Cuba atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Los prolongados apagones eléctricos, la escasez de productos básicos y el deterioro de la infraestructura han llevado a la isla a un estado que muchos ciudadanos describen como parálisis.
La crisis energética es el síntoma más visible. Centrales termoeléctricas obsoletas, falta de mantenimiento y carencias de combustible han provocado cortes de luz que se extienden durante horas, afectando la vida cotidiana, la actividad económica y los servicios esenciales.
A ello se suma la escasez de alimentos y medicinas, que golpea especialmente a los sectores más vulnerables. La inflación y la dolarización parcial han generado nuevas brechas sociales. Mientras tanto, la migración continúa en cifras históricas, con cientos de miles de cubanos que han abandonado la isla en los últimos años.
En las calles, el cansancio se mezcla con incertidumbre. Frases como “es el final de la película” reflejan una percepción de agotamiento colectivo ante una crisis estructural que no encuentra salida inmediata. Las autoridades atribuyen parte de las dificultades al embargo estadounidense, pero los problemas internos de gestión y productividad también pesan en el escenario actual.
Relevancia para Ecuador:
La situación cubana es observada con atención en América Latina. Ecuador, como parte de la región, analiza los efectos migratorios y las implicaciones políticas de un eventual agravamiento de la crisis en la isla.
Foto de portada: Interior de una vivienda deteriorada en Cuba, reflejo del impacto de la crisis económica y energética que atraviesa la isla.
Crédito: Marcel Villa / EL PAÍS
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