“Despetrolizar la economía” es un mantra. Sí, pero no como muchos entienden. Hay que desarrollar industrias y servicios para que el país no dependa del petróleo. Pero abandonar los hidrocarburos, como propugnan los activistas, es garantizar la quiebra del país. A quienes observan que la economía no está pujante ni hay oportunidades de empleo a pesar de que suben las ventas y baja el riesgo país, les pregunto: ¿cómo votaron en la consulta en que se dispuso el desmantelamiento del campo ITT?
El petróleo ya no es un dínamo, sino un grillete que nos retiene. La producción petrolera declina, las refinerías se caen a pedazos, cada vez hay que importar más combustibles. En enero-abril las exportaciones de hidrocarburos, una vez restadas las importaciones de combustibles, solo fueron de $ 30 millones, algo más que las de harina de pescado.
El nulo currículo económico en los colegios impide a la población atar cabos y percatarse de que el petróleo incide directamente en su bienestar. Con las exportaciones petroleras entra dinero del exterior al país y al fisco y su inversión contribuye al crecimiento. Pero el beneficio del Estado ya no viene por el ingreso de divisas de las exportaciones petroleras, sino por el mayor precio de venta de combustibles en el mercado interno, que es una transferencia del bolsillo de los usuarios a la cuenta única del Tesoro. Con ello se reduce el consumo de los ciudadanos de todo lo demás que no sea combustible; no contribuye al crecimiento. Cuando el país pase a ser importador neto de hidrocarburos, sálvese quien pueda.
En 1992, cuando expiraba el contrato de Texaco con el Estado, Texaco le propuso a Borja un nuevo contrato, en mejores condiciones para el Estado, comprometiéndose a invertir en recuperación secundaria y terciaria. Borja prefirió la reversión y crear Petroecuador. Desde entonces no ha habido inversión de riesgo en esos campos. En esos 44 años la industria petrolera ha hecho gigantescos avances tecnológicos en cuanto extraer mas petróleo de campos antiguos.
El Estado contrata las mejores compañías del mundo en servicios petroleros para que por cuenta de Petroecuador manejen lo campos más importantes, destacándose Shushufindi y Auca. Pero son contratos de servicios, no para inversión de riesgo. Su meta es sacar más eficientemente el crudo conocido, no buscar más petróleo, lo que ofrecía Texaco en 1992. Las autoridades no parecen sentir urgencia de incrementar la producción petrolera. Esto tiene que cambiar.
El único campo importante no comprometido es Sacha, porque en 2009 Correa se lo entregó a Chávez, quien montó una operadora en el país para venderle chatarra de PDVSA y llevarse el petróleo sin invertir. El propio Correa tuvo que recuperar Sacha en 2016.
Se anuncia que Sacha irá a concurso. Sería un error hacerlo solo para perfeccionar la extracción del crudo recuperable. De Sacha –y posteriormente de Shushufindi y Auca– se puede recuperar más del petróleo in situ y encontrar más en el mismo campo. Es lo más rápido que puede hacerse para incrementar reservas y producción. Sacha deberá contratarse con una operadora que gane por participación en la producción de reservas que se descubran, no del servicio de extraer más eficientemente las actuales reservas recuperables.
Foto: El campo Sacha-Bloque 60 está ubicado en la provincia de Orellana. Es operado por Petroecuador.
Crédito: El Universo / Cortesía Petroecuador.
Artículo publicado en EL UNIVERSO el 14 de junio de 2026
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