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¿Guayaquil vive una especie de apocalipsis por el coronavirus?

viernes, abril 3, 2020
Ya teníamos ciertas restricciones para importar, ahora con mayores restricciones fitosanitarias afuera y mayores controles en los países receptores de nuestras exportaciones lo lógico sería volver los ojos a la agricultura sostenible y orgánica

En Guayaquil, lamentablemente la cultura ciudadana no ha contribuido a controlar esta pandemia desatada por el coronavirus en todo el mundo. Es la ciudad que más casos registra a escala nacional. No importa si es norte, sur, centro, este u oeste, hay personas que no asumieron con disciplina su responsabilidad para evitar los contagios masivos. A eso se suma el hecho de que no todo el mundo tenía o tiene el acceso a los test rápidos o completos para detectar el Covid.

Esa fue la primera causa para que muchas personas que no se sabían portadoras del Covid-19 caminarán por la calle en medio de aglomeraciones y contagiaran a otros. Luego del ciclo normal del virus la gente comenzó a enterarse de la magnitud del problema sanitario porque fue testigo de muchas muertes que se fueron multiplicando y crearon otro problema.

¿Qué sucedió para llegar hasta esta especie de psicosis? En todo el tejido económico y social hay cadenas adheridas. Por ejemplo si hay muchos muertos en una ciudad las primeras beneficiadas, en términos económicos, deben ser las funerarias, que a su vez necesitan cofres y así sucesivamente. El coronavirus primero colapsó el sistema de salud de Guayaquil y Guayas en general por la gran cantidad de muertos. Eso desembocó en un aumento de la demanda de funerarias que pronto se vieron sobrepasadas en su capacidad.

Se aseguró que en Guayaquil estaba en marcha la construcción de fosas comunes para enterrar en los muertos. Pero todo quedó en un anuncio. Por el contrario ahora comenzaron a utilizar los contenedores refrigerados, son como bodegas con los cadáveres que ya no alcanzan en las morgues.

Como la gente no podía enterrar a sus muertos, pensó que la mejor manera de deshacerse del cadáver, al no tener los recursos económicos suficientes ni el apoyo del gobierno seccional, era quemarlo en la calle. Eso expandió el foco infeccioso. Ante eso, las autoridades salieron a decir que no había necesidad de quemar los cadáveres para evitar dejar focos de contagio, sino que también podían ser enterrados.

Cuando la información que entrega una autoridad no es clara y tampoco se evidencia en un hecho concreto lo que se logra es generar zozobra en la ciudadanía. Por ejemplo, se aseguró que en Guayaquil estaba en marcha la construcción de fosas comunes para enterrar en los muertos. Pero todo quedó en un anuncio. Por el contrario ahora comenzaron a utilizar los contenedores refrigerados, son como bodegas con los cadáveres que ya no alcanzan en las morgues.

Por fin las autoridades, por intermedio del gobernador de Guayas, Pedro Pablo Duart, indicaron que la proyección, si no se hace nada para evitarlo por parte de las autoridades y de la ciudadanía, será de entre tres mil a tres mil quinientos muertos por el coronavirus solamente.

La masificación de la redes sociales como Facebook, sobre todo, e Instagram ha permitido la producción de muchos videos virales, desde los escabrosos hasta los de humor negro como ese donde aparece un cuerpo cubierto con una sábana en la calle que se levanta cuando la gente se acerca.

Esos videos comienzan a llegar hasta noticieros serios y eso es lo que se transmite de la ciudad puertas afuera. No se transmiten muchas noticias positivas como la decisión de ciertas alcaldías de fumigar las ciudades en las noches para que los principales puntos de concentración estén 100 por ciento limpios.

En términos alegóricos se podría decir que hay un grave problema sanitario en Guayaquil, con problemas de comunicación desde las autoridades locales y nacionales, que ha sido magnificado por las redes sociales con esos videos virales.

Toda esta serie de elementos, sumado al folclorismo y demás, envía una imagen al mundo: Guayaquil vive una especie de apocalipsis. ¿Cuál es la consecuencia? Quien quiere estar a salvo simplemente se aleja del apocalipsis. Eso explica por qué la gente de otras provincias que no quiere viajar a Guayaquil. Los comerciantes prefieren evitar el ingreso a Guayas.

En términos alegóricos se podría decir que hay un grave problema sanitario en Guayaquil, con problemas de comunicación desde las autoridades locales y nacionales, que ha sido magnificado por las redes sociales con esos videos virales.

La situación es hoy un poco diferente. En sectores populosos de la ciudad la gente respeta las filas, con la distancia recomendada y las mascarillas puestas, para comprar en una tienda o en una farmacia. Es decir, ahora se ve un poco más de orden. La gente ha tomado conciencia porque ya no se muere el que vemos por la televisión, sino un pariente cercano, el papá de un amigo…

Pero es necesario recordar que en este tipo de situaciones la gente reacciona inmediatamente ante cualquier información. El solo anuncio del gobernador de Guayas hecho el 1 de abril de que pediría cuarentena total durante tres días provocó que el jueves 2 de abril, desde muy temprano, las filas en los supermercados fueran interminables, porque la gente entró en pánico.

La teoría de las expectativas racionales en economía dice que si alguien anuncia lo que va a hacer y no lo hace pueden ocurrir hechos como las aglomeraciones afuera de los supermercados.

Solo con la pandemia la oferta mundial ya está deprimida. En términos generales, el comercio mundial terminará sumamente afectado en 2020 y tal vez hasta el tercer trimestre del 2021. Los gobiernos tendrán que aplicar una política fiscal expansiva para estimular el consumo, aparte de medidas complementarias como apoyar a las empresas.

El Gobierno finalmente no decretó ninguna cuarentena, pero ya la gente, presa del pánico compró todo lo que podía y eso va a provocar que el reabastecimiento sea más lento.

Esto lógicamente tiene sus secuelas en la parte económica. Solo con la pandemia la oferta mundial ya está deprimida. En términos generales, el comercio mundial terminará sumamente afectado en 2020 y tal vez hasta el tercer trimestre del 2021. Los gobiernos tendrán que aplicar una política fiscal expansiva para estimular el consumo, aparte de medidas complementarias como apoyar a las empresas.

En el caso de Ecuador, a esto se suma ese mal mercadeo con videos que se han hecho virales y han saltado a la comunidad internacional. Los importadores de cualquier país pueden pensar que los contenedores provenientes de Ecuador podrían estar con algún tipo de infección y, por lo tanto, seguramente tomarán nuevas medidas de protección en cuanto a estándares de calidad e higiene, de procesos en los productos que básicamente son primarios. Eso significa un incremento en los costos de exportación.

Son costos que deberán asumir los exportadores para sacar sus productos a otros mercados si quieren sobrevivir. Por ejemplo, los socios comerciales de Ecuador le podrían pedir una certificación de productos 100 por ciento libres de coronavirus. Más barreras.

El sector exportador ya siente esa presión en algunos sectores como el camarón y el banano que seguramente repercutirá en la balanza comercial… Las cifras oficiales medirán el real impacto.

Ya teníamos ciertas restricciones para importar, ahora con mayores restricciones fitosanitarias afuera y mayores controles en los países receptores de nuestras exportaciones lo lógico sería volver los ojos a la agricultura sostenible y orgánica donde los productos no pasan por un proceso químico y son más fáciles de colocar en otros mercados.

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