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Economía y Política en tiempos de Covid en Ecuador

Leticia Orcés Pareja
Universidad Casa Grande
miércoles, mayo 6, 2020
El planteamiento de reducir la masa salarial del Estado va a requerir una readaptación laboral y emocional del funcionario público, pero el ser humano tiene una inmensa capacidad para aprender, desaprender y reaprender y hoy debemos aprovecharla para adaptarnos a los cambios que demanda el nuevo escenario mundial

Un artículo del New York Times dolió a Guayaquil. El artículo, publicado el 23 de abril del 2020 y titulado “Ecuador’s Death Toll During Outbreak is Among the Worst in the World”, sugiere que la cantidad de muertos en Ecuador, a causa del coronavirus, es 15 veces mayor a las que se publican en cifras oficiales. El autor muestra con el debido sustento periodístico cómo el virus se expandió de manera incontrolable en la ciudad de Guayaquil, describe la ansiedad de los médicos desbordados frente a las escenas de miedo, dolor y horror que se vivía en los hospitales de la ciudad a principios del mes de abril y explica el caos causado en las morgues y cementerios frente a la incapacidad de las familias de enterrar a sus seres queridos. Sumado al análisis de Fernando del Rincón en CNN en semanas anteriores, muchos coinciden y se entristecen al percibir que la imagen de Guayaquil y del Ecuador se ha visto afectada en el exterior.

El artículo del New York Times refleja la situación vivida en Guayaquil hace pocas semanas y presenta la descripción que hace el Presidente de la República, Lenín Moreno, de un país paralizado económicamente no solo a causa de la pandemia, sino también por la caída de las exportaciones, la ruptura del principal oleoducto de petróleo y la creciente deuda externa.

A inicios del mes de mayo el escenario ya es diferente. El Presidente de la República anuncia la disminución de la expansión del virus, que es visible en el menor número de contagios y de personas fallecidas. Los esfuerzos del gobierno en el manejo de la crisis sanitaria están surtiendo efecto.

La crisis económica, sin embargo, continúa. El necesario aislamiento provocado por el covid ha tenido como consecuencia el cierre de muchos negocios y su consecuente pérdida de empleos. Pronto podremos enfrentar un problema social grave.

¿Será esta incertidumbre sanitaria una oportunidad para reinventar las políticas gubernamentales? ¿Cuáles son las propuestas actuales?

El Ministro de Finanzas anuncia que el Ecuador recibirá recursos de organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial, así como financiamiento de países como China. Si bien el apoyo que logre el gobierno de los organismos multilaterales será útil para inyectar en la economía la liquidez que necesita, deberá, tal vez, aceptar condiciones como reducir la masa salarial y los gastos públicos improductivos. ¿Iniciará el gobierno un estudio serio al interior del sector público para identificar qué gastos están siendo improductivos o si existen empresas u organismos estatales que no presten los servicios para los que fueron creados?

Reincorporar a funcionarios públicos al sector privado no es sencillo e implica indemnizarlos y capacitarlos para aprender a emprender; aprender cómo crear su propio negocio u otro tipo de actividad. Diversos centros de capacitación, centros de emprendimiento y entidades de educación superior podrían colaborar con el gobierno en el diseño de cursos que motiven a algunos empleados públicos a crear otras formas de ofrecer productos y servicios en esta nueva etapa de la era digital.

El planteamiento de reducir la masa salarial del Estado va a requerir una readaptación laboral y emocional del funcionario público, pero el ser humano tiene una inmensa capacidad para aprender, desaprender y reaprender y hoy debemos aprovecharla para adaptarnos a los cambios que demanda el nuevo escenario mundial.

¿Qué hay detrás de las condiciones que imponen los organismos multilaterales? Desde su perspectiva, existe hoy toda una estructura pública burocrática que es muy costosa y vive de los impuestos de toda la población. Estas estructuras del Estado central (sea éste unitario o federal) pueden reproducirse a nivel de los gobiernos locales y seccionales.

