -en todos los lugares del planeta Tierra-, son los que están permitiendo, aunque sea de a poco, ir enfrentando a esta situación difícil que, sin distingo de raza, nivel socioeconómico, religión o ideología política; está dando sendos coletazos a las bases mismas de un modelo socioeconómico mundial que, si no da un girón de timón, en el futuro volveremos a ser testigos de otras catástrofes quizá en el mismo campo de la salud pública y/o en el espacio de la inequidad socioeconómica o de los efectos que, ahora ya los sentimos, de un clima que por falta de conciencia humana se deteriora y lleva a que, cada día, aumenten los refugiados no solo por temas políticos o de conflictos armados; sino también los refugiados que, debido a los cambios drásticos en el clima del territorio en que viven, les obliga a que busquen lugares que sean más amigables para el desarrollo normal de su vida humana.

Finalmente, va quedando claro que si estas alertas -que se acaban de mencionar- el mundo no hace caso, nos llevará a la desestabilización del normal desarrollo de nuestras vidas, ahora con el COVID-19 ya lo hemos vivido, nos ha hecho ver que somos pequeños y vulnerables frente a situaciones que van más allá de la ciencia y la tecnología. Estamos a tiempo de cambiar la forma como actuamos y logramos una evolución del mundo más equilibrada en lo económico, social y medio ambiental y, así, todos ganen de forma inclusiva y solidaria; erradicando formas de actuación basadas en la actitud egoísta del “comesolito” y pasemos a la actitud basada en la sensibilidad y colaboración colectiva que gira alrededor de quienes expresen una actitud del “ganamos toditos”. Es decir, lo que se está planteando es pasar de una globalización egoísta y “queme importista” a una globalización, en donde todos, gracias a la mayor interconexión, ganemos y sintamos que sí es posible vivir de forma más justa, solidaria, equitativa e inclusiva. El alcanzar ese desafío es COORESPONSABILIDAD de todos quienes vivimos en este nuestro planeta Tierra.

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9 Comments

  1. HIPOLITO MATUTE 13 abril, 2020

    Excelente reflexión sobre la globalización. Ojalá cambiemos a tiempo para evitar una catástrofe ambiental.

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  2. Cecilia 10 abril, 2020

    Excelente artículo, felicitaciones!!!

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  3. Gisela Jimenez 8 abril, 2020

    Felicitaciones Wilson, muy oportuna y relevante reflexion, saludos

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  4. Moshe 7 abril, 2020

    No me parece.
    Nada tiene que ver el capitalismo.
    Ricos y pobres han caído en esta pandemia.
    Se presume que asiáticos no tienen medidas de asepsia, y comen animales exóticos y por eso existen contagios.
    Si dejamos a los comunistas que encuentren la cura para el COVID19 tendríamos que esperar 100 años, si le pedimos a los comunistas que donen dinero para comprar guantes, mascarillas, respiradores, tendríamos que esperar sentados.

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  5. Boris Cornejo 7 abril, 2020

    muchas gracias estimado Wilson por tus aportes, interesantes, como siempre.

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  6. Patricia Jiménez 6 abril, 2020

    Excelente reflexión y llamado a la conciencia.

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  7. Mario Cadena López 6 abril, 2020

    Felicitaciones por éste interesante artículo, lo vamos a difundir. Saludos

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  8. Silvia 6 abril, 2020

    excelente. Un abrazo desde Puerto Rico.

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