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La miseria de Maduro

Juan Tibanlombo (+)
Dialoguemos EC
martes, septiembre 18, 2018
'El habano, el reloj de oro, el banquete, la abundancia de carne, la actitud de sobrado, todo eso viniendo del presidente de la República es inmensamente ofensivo para el pueblo venezolano, que está literalmente huyendo del país por la miseria. El país entero está indignado'
Tiempo de lectura: 2 minutos

Primero se festinó la plata de los venezolanos, la plata del petróleo, de su agroindustria, de su industria para repartirla entre sus leales; entre los hijos e hijas de Chávez; expropió empresas, envió al exilió a productores, ganaderos, a todo aquel que no agachara la cabeza. Reprimió a sangre y fuego las multitudinarias protestas en su contra con la complicidad de unas fuerzas armadas coptadas por el poder de los petro y narcodólares. Se inventó una constituyente para desconocer una Asamblea elegida por una abrumadora mayoría. Asaltó en la práctica el poder. Y habla del pueblo, de los pobres, de la necesidad de la revolución para acabar con los ricos.

Él y su revolucionaria y bolivariana esposa disfrutan en Estambul, mientras en su país desde que se puso en marcha el llamado Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica, se ha convertido en una odisea para sus ciudadanos conseguir carne de res, al igual que la de pollo.

El presidente revolucionario y bolivariano, Nicolás Maduro, apareció en tres videos virales comiendo suculentos trozos de carne servidos por el afamado chef Salt Bae en Estambul. “Esto es una sola vez en la vida”, celebra Maduro junto a su esposa Cilia Flores mientras el cocinero turco Nusret Gökçe, apodado Salt Bae, corta pedazos de carne en uno de sus restaurantes, donde suele atender personalmente a personajes como Leonardo Di Caprio o Cristiano Ronaldo o Diego Maradona. Otro leal de Maduro. “¡Mira, la sal!”, exclama Flores, refiriéndose al gesto característico de Gökçe cuando condimenta la carne ante sus comensales.

En otro video, Maduro fuma un habano extraído de un humidificador personalizado con su nombre inscrito en una placa dorada, mientras recibe una camiseta con la imagen de Salt Bae. En una tercera grabación, Maduro baja unas gradas rodeado de hombres fuertemente armados y abraza a Gökçe: “Nos vemos en Caracas pronto. Gracias, muy bueno, nos vamos muy contentos”. Faltaba más.

 

El escritor venezolano Leonardo Padrón resumió la escena con una minuciosidad de relojero artesanal: “El habano, el reloj de oro, el banquete, la abundancia de carne, la actitud de sobrado, todo eso viniendo del presidente de la República es inmensamente ofensivo para el pueblo venezolano, que está literalmente huyendo del país por la miseria. El país entero está indignado”.

Nicolás Maduro regresó a Caracas el lunes 17 de septiembre tras un viaje sorpresa a China, su principal socio comercial, en donde buscó un crédito por 5.000 millones de dólares. Más hipotecas para Venezuela. ¿Para qué? Para sus grandes comilonas. Para el verdadero festín del petróleo que ha llevado a Venezuela a una hiperinflación de un millón por ciento en 2018 y que ha empujado al 87% de la población a la pobreza. El caldo de cultivo de esos proyectos déspotas.

Esa es la principal razón por la que líderes del socialismo de siglo XXI no pueden con la idea de dejar el poder. Porque desde ahí miran la miseria desde lejos, les apesta, porque solo pueden disfrutar de su propia miseria humana, esa que les hace creerse dioses eternos, porque su miseria humana es infinita.

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