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Retos virales, uno de los mayores peligros en la Internet

Cinthya Game Varas
Universidad Católica de Santiago de Guayaquil
martes, febrero 25, 2020
Los retos o los famosos challengers no son propios de niños, ni para adultos, pero los niños y adolescentes que están formando su criterio se contagian de estos temas virales o los adoptan de sus tribus o clanes como se denominan ahora, porque buscan mecanismos para diferenciarse unos de otros. Esos retos tienen que tener un fin, el 'rompe cráneos' tiene implicado antivalores y problemas de convivencia

En redes sociales con frecuencia se presentan retos virales que ponen a prueba las habilidades y la creatividad de los usuarios. Desafortunadamente, no todos los desafíos son inofensivos y lejos de divertir ponen en riesgo la vida de los participantes.

Los retos online para adolescentes bajo la apariencia de simples juegos entre amigos, se convierten en ocasiones en situaciones de enorme riesgo que producen lesiones graves o incluso la muerte.

Uno de los más famosos y temidos es sin duda ‘Momo’, que creó recientemente una gran alarma social por el peligro que suponen estos retos en la red que buscan llegar al máximo número de adolescentes. En teoría ‘Momo’, una mujer de apariencia aterradora invitaba a los menores a escribirla por Whatsapp a un número desconocido, en respuesta recibían imágenes violentas y amenazas. Además del temor ocasionado a los receptores, eran un blanco perfecto para el robo de información, incitar a la violencia, acosar, extorsionar e incitar al suicidio. En esa misma línea otro de los más populares y dañinos fue la ‘La Ballena azul’, un reto que consistía en ir superando pruebas cada vez más peligrosas hasta llegar a la prueba final, el suicidio del participante.

Y en las últimas semanas, un nuevo reto viral es tendencia entre adolescentes de todo el mundo. Se llama el ‘rompe cráneos’ y su nombre lo dice todo. Para cumplir el desafío tres personas cuentan hasta tres para saltar. El objetivo es dejar que dos de los participantes esperen el momento perfecto para meterle una zancadilla al que está en el medio, provocando que este caiga totalmente de espaldas y con el riesgo de golpearse bruscamente la cabeza o lesionarse alguna otra parte del cuerpo.

Este reto ya cobró su primera víctima, una adolescente de 16 años en Filipinas y en nuestro país otro adolescente fue hospitalizado por la misma causa. Varios portales revelaron que el origen de este nuevo juego viral ganó popularidad a través de una red social denominada Tik Tok y se propagó en Instagram, Twitter y Facebook. Lejos de ser un acto de valentía, los especialistas señalan que es un acto de irresponsabilidad, pues además las violentas caídas pueden producir desgarres, fracturas, convulsiones, hemorragias y un daño en el cerebro a largo plazo, como epilepsia.

Los retos o los famosos challengers no son propios de niños, ni para adultos, pero los niños y adolescentes que están formando su criterio se contagian de estos temas virales o los adoptan de sus tribus o clanes como se denominan ahora, porque buscan mecanismos para diferenciarse unos de otros. Esos retos tienen que tener un fin, el ‘rompe cráneos’ tiene implicado antivalores y problemas de convivencia.

Muchos adolescentes tienen libre acceso al mundo digital, no hay filtros tampoco un acompañamientos, por parte de los padres, docentes y/o responsables de ellos. El área psicológica debe enfocarse y sumar todas sus fuerzas en los colegios con estos temas, es decir acercarse más al estudiante para saber cómo piensa, qué siente, cómo está viviendo ese relacionamiento, que no es el virtual sino presencial. Y eso hace que haya una tendencia a buscar espacios en los que ellos se identifiquen y sientan que pueden desarrollar su personalidad y reconocimiento, porque está latente esa necesidad de la juventud de querer ser parte de algo. Y lo primero que debemos entender como seres humanos es que somos parte de una familia y de una sociedad.

Es evidente el problema de comunicación y del tiempo en que se relacionan los adultos y los cuidadores con los niños y jóvenes. Si hay niños que están expuestos a estas redes, indiscutiblemente la parte de relacionamiento de su cuidado está totalmente limitada a un abastecimiento de cosas básicas con una carencia para comprender qué le pasa, qué siente, qué piensa, cómo se siente integrado, cómo se siente con sus diferencias, porque la riqueza de una sociedad es ser diferente, entendiendo esas diferencias no como una desigualdad sino como un respeto. Muchas veces esos valores no se encuentran en ninguno de los espacios de formación de los niños y de los jóvenes, no solo en la escolaridad, sino en los lugares de formación, que a su vez son de intercambio como la familia, los programas de educación no convencional o no formal y las actividades extracurriculares.

