QUITO — Ecuador enfrenta una compleja situación sanitaria debido a un brote simultáneo de tosferina y fiebre amarilla, que ha dejado más de 200 casos confirmados y al menos siete fallecidos en lo que va del año. Las provincias más afectadas son Esmeraldas, Manabí y Pastaza, donde se han decretado alertas epidemiológicas y se están desplegando medidas de emergencia.
El Ministerio de Salud Pública (MSP) ha puesto en marcha una campaña de vacunación intensiva en zonas rurales y de difícil acceso, enviando brigadas móviles y garantizando el abastecimiento de vacunas a nivel nacional. “El brote se debe, en gran parte, a la disminución en la cobertura de vacunación infantil durante los años de pandemia”, explicó la ministra Ximena Garzón.
Organismos como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y Unicef están colaborando con el gobierno ecuatoriano en labores de vigilancia, logística y comunicación. Además, se han reforzado los controles sanitarios en aeropuertos y terminales terrestres para prevenir la propagación de la enfermedad hacia otras provincias.
Los centros educativos han recibido protocolos especiales, incluyendo chequeos diarios y suspensión de clases presenciales en comunidades con alto riesgo. Las autoridades hacen un llamado a la población para acudir a vacunarse, mantener medidas de higiene y reportar cualquier síntoma como fiebre alta, tos persistente o ictericia.
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