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Los héroes anónimos

Juan Tibanlombo
Dialoguemos EC
miércoles, enero 15, 2020
Hay consecuencias, como la destrucción de unas 300 hectáreas de vegetación, sin tener todavía detallado el impacto sobre la flora y la fauna en el sector

Desde que se detectó el incendio forestal en el cerro Casitagua, ubicado a 10 kilómetros al norte de Quito, la mañana del 14 de enero, el Cuerpo de Bomberos de la ciudad no ha ahorrado esfuerzos en intentar sofocar  las llamas. Primero con un equipo de avanzada de unos 60 hombres, apoyado con 14 vehículos contra incendios y el helicóptero de la entidad. Y ahora con casi todo su contingente, 200 efectivos desplegados en varios flancos con el apoyo del Ejército, de la Policía y otros organismos estatales.

Son hombres y mujeres que no se agotan fácilmente y son parte de un equipo que se ha ido profesionalizando poco a poco para estar disponible las 24 horas del día los siete días a la semana. Personas que ahora trabajan bajo una temperatura promedio de 40 grados en un terreno agreste e irregular con inclinaciones de 50 y 70 grados.

Los servicios que brindan los bomberos a la ciudadanía han ido en aumento, por lo que se hace necesario mayor personal y más recursos para la selección y formación de equipos especializados en atención de incendios, rescate, movimientos en masa, así como paramédicos y operadores de vehículos de emergencia.

Es una institución que se ha ido fortaleciendo y se ha vuelto parte de la columna vertebral de la ciudad, cuyo trabajo se hace visible cuando ocurren desgracias como las del cerro Casitagua en donde las escenas de solidaridad no se han hecho esperar. Personas de la misma comunidad han llegado a las faldas del cerro con botellones de agua y comida para repartir entre el resto del personal que trabaja bajo el fuego.

Ahora se mantienen en brigadas rotativas activas para evitar cualquier peligro sobre la ciudad y sus alrededores, tomando en cuenta que la zona del oleoducto transecuatoriano está a medio kilómetro de las llamas, ya fuera de peligro, según las autoridades.

Hay consecuencias, como la destrucción de unas 300 hectáreas de vegetación, sin tener todavía detallado el impacto sobre la flora y la fauna en el sector.

Son los héroes anónimos que trabajan todos los días para salvar vidas o evitar desgracias mayores.

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