Mientras el joven no se acepte a sí mimo, no se conozca, no tenga respeto desde lo más cercano hasta el conglomerado, que es la sociedad puede verse tentado a practicar este tipo de retos. Cuando buscan ser diferentes tienen un modelo, pero ¿cuál es ese modelo? De acuerdo con varios estudios, cuando se les pregunta a los jóvenes, quiénes son sus modelos a seguir, casi que no se identifican con los modelos tradicionales ni actuales, como puede ser alguien que los inspire, por ejemplo un maestro que tiene una actitud diferente y logra cambios, o sus padres. Estos ya no son sus modelos, quizá la comunicación y la rapidez del día a día no les da espacio para compartir con ellos.

Para controlar la propagación de estos retos, las instituciones educativas cuentan con un ‘Código de Convivencia Armónica’, que debe dejar de ser un documento para ser llenado o completado y convertirse en acciones fijas y concretas, que generen una verdadera convivencia, donde todos estén realmente integrados y sepan que el respeto, la solidaridad y todos los valores institucionales y humanos existen en el relacionamiento y la convivencia del día a día.

Los colegios, los padres de familia y los profesores tienen que generar esos espacios dentro de una institución, no solamente cumplir el pénsum y llenar un listado de contenidos, sino también buscar la posibilidad de comprender qué intereses tienen los niños y los jóvenes, e impulsar, por ejemplo, actividades que los motiven y les gusten, no aquellas que se ejecutan de forma obligatoria para cumplir con un cronograma.

Si no existen esos contextos en el espacio en el que se está formando a una persona es muy difícil que pueda tener criterios y es difícil también que sea un padre o una institución coercitiva, en donde al entrar a un colegio se deba poner un cajón para colocar los celulares, porque ni los profesores ni los estudiantes pueden utilizarlos.

El uso de las redes sociales tiene un fin que es entrar en contacto con las noticias o lo que sucede en un contexto llamado sociedad, en un mundo global, pero es necesario diferenciar el tiempo de navegar en redes sociales y el uso de la tecnología. Este último debe tener límites, porque somos humanos y necesitamos el contacto, el relacionamiento, necesitamos utilizar todos nuestros sentidos como el percibir un aroma, o el sentir eso que nos eriza la piel cuando alguien dice algo. A veces cuando se está inmerso en ese medio tecnológico deshumanizamos a las personas, a ello se suman padres poco comunicativos y profesores metidos solamente en el contenido o en su pénsum de estudios, con cargas horarias muy presionadas. Lo que se necesita es equilibrio. Es importante analizar cuáles son los límites que se deben imprimir como familia y los que se deben acordar como institución educativa.

La interacción llegó a otros niveles que la humanidad está aprendiendo a experimentar, pero aún no los tenemos claro. Los padres debemos estar más atentos en escuchar a nuestros hijos y los maestros pensar no solamente en qué es lo que van a enseñar, sino cómo darle una utilidad a eso y compartirlo con las personas reunidas en el aula de clase, que tienen ese interés y deseo de saber para qué aprendo, por qué estoy aquí. Son nuevas preguntas y espacios de reflexión que se deben comenzar a abrir en todos los ámbitos de la sociedad.

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1 Comments

  1. Yvette Yarleque 29 febrero, 2020

    Querida Cinthya,
    Te agradezco el abrir el haber abierto este espacio de diálogo sobre un tema tan importante para padres y maestros, ambos responsables de la educación de niños, adolescentes y jóvenes.
    Los desafíos cibernéticos que movilizan el espíritu impetuoso y sin temores de nuestros hijos y alumnos es otra gran preocupación social a tomar más en serio.
    En mi opinión, estamos cordialmente obligados a acercarnos más, sutil pero firmemente a la vez, e inmiscuirnos en las interacciones sociales de los chicos. HAY QUE conocer a los amigos y padres de los amigos de nuestros hijos; HAY QUE indagar en nuestros alumnos qué tan influenciables son y a qué tipo de personas “hacen caso”.
    Indudablemente, el diálogo abierto y directo sobre estos “challenges” y sus consecuencias negativas, ya viralizadas en la Internet, se impone.
    Más amor, más cercanía, más tiempo, mejor contacto, mejor trato, mejor discurso de parte nuestra, los adultos para y hacia ellos: la población vulnerable hoy por hoy.
    Que Dios nos dé sabiduría y paciencia para prevenir antes que lamentar.
    Un abrazo fuerte.
    Yvette

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