Un difícil panorama tiene por delante de sí Alianza Pais en estas elecciones. En cuestión de horas ha pasado de anunciar un proceso electoral limpio, pulcro y transparente a uno fraudulento, con inconsistencias, llenó de irregularidades y con sospechas de fraude. El ejemplo de pulcritud, el Consejo Nacional Electoral, fue metido en el saco de la sospecha. ¿Por qué?
Pasar de victimario a víctima, en política, da réditos y como la segunda vuelta, al parecer, se hace inevitable lo mejor es pasarse al lado de la víctima.
Pero el proceso electoral teñido de sospecha por una de las principales fuerzas políticas del país pone en duda la legitimidad, no de las elecciones, sino de la estructura montada en uno de los rectores de la democracia. Con vocales designados por un organismo creado en Montecristi, con supuestos concursos de méritos.
La idoneidad del CNE fue aplaudida en la mañana y puesta bajo sospecha por la tarde, en un solo día, con pocas horas de diferencia. ¿Por qué?
La respuesta es sencilla, pero aventurarla es difícil porque las centésimas siguen corriendo y porque nunca se había visto en el país, en su vida política de forma tan real, la puesta en escena de la paradoja de Aquiles y la tortuga.
Las distancias no han sido tan infinitas.
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