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Liderazgo en época de crisis

Wilson Araque
Universidad Andina Simón Bolívar
sábado, junio 20, 2020
En el caso del Ecuador, como ya nos lamentamos, ese activo intangible llamado confianza -ingrediente que hace que los otros requisitos del liderazgo se lubriquen y funcionen interactivamente- es el que, con mayor fuerza, se ha ido perdiendo a lo largo de los meses de la cuarentena, ya que, cuando empiezan a surgir -de manera imparable- los hechos de corrupción con una curva que crece exponencialmente y no se aplana para nada, la gente dice: “yo, ya no creo en nadie, me dicen que me quede en casa -sacrificándome- y los gobernantes aprovechándose y enriqueciéndose, eso no es justo”

En el campo del comportamiento humano se tiene claro que, para que una persona sea considerada como líder, debe cumplir una serie de requisitos: experiencia y conocimiento sobre lo que hace; habilidades para relacionarse con la gente, demostración con hechos reales de tener visión de futuro y, sobre todo, ética en sus acciones que, al final, es lo que le permite ganarse la credibilidad de la gente con la que trabaja y, así, con todo el equipo, conseguir los objetivos organizacionales propuestos y compartidos.

Lamentablemente, pensando y trasladando -lo que se acaba de decir- a los momentos del Ecuador de hoy -con una compleja crisis tridimensional: sanitaria, económica y social-, lo que en mayor grado se ha ido deteriorando es “la capacidad de liderazgo de los gobernantes”; siendo, una de las causas principales la cadena interminable de hechos de corrupción -a nivel del gobierno central y los gobiernos locales-, de los cuales, quienes terminamos siendo afectados, en última instancia, somos los propios ciudadanos, ya que, cuando impera la corrupción -en donde, por doble vía, participan actores públicos y privados-, lo que más se deteriora es la confianza en los gobernantes que, en momentos de crisis, son los grandes llamados a ponerse al frente y de forma transparente y firme dar las directrices para que la gente, sobre la credibilidad en el mensaje recibido, les crea y apoye lo que se le está pidiendo hacer para, sinérgicamente, se puedan lograr potentes resultados colectivos.

Un buen ejemplo de liderazgo en épocas de crisis -del cual salen importantes aprendizajes-es el trabajo realizado por Jacinda Ardernprimera ministra de Nueva Zelanda-; en donde, sobre la base de la confianza acumulada y demostrada con hechos reales de épocas anteriores, fue capaz de transmitir a la población neozelandesa un mensaje fuerte solicitándole que, para combatir al covid-19, era necesaria la actuación conjunta entre el gobierno y cada habitante del país; pero claro, para que ese mensaje se convierta en acciones ciudadanas de corresponsabilidad, fue fundamental la imagen de credibilidad que respaldaba su discurso y acción –coherencia entre la palabra y sus actos– construida -desde antes de la pandemia- como ese gran activo que aumenten las posibilidades para que la gente le crea y le siga y, así, de forma conjunta, lograr batallar frente al enemigo invisible (covid-19).

En el caso del Ecuador, como ya nos lamentamos, ese activo intangible llamado confianza -ingrediente que hace que los otros requisitos del liderazgo se lubriquen y funcionen interactivamente- es el que, con mayor fuerza, se ha ido perdiendo a lo largo de los meses de la cuarentena, ya que, cuando empiezan a surgir -de manera imparable- los hechos de corrupción con una curva que crece exponencialmente y no se aplana para nada, la gente dice: “yo, ya no creo en nadie, me dicen que me quede en casa -sacrificándome- y los gobernantes aprovechándose y enriqueciéndose, eso no es justo”.

De ahí, frente a ese deterioro de la variable más sagrada de las relaciones humanas -la confianza-, el futuro del direccionamiento de un territorio se vuelve más difícil, ya que en crisis -como la actual- es fundamental el apoyo corresponsable y disciplinado de toda la población, pero para ello, como ya se dijo, se requiere de altas dosis de credibilidad basada en hechos reales y, no, simplemente, en palabras o en videos impresionantes que dicen lo contrario a lo que se vive en la vida diaria en donde “los gobernantes y sus panas de la argolla de la corrupción” hacen de las suyas pensando, egoísta e inhumanamente, en sus bolsillos y no en el bienestar de toda una sociedad que, en medio de la incertidumbre de la crisis sanitaria, espera que alguien le ayude y pueda salir adelante en un entorno lleno de nubes oscuras que parece no desaparecerán rápidamente.

 

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3 Comments

  1. Importante el análisis que se hace en este artículo. Y me atrevo a decir que tenemos desconfianza en “todos y en todo”, y digo que la confianza inicia en el seno de la familia, cuando un padre o madre “ofrece” a sus hijos, por ejemplo un paseo y luego incumple, está generando desconfianza y mucho más si el hijo, hija, observan que por parte de sus progenitores hay actos de corrupción, como solicitar cambio de calificaciones para que apruebe el año, entre otros que debemos cuidar. Felicitaciones Dr. Wilson Araque y a la UASB, la formación de masa crítica no ayudará a disminuir la corrupción.

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  2. Julio Bustos Burbano 22 junio, 2020

    Muy interesante su propuesta esencial al tratar la confianza como un activo intangible. Concuerdo plenamente con la tangibilidad que tiene, junto a la su enorme debilidad y deterioro, pese a ser la variable más sagrada de las relaciones humanas.
    Sin embargo, me permito complementar que la fuerza y vivencia de este activo ha sido, desde los orígenes, reconocida y hermanada con la esperanza. Por tanto la confianza es tan frágil como la tela de una araña.(Job 8:14). Significa, además, ” tener fe “.
    La confianza y la fe van siempre unidas. Todo empieza con tener fe en uno mismo y fe en los demás. Confiar es saber que lo vamos a conseguir y por tanto confiar es creer, muchas veces creer sin ver. (https://ined21.com/)

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  3. Jose Iturralde 22 junio, 2020

    Muy interesante, y ver como la falta de esta característica principal que debería tener un gobernante, se contagia a todas las demás funciones y dependencias del estado… La falta de liderazgo se sienten en todo el país, en lo político, social y económico. Es difícil para los funcionarios públicos tener frente a las instrucciones públicas administradores poco capaces para realizar las funciones encargadas

    Pienso que esto afecta a los niveles de rendimiento, lo.cual es sumar un grano de arena más a los inmensos problemas q ya venimos afrontando

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