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El virus de la verdad

César Montaño Galarza
Universidad Andina Simón Bolívar
lunes, marzo 23, 2020
Esta pandemia estresa a los gobiernos, y exhibe, eso sí, “sin photoshop”, al liderazgo político, la situación de los sistemas de salud, la capacidad para aprender de otras experiencias, los niveles de colaboración social

El coronavirus nos enfrenta a una verdad tan contundente como una montaña: los seres humanos somos frágiles y vulnerables, tal cual es un castillo de arena ante las olas del mar.

Nos conmina también a fijarnos en lo prioritario, en cosas verdaderamente esenciales como tener salud, hogar, familia, trabajo, pertenecer a una comunidad organizada y solidaria, contar con información veraz, autoridades comprometidas e instituciones sólidas.

La gravedad del cambio climático, ni la religión más poderosa han logrado sintonizar tanto nuestro sentir como sucede con la emergencia sanitaria actual. Esta nueva y amenazante gripe hace aflorar unas cuantas verdades más.

Como sucede con la peste del insomnio, en Cien años de soledad o, la pérdida súbita de la visión, en Ensayo sobre la ceguera, el covid-19 devela la verdadera naturaleza humana, los instintos y las ilusiones más íntimas que nos animan a seguir. Ahora sabemos más sobre el lado penoso de la globalización, acerca del sentido que debe tener la política pública y sus prioridades, de la existencia de héroes anónimos capaces de arriesgar hasta su vida por el resto, como los profesionales y trabajadores de la salud y la seguridad.

Diremos, además, que esta pandemia estresa a los gobiernos, y exhibe, eso sí, “sin photoshop”, al liderazgo político, la situación de los sistemas de salud, la capacidad para aprender de otras experiencias, los niveles de colaboración social.

Opiniones y análisis que nos llegan de todas partes hacen colegir que alrededor del coronavirus existen más dudas que certezas, y esta es otra verdad contundente, pues ignoramos cuándo lo venceremos y cómo exactamente retomaremos la vida “normal”.

También es cierto que luego de este impacto, tan brutal como un rayo, debemos abrigar la esperanza de despertar a una nueva época en la cual busquemos la convivencia basada en valores universales, enfocada en cuestiones de fondo, antes que en asuntos e ilusiones insustanciales. (O)

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