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Explicar a un ciego el color azul

Fernando Balseca
Universidad Andina Simón Bolívar
lunes, marzo 9, 2020
Cardenal buscó unificar ciencia y poesía, misticismo y ciencia, misticismo y revolución. Para él, la certeza de que un orden unificador subyacía el universo lo animó a intentar ser consecuente con la lección cristiana de dar de comer al hambriento, vestir al desnudo y dar vivienda al que no la tiene

El sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (1925-2020) ha muerto el domingo pasado legándonos una de las obras poéticas más asombrosas de nuestro tiempo. El arte verbal de Cardenal ha sido considerado poesía revolucionaria enmarcada en la Teología de la Liberación y en la poesía conversacional, y puede que así sea. Pero también es muchísimo más. Ordenado sacerdote en 1965, el 2 de junio de 1956 Cardenal había experimentado un éxtasis místico –un estado alterado de la conciencia, más allá de todo lo reconocible por la razón o el lenguaje– que definió el curso de su vida.

De ahí se explica su ingreso en la Orden de la Trapa, su formación sacerdotal en Colombia, su politización en el archipiélago de Solentiname, su paso como ministro de Cultura, su entrega a los procesos de alfabetización colectiva, su tutoría poética a niños con cáncer, su arte escultórico: todos los actos de Cardenal están iluminados por su opción mística. Convencido de que el ser humano participa directamente de la esencia de Dios, Cardenal se hizo revolucionario por amor al Reino, como una forma de concretar la unión amorosa con Dios, en un esfuerzo por armonizar espiritualidad y justicia social.

El de Cardenal fue un misticismo que no lo alejó del entorno inmediato, sino que lo empujó para compenetrarse con la historia. Luce López-Baralt cuenta –en El cántico místico de Ernesto Cardenal (2012)– que le inquirió sobre las circunstancias de esta experiencia mística, y que Cardenal le dijo: “Sabes bien que no las puedo describir. Es como explicar a un ciego el color azul”. De hecho, en un poema de Telescopio en la noche oscura (1993), una voz que es la de Dios le dice: “No te escogí porque fueras santo/ o con madera de futuro santo/ santos he tenido demasiados/ te escogí para variar”.

Cardenal buscó unificar ciencia y poesía, misticismo y ciencia, misticismo y revolución. Para él, la certeza de que un orden unificador subyacía el universo lo animó a intentar ser consecuente con la lección cristiana de dar de comer al hambriento, vestir al desnudo y dar vivienda al que no la tiene. Versos del pluriverso (2005) trae un Dios que contemporiza con la nueva astrofísica: “Nacidos de ese evento tan improbable/ el Big Bang./ Antes del cual no había luz, ni oscuridad tampoco/ y tampoco tiempo/ y con el cual empezó la evolución./ Dios habrá visto que ‘todo estaba bueno’/ billones de años después”.

“Cardenal es el poeta del amor en el sentido más cabal del término: místico, enamorado y, justamente por ello, defensor amoroso de su hermano lastimado”, sostiene López-Baralt, quien lo considera “el fundador de la literatura mística hispanoamericana moderna y uno de los místicos cristianos más originales de los siglos XX y XXI”: “dentro de cien años recordaremos a Cardenal como poeta místico más que como poeta de compromiso social. O de compromiso social por místico, que acaso sea más adecuado”. Cardenal y su obra nos llaman a imaginarnos en lo que hay más allá de la vida conocida. (O)

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