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¿Cómo se vive el amor y el desamor con la intermediación de las redes sociales?


Teresa Borja
Universidad San Francisco de Quito
jueves, febrero 14, 2019
Los manejos sociales van aparejados con la tecnología y las redes sociales crean el mismo tipo de emociones de siempre: celos, envidia, ira, curiosidad… No es que hoy, al haber mayor exposición pública debido a las redes, el dolor sea mayor de lo que pudo ser antes.

El amor es un conjunto de emociones muy humanas y no hay diferencia en las experiencias de amor entre esta época y épocas anteriores; es una experiencia universal común, que cruza historia y cultura.

Hoy en día existen a la mano interesantes tecnologías donde la experiencia amorosa se expresa. Si antes se esculpía en una piedra, se elaboraba una poesía o se traducía en la literatura o en imágenes, ahora la persona se comunica de una manera rápida mediante la tecnología que aporta a las expresiones de amor.

Los solitarios ya no necesitan salir a la calle en búsqueda de otros que puedan ser objeto del amor y que puedan responder con amor. A través de las redes sociales están buscando imágenes, frases, historias de vida que puedan percibir: el afán de todos es mostrarse para que otros los vean, el afán de buscar y encontrar; es ahí donde empieza la interacción con alguien más.

En realidad, lo que varía es el medio de contacto, lo que ha cambiado es la forma de encontrar y ser encontrado. Si ahora las parejas postean fotos juntas, antes había anillos; se hacían invitaciones para formalizar una relación haciendo público el compromiso: de enamorados se cambiaba a novios y después a esposos. Siempre hay un mecanismo por el cual las personas expresan esto tan básico: asegurar que no existan terceros que se entrometan en una relación que está en proceso; lo que ha cambiado es el mecanismo para expresar esa misma necesidad.

Lo mismo ocurre con el famoso bloqueo. El espacio virtual, aunque parece virtual es real; el efecto que tiene el bloquear no es otra cosa que la ley del hielo que se aplicaba