Vestido de camuflajeazul con boina roja, Nicolás Maduro presentó en julio de 2017 las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana, para supuestamente sumarse al combate contra el crimen, contra el terrorismo y contra las bandas terroristas de la derecha, dijo. Sus 641 funcionarios de entonces se presentaron ante Venezuela, algunos de ellos con las caras tapadas.
Dos años después, Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, pidió al Gobierno que “disuelva las FAES y establezca un mecanismo nacional imparcial e independiente, con apoyo de la comunidad internacional, para investigar las ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo en el curso de operaciones de seguridad y asegurar que sus responsables rindan cuentas, así como que las víctimas sean reparadas”.
Nacidas como una unidad de élite en tiempos de Maduro, las FAES se han convertido en “escuadrones de la muerte” o “grupos de exterminio”, según las denuncias que organismos de derechos humanos han remitido al equipo de Bachelet, que así los describe en su informe.
Maduro, sin embargo, la semana pasada aprovechó el día de la policía para dar todo su “apoyo” y gritar “¡que viva el FAES!” mientras prometía varios millones para la policía en medio de la peor crisis de la historia de Venezuela. Esa fue su respuesta al reclamo de la ONU, que no ha podido calcular el número total de ejecuciones extrajudiciales protagonizadas por las FAES.
Un torrente de acusaciones contra los escuadrones que mantienen su ritmo sin pestañear: durante mayo mataron a 126 personas, según los informes policiales estudiados por el diario Tal Cual.
“Nueve personas fueron primero detenidas y luego asesinadas. A veces delante de sus familiares, a veces delante de sus hijos. Actúan con un nivel de crueldad impresionante”, dijo Marino Alvarado, activista de la ONG Provea.
Naciones Unidas recoge su modus operandi: llegan con armas largas en camionetas negras sin matrículas, bloquean los puntos de acceso, siempre vestidos de negro, sin ninguna identificación y con pasamontañas cubriendo sus rostros. Como si fueran los escuadrones de la muerte que azotaron Centroamérica durante el siglo pasado.
“Las familias de las víctimas describieron cómo las FAES irrumpieron en sus hogares, se apoderaron de sus pertenencias y ejercieron violencia de género contra las mujeres y las niñas, incluyendo la desnudez forzada. Las Fuerzas Especiales separaron a los jóvenes de otros miembros de la familia antes de dispararles. Según sus familiares, casi todas las víctimas habían recibido uno o más disparos en el tórax”, destaca el informe de Michelle Bachelet.
A la Alta Comisionada le preocupa que las autoridades usen a las FAES como instrumento para infundir miedo a la población y mantener el control social.
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