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El triste papel de Correa-Tuárez


Juan Tibanlombo
Dialoguemos EC
jueves, julio 11, 2019
Tenemos una idea de lo que es justo y de lo que es injusto, pero no sabemos cómo definir bien qué es exactamente justo o injusto, decía Jean-Luc Nancy. De seguro Tuárez y el expresidente tienen empatía en su noción de lo injusto. Lo injusto para ellos es que nadie se moviliza para defenderlos

Suponer que un deslegitimado Consejo de Participación, pese a su corta existencia, y formado con el más mínimo de votos del padrón electoral, vendrá ahora a devolver el poder al expresidente Rafael Correa dibuja el triste papel actual del correísmo que sostiene todas sus esperanzas, para crear caos y provocar una Asamblea Constituyente, en un cura que se dice cura, pero luego dice que no es cura.

Suponer que alguien va a librar una gran batalla por defender a unos vocales desconocidos, que poco han hecho en la vida pública real, es no entender la realidad política en la que Correa abandonó el poder. No lo dejó en 2017, sino mucho antes de ese 30 de abril de 2010, cuando ya pasó a ser un cadáver insepulto de los que tanto hablaba, uno que recurrió a la represión y a consejos transitorios para afianzar un poder autoritario, con cero reconocimiento popular, humillado muchas veces por Jaime Nebot, hasta el cansancio, asentado más bien en una propaganda 24/7 y un sistema de espionaje con muchas falencias en realidad.

La imagen de la sesión del Consejo del señor Tuárez y compañía, en la que pretendieron revisar los nombramientos de los jueces de la Corte Constitucional, es bastante triste en realidad. Tuárez sin alzacuellos y con corbata roja; los nombres de los consejeros en los soportes en posición vertical a la posición del consejero para que los capten las cámaras de los medios de comunicación a los que el señor Tuárez tanto dice despreciar, al igual que el señor Correa. Papeles y papeles, en plena revolución 5.0, en archivadores que tanto despreciaba Kafka, que seguramente nunca fueron leídos. Bolígrafos y libretas. Una imagen tal vez digna de la revolución cubana en decadencia o de la revolución de Nicolás Maduro y compañía.

Triste el papel del señor Tuárez y el del señor Correa que creen poder incendiar el país. Ahí no hay outsider ni nuevo ni viejo. No hay más que un intento del señor Correa de usar la religión para recuperar algo de popularidad, pese a llamarse heredero de Eloy Alfaro. El viejo luchador seguramente debe estar revolcándose en su tumba.

Tuárez y Correa intentan agitar las aguas en un riachuelo, su riachuelo de megalomanía. Al menos el expresidente ya se puso al nivel de Tuárez, el que le corresponde, mientras las investigaciones sobre una trama de sobornos imperfectamente montada avanza. Tan imperfecta que fue descubierta en pocos años. Al menos Odebrecht alcanzó a constituirse en una multinacional gigante con su propio Departamento de Sobornos.

Tenemos una idea de lo que es justo y de lo que es injusto, pero no sabemos cómo definir bien qué es exactamente justo o injusto, decía Jean-Luc Nancy. De seguro Tuárez y el expresidente tienen empatía en su noción de lo injusto. Lo injusto para ellos es que nadie se moviliza(rá) para defenderlos.

1 Comments

  1. Jefferson 12 julio, 2019

    ustedes hacen cagar de la risa…. NO VAYA A SER QUE ME LES MEE COMO DIJO EL #MATRACA «VEN PA MEARTE INSECTO ( POR SU PERIODISMO ) HIJPAAAA

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