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‘Educar bien a un hijo también implica que aprenda a manejar sus espacios solo’


Jimena Babra Gilbert
Universidad Casa Grande
domingo, mayo 12, 2019
Gran parte de mi experiencia es el resultado de mi propia vivencia como hija: también soy hija de una madre profesional y docente universitaria. Mi mamá no podía estar todo el tiempo, pero estuvo siempre que yo la necesité.

Es un desafío muy grande para la mujer actual combinar distintas actividades y que todas funcionen. Para ser profesional, docente, madre de famiia, esposa, hija, tienes que ser polivalente y multiplicarte para hacer todo y hacerlo bien.

De mi experiencia, puedo asegurar que sí existen formas de manejarlo pese al estrés. Lo primero que se debe es hacer es aceptar que no se puede tenerlo todo: como mamá hay que admitir que las cosas no son perfectas, hay sacrificios y dificultades para todos, sin embargo, de todo se aprende y eso deja buenas lecciones incluso para los hijos.

Yo me he enfocado particularmente en un trabajo en el que tengo mis priodidades claras con respecto a mi familia y con respecto a mi trabajo.Mis hijos saben que son lo más importante en mi vida, no obstante, saben que tienen su espacio y sus momentos.

Muchos madres y padres de familia sentimos que nuestro deber es estar junto a ellos siempre, pero no necesariamente. Creo que debemos estar en el momento en el que nos necesiten. Debemos anticiparnos a varias cosas que ocurren en la vida de los hijos pero no signifca estar presentes todo el tiempo. Nadie nos enseña a ser madres y padres pero el rol es enseñarles a nuestros hijos a vivir sin nosotros. Los padres quisiéramos que nos necesiten siempre pero, en realidad , hay que enseñarles a tomar decisiones correctas cuando uno no está.

Gran parte de mi experiencia es el resultado de mi propia vivencia como hija: también soy hija de una madre profesional y docente universitaria. Mi mamá no podía estar todo el tiempo, pero estuvo siempre que yo la necesité.

Por lo tanto, el concepto de calidad de tiempo es valioso y real. Cuando estoy en casa, hay momentos para todo: en la noche cenamos juntos, podemos ver TV juntos y otros en los que cada uno tiene su espacio. Cuando tenemos un viaje familiar hacemos un listado con las cosas que cada uno quiere hacer, entonces a veces me toca ir a un estadio a ver un partido de fútbol y mis hijos me han acompañado a un museo. Todo el tiempo estamos en una negociación: así como yo hago cosas por ellos, ellos lo hacen por mí

Hay varias cosas que han cambiado. Cuando yo era niña, la autoridad la tenían los padres y los profesores porque ellos tenían el conocimiento. Uno de los cambios producto de las nuevas tecnologías –sin querer satanizarlas- es que los chicos tienen acceso a mucha información y tienden a rebatir a los padres. Y más allá de eso, por primera vez en la historia, los hijos saben más que los padres en determinadas áreas, por ejemplo, tecnología.

Sin embargo, el respeto no se gana necesariente siendo amigos de los hijos. Tengo una relación muy buena con ellos, pero no significa que les doy gusto permanentemente. Mi rol no es ser su amiga, mi rol es criarlos para hacerlos seres humanos de bien, no solo entretenerlos.

Los padres nos vamos ganando el respeto. Si antes era muy común recurrir a la imposición, incluso a través de abusos físicos, creo firmemente en el poder del diálogo: la gente se entiende hablando y los padres negociamos todo el tiempo.

Si vas a ser una madre que trabaja, la planificación es fundamental. Hay que trabajar con horarios, tener cosas a la mano y saber delegar responsabilidades a niños y jóvenes, de cosas que pueden hacer, y al círculo de apoyo: abuelas, tías. La calidad de tiempo te permite estar más conectada con la vida de los hijos.

Finalmente, las cosas que hacemos por nuestros hijos tenemos que hacerlas con amor. Los hijos deben de tener claro que son la prioridad de los padres, pero también necesitan aprender a valorar y respetar el tiempo de los demás.

Educar a un hijo bien también implica que aprendan a manejar sus espacios solos; un rol de padre es enseñarles a ser autosuficientes para que, cuando vengan a pedir tu ayuda, ellos tengan la certeza de que van a contar contigo. Si, por el contrario, se educa a un hijo para depender de los padres y que no puedan mover un dedo sin su aprobación, se está limitando al hijo, discapacitándolo.

Como mamá de Alejandra y Roberto he tratado de demostrarles mi inmenso amor empoderándolos a hacer las cosas por sí mismos, teniendo la certeza de mi apoyo incondicional.

 

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