La forma de hablar de los ecuatorianos guarda una historia de siglos marcada por el encuentro entre culturas.
Un reportaje de The New York Times analiza cómo en los Andes ecuatorianos surgió una variante del español influenciada por el kichwa, una relación lingüística que permanece viva en expresiones cotidianas, mercados, plazas y comunidades.
El artículo destaca que esta mezcla no representa una deformación del idioma, sino una muestra de identidad cultural y adaptación histórica.
El historiador y miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, Gonzalo Ortiz Crespo, ha señalado la importancia de comprender estas expresiones como parte del patrimonio lingüístico del país.
Palabras, construcciones y formas afectivas del habla reflejan una convivencia profunda entre dos mundos que se encontraron y fueron creando nuevas maneras de comunicarse.
El mercado de San Roque, en Quito, es un ejemplo de ese intercambio diario donde el español y el kichwa siguen dialogando.
La llamada “lengua dulce” muestra que un idioma no permanece inmóvil: cambia, incorpora historias y conserva la memoria de los pueblos que lo hablan.
Relevancia para Ecuador:
Reconocer la influencia del kichwa en el español ecuatoriano permite valorar la diversidad cultural del país y entender que la identidad nacional también se construye desde la manera en que hablamos.
Foto de portada: El mercado de San Roque, en Quito, es un espacio donde el español y el kichwa mantienen un intercambio cultural y lingüístico cotidiano.
Crédito: Karen Toro / The New York Times
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