Preguntas importantes guían estos planteamientos: ¿Cuál es el rol del Estado? ¿Cuál es el rol del mercado? ¿Qué debe quedar fuera de las leyes del mercado? El debate Estado versus mercado o la discusión de la esfera pública y la esfera privada tiene muchas aristas y complejidades.

Desde una visión liberal es muy poco lo que el Estado puede hacer eficientemente en relación a lo que cada individuo puede aportar. Es la suma de los esfuerzos individuales o de los intereses particulares lo que produce el crecimiento y desarrollo de una nación, lo que crea el “bien común”.

¿Qué debe hacer, entonces, el Estado? Debe garantizar el interés general, hacer aquello que aporte al bienestar de toda la población en un territorio determinado. Debe, por ejemplo, asegurar la seguridad nacional (o supranacional en el caso de estados unificados), debe proveer la infraestructura necesaria e incentivar la actividad privada en todos los sectores: empresarial, comercial e incluso en lo social y educativo. ¿Cómo debe ser el Estado? ¿Cuál debe ser el tamaño del Estado? El Estado debe ser pequeño, fuerte y eficiente. Debe tener la fortaleza necesaria para que los intereses individuales no afecten al interés general.

Veamos la otra cara de la moneda. ¿Qué es el mercado, quiénes lo conforman? El mercado somos todos. Todos formamos parte de la oferta y la demanda; todos compramos bienes y servicios, todos vendemos u ofrecemos bienes y servicios, sean estos comerciales, industriales, agroindustriales e incluso sociales, educativos y de salud.

¿Hay bienes y servicios que pueden quedar fuera de las leyes del mercado? Depende, todos y ninguno. ¿Cuáles son los límites del Estado y cuáles son los límites del mercado?

La crisis sanitaria que vive el mundo de hoy nos ayuda a responder estas preguntas. Hay bienes y servicios como la alimentación y la salud que en tiempos de covid deben llegar a toda la población. Estos servicios se vuelven indispensables, y sí, pueden salir por un tiempo (pero no indefinido) de las leyes del mercado por seguridad nacional, es decir, para asegurar el bien común. No importa a quién pertenezca un supermercado o un mercado municipal; no importa a quién pertenezca un servicio de salud (hospital, laboratorio clínico, farmacias, entre otros). La pertenencia deja de tener importancia en épocas críticas y lo esencial es la prestación del producto o servicio a toda la población.

Es lo que está sucediendo en el Ecuador durante esta pandemia. Los intereses individuales se están sumando para proveer lo fundamental: alimentación y salud. ¿Cuál ha sido el rol del Estado a nivel nacional y local? Garantizar que la alimentación se distribuya y que la epidemia no repunte. ¿Cuántas personas ha necesitado el Estado ecuatoriano para lograrlo? El Estado ha aportado a la seguridad con reglas claras de movilización, con multas fuertes en casos de desobediencia civil, obligando a la población al necesario aislamiento frente a una pandemia aún poco conocida.

Ese es el tamaño que requiere el Estado, ser fuerte, eficiente y con reglas sencillas y claras; ese es el tamaño del mercado, intereses privados que se suman para lograr el bien común. La política y la economía también pueden reinventarse en tiempos de covid en Ecuador. El incremento de impuestos o la búsqueda de mecanismos legales para utilizar recursos que corresponden a la población ya no son viables.

Los ecuatorianos saldremos fortalecidos de esta crisis, seremos más solidarios, más conscientes del daño que la humanidad ha hecho al ambiente, seremos más reflexivos y menos impulsivos. Habremos comprendido la importancia de un abrazo a la distancia, de lo crucial que es la conexión, así sea virtual, en medio del aislamiento. Saldremos a un mundo que se transforma y al que tendremos que readaptarnos y reaprender a vivir con nuevas incertidumbres. Saldremos también a una economía devastada, en la que muchos han perdido sus empleos, sus negocios o sus socios. Todos habremos perdido familiares, colegas y/o amigos, habremos comprendido la fragilidad del ser humano y habremos sufrido.

Como Guayaquileña no quisiera que perdamos la libertad de aprender y de emprender. No quisiera que perdamos al Guayaquil de antaño, libre, emprendedor y solidario, dispuesto a dar la vida por su país cuando lo cree necesario.

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