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¿Y si miramos a Japón?

Juan Tibanlombo
Dialoguemos EC
miércoles, abril 22, 2020
El ejemplo no es China, ni el default o no default de Argentina ni Trump ni Bolsonaro. La hoja de ruta está en aceptar, como personas, que vivimos en una nueva normalidad y transitamos hacia otra nueva normalidad, pero siempre con el respeto a las libertades civiles que incluye el entender que somos parte de una sociedad

La movilidad se ha incrementado en un 16,5% en Quito y 17,7% en Guayaquil. Son precisamente las ciudades con el mayor número de personas contagiadas con el Covid-19. La ministra de Gobierno, María Paula Romo, encargada de hacer la actualización diaria de las cifras sobre el avance de la pandemia así como de las acciones para mitigar su expansión, ha recalcado que en esas ciudades y otras del país existe un movimiento, no solo de vehículos, sino también de personas, muy superior al permitido.

La alta concentración de vehículos en la entrada al Puente de la Unidad Nacional registrada el lunes 20 de abril encendió las alertas. Pero lo mismo ocurría en Quito, en lugares con alta densidad poblacional tanto al norte como al sur de la ciudad. Y no solo por el alto flujo de personas, sino por el incumplimiento de las medidas de aislamiento dictadas por las autoridades sanitarias.

En la actualidad existe un toque de queda que va desde las 14:00 hasta las 05:00, en las nueve horas restantes la circulación está restringida para los carros particulares según el último dígito de la placa con el fin de que puedan circular solo un día a la semana para abastecerse de alimentos, medicinas entre otros productos de primera necesidad.

Desde el inicio de la cuarentena, el Gobierno comenzó a entregar salvoconductos para las personas obligadas a movilizarse en sus autos particulares, en los días no permitidos, en casos de emergencia o porque trabajan en las áreas de alimentos, seguridad, servicios sanitarios y financieros, sector de la exportación…, consideradas estratégicas en esta cuarentena decretada por la emergencia sanitaria. Más de dos millones de salvoconductos fueron entregados a personas naturales y jurídicas. Pero la excepción había comenzado a ser la regla entre personas que tienen autos, que no necesariamente necesitan sobrevivir del día a día del comercio informal, de quienes si no trabajan no comen en el día.

Cientos de personas eran notificadas, no solo en Quito y Guayaquil, por movilizarse en días no permitidos en sus vehículos particulares y por sospechas en el uso de sus salvoconductos. La cruda realidad. Ahora todos esos permisos, entre comillas, quedarán sin vigencia durante esta semana y deberán tramitarlos con nuevas reglas, más estrictas.

Los esfuerzos de millones de personas por cumplir las medidas de aislamiento pueden quedar en nada porque la corresponsabilidad ciudadana en esta emergencia sanitaria está en duda. El apelar a la disciplina de Corea del Sur o Japón parece un absurdo, porque la gente tal vez desconoce cómo se administra la crisis en naciones tipo Nayib Bukele, acostumbrado a ordenar el arresto o el confinamiento de miles de salvadoreños.

En El Salvador, la Policía y el Ejército tienen potestad, gracias a Bukele, para detener a cualquier persona en la calle y llevarla a un centro de reclusión, obligada a cumplir cuarentena en condiciones de hacinamiento e insalubridad, según las denuncias de organizaciones de Derechos Humanos.

Human Rights Watch ha denunciado que Bukele ha promovido el uso excesivo de la fuerza y la ejecución draconiana de las medidas ordenadas por su Gobierno, con comentarios en las redes sociales y en sus cadenas nacionales. Eso ha incentivado a los agentes a cometer abusos y dar una respuesta policial desproporcionada.

La historia de Bukele se parece a la de Wuhan, en China. El gobierno de Xi Jinping ha sido acusado de ocultar información sobre la desgracia en su país y expandirla al mundo sin previo aviso. Y de hacer pagar a sus ciudadanos por su irresponsabilidad. Lo que ocurre con todos los autócratas y sus aprendices latinoamericanos.

¿Ecuador necesita endurecer sus medidas de confinamiento? Tal vez sí. ¿Y dar un respiro a la economía con todas las medidas de seguridad disponibles? Sí.

La llamada izquierda ve en China el ejemplo de cómo contener la pandemia y algunos intentaron poner de guía a Cuba y hasta reclamaron pedir la cooperación de Venezuela como medidas eficaces para combatir la pandemia, aparte de expropiar empresas que producen. Otros, los que son felices con las ilusiones de las redes sociales, incluido un futbolista ecuatoriano, ven en Bukele, el aprendiz de Hugo Chávez y los Castro, el nuevo perfil del líder latinoamericano.

En las democracias todavía nos queda apelar a la corresponsabilidad ciudadana en emergencias como la actual, sobre todo entre las personas que pueden cumplir las medidas de aislamiento, pero deciden moverse en sus vehículos porque consideran que esa corresponsabilidad no es con ellos.

Los gobiernos tipo Bukele, Castro, Ortega, Chávez Correa, Morales… siempre serán efímeros, hasta los de tipo Putin. La historia se encarga de ponerlos en su lugar, en unos casos, y el hastío en el plazo más inmediato.

El ejemplo no es China, ni el default o no default de Argentina ni Trump ni Bolsonaro. La hoja de ruta está en aceptar, como personas, que vivimos en una nueva normalidad y transitamos hacia otra nueva normalidad, pero siempre con el respeto a las libertades civiles que incluye el entender que somos parte de una sociedad, que el otro, el desconocido con quien nos cruzamos en la calle, es igual de importante que nosotros.

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