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La crisis y el liderazgo

Pablo de la Torre Neira
Universidad Andina Simón Bolívar
miércoles, abril 29, 2020
Si llegamos a posiciones que requieren tomar decisiones de magnitud, cuyo impacto abarca a gente, organizaciones, comunidades o un país, debemos estar atentos, consientes y honestos para hacer lo mejor, para dar lo mejor de nosotros

Dicen los antropólogos y los psicoanalistas que en las circunstancias adversas se conoce a las personas y sus acciones, si son conscientes y honestos o no, si tiene desviaciones sencillas o fuertes. Si se dejan llevar por la premura o por el efecto político, a riesgo de poner en duda su ética y sus valores. No tienen la habilidad para parar, pensar, evaluar, decidir y actuar. Deben calibrar su brújula o hacerle caso a esa voz interna, a esa sensación o sentimiento. Cada uno le puede llamar como quiera, pero ella (brújula) nos ayuda mucho a enrumbarnos, a meternos de nuevo en la línea correcta, y tener la sabiduría de volver sobre lo actuado. Ella nos devuelve al camino correcto, a la conciencia plena para hacer y decir, lo que debemos hacer y decir. Nada más y nada menos que como un almirante en un navío en medio de una tormenta. Por ello no todos podemos ser marinos y peor ser almirantes y dirigir una nave.

Cuando estamos en crisis, seguramente estamos bajo presión, estamos bajo estrés y nos urge definir el paso a seguir, buscamos a ella (brújula), a esa habilidad para poner claridad en nuestra mente, definir la ruta a seguir, evitar cometer errores, o reaccionar equivocadamente y causar afectaciones o daños a quien no debemos. Pero, ¿qué pasa si no tenemos esa brújula? Simple, actuaremos a medida de las circunstancias, sin claridad de lo correcto, sin una ruta clara sin la conciencia plena y con posibilidades de apartarnos de nuestra ética, de nuestros valores y podríamos caer en la tentación de desviarnos y no ser honestos. ¿Y si teniendo brújula, no tenemos conciencia, ni ética, ni valores? Seremos políticos, pero honestos no seremos.

Si llegamos a posiciones que requieren tomar decisiones de magnitud, cuyo impacto abarca a gente, organizaciones, comunidades o un país, debemos estar atentos, conscientes y honestos para hacer lo mejor, para dar lo mejor de nosotros. Si hemos alcanzado esa posición y no podemos hacerlo, hay que ser honesto y decirlo, podría ser mejor dar un paso al costado permitiendo que quien tiene la habilidad asuma esa posición. Es muy honesto de nuestra parte aceptar que no podemos o que no tenemos la habilidad para hacerlo. Recuerdo a mis amigos del barrio cuando íbamos a jugar futbol, hacernos coches de madera, a preparar el año viejo. Cada quien escogía la posición en que era bueno, defensa o delantero, nadie quería jugar de arquero. Es decir asumíamos la responsabilidad para desempeñar la función en la que éramos buenos, en las actividades que eran de nuestra competencia, de habilidad. Solo a veces asumíamos el riesgo de jugar de arquero, pero advirtiendo que podía pasar lo peor.

Durante mis años como consultor senior del Banco Interamericano de Desarrollo, auspiciante del Programa Sectorial de Transportes en el Conam, enfrentamos momentos y eventos cargados de mucha presión. Momentos en que la ética y la conciencia debían ayudarnos a ser trasparentes y honestos, en línea con nuestros valores.

Uno de los temas trascendentales fue la decisión de construir un nuevo aeropuerto internacional para Ecuador, que cumpla con todos los estándares internacionales de seguridad de operación, los existentes no lo hacían. Técnicamente existían opciones posibles, unas mejor que otras y otras meramente políticas. Muchas ciudades querían ser escogidas. En la Costa, en la Sierra, en ambas, en el medio. Como es característico de los políticos abundaron las propuestas y la presión política o mejor dicho la obstrucción política.

Con ayuda de expertos competentes y sobre la base de los datos, se escogieron dos, Quito y Guayaquil y entonces la presión se volvió peor. Quienes estábamos al frente resistiendo con responsabilidad, decidimos que el momento no era político sino más bien ético, técnico y de mercado. Que los que sabían mucho más que nosotros, nos dieran luces. Así fue, se abrió un proceso internacional totalmente claro y transparente para que expusieran, sobre la base de las estadísticas presentadas, su preferencia para la inversión. Se presentaron 12 empresas de diversos países, once para Quito y una para Quito y Guayaquil. Listo, se hace en Quito y se revisa el de Guayaquil. Pero los políticos no desaprovecharon el proceso y mientras la Comisión de los Nuevos Aeropuertos trabajábamos a puerta cerrada, se contactaron con los representantes y les exigieron un pago por calificar (Esto lo supimos luego, cuando entregamos el informe justificando la calificación de todas las empresas que presentaron propuestas). La imagen del país muy pobre, los técnicos desmotivados, los políticos cumplieron su propósito, no les importaba el país.

¿Por qué señalo este proceso? Porque la situación actual es muy similar, a mi modo personal de verlo. Empezando por la ética, no existe, la conciencia no tienen, la honestidad no sirve, no tienen brújula. Existe solo la visión política. El caso de la Presidencia del IESS es patético. No solo que les falló el intento de comprar con sobre precio, sino el nombramiento, la renuncia con piola, el desaparecimiento del Director, la confiscación de 400.000 mascarillas en Aduanas, la segunda renuncia (tiempo para cubrir todo), la aceptación y lo que es peor el nuevo nombramiento. Solo hay que seguir el hilo del ovillo. De Gobernador del Guayas, a la CFN, al Banco del Pacífico, a Seguros Sucre, CNT, a la Empresa Coordinadora de EPs, a Sercop, a Director de la Task Force para la gestión de cadáveres y finalmente a Presidente del IESS. Increíble realmente increíble, todo un personaje. Antes habíamos presenciado algo muy similar con el señor Granda, no es cierto?

Lo más grave de todo es que se replica exactamente el modelo correista. Un ministro tuvo muchos nombramientos durante la década pérdida. Muy similar, casi cortado con la misma tijera, como dice el dicho. Entonces me pregunto ¿Por qué?, ¿cuál es el interés de mantenerlos a estos personajes en todos lados y en ninguno?, ¿existe una agenda oculta o un contubernio?, ¿tienen algún lazo o compromiso preestablecido?, ¿no son los mismos correistas? Entonces mi brújula funcionó. Claro son los mismos y siguen haciendo lo mismo, con el mismo fundamento, con el mismo propósito.

Debemos recordar que en la década perdida se modificó el modelo jurídico administrativo para permitirlos hacer todo lo que quisieron, que de paso lo hicieron. Un verdadero atraco al bienestar de los ecuatorianos. Los juicios de los que somos testigos nos proveen de información directa. Bajo este modelo populista actual no existe campo de maniobra para ningún Ministro de Economía, ergo para un Presidente con honestas intenciones. No hay recursos, no hay petróleo, no hay inversión, no hay producción, no hay crecimiento, no hay desarrollo, no hay conducción, no hay liderazgo, no hay un norte claro y encima pandemia incluida.

No veo claridad de pensamiento, no veo mesura para poner orden, no veo dureza para imponer las medidas, no veo compasión sino más bien empatía (típica de los populistas), dos cosas diferentes. Compasión es cuando haces algo para aliviar el sufrimiento de otros, pensando en el país. Empatía es cuando asumes el sufrimiento de otros y ambos salen perdiendo, el país pierde. El país necesita compasión y no empatía.

La restructuración parte desde las bases, desde la estructura misma. Los cimientos no son iguales para edificaciones de dos pisos o de seis o más. Debemos cambiar el modelo jurídico administrativo con normas claras, procesos transparentes y acuerdos honestos. Así construiremos más pisos, más espacios, más habilidades, más oportunidades para los ecuatorianos. No cambiarlo es como querer meter a más gente en los mismos dos pisos (populismo). No, debemos construir más facilidades para crecer, cambiar el modelo facilitaría la tarea no a este gobierno, sino más bien a todos los que vendrán y especialmente al futuro de nuestro país.

Necesitamos un verdadero líder, uno que no sea egocéntrico, no sea ineficiente, que no tenga agendas ocultas, que no use la empatía. Más bien que tenga mente ágil, tranquila, clara, que cuente con su brújula de valores, que sea ético, generoso, transparente, enfocado, con coraje, con compasión y mucha fuerza. Como dijo el Presidente Sixto Durán Ballén, “Ni un paso atrás.” Una vez que se toman decisiones se las mantiene, porque está seguro del análisis realizado y del propósito.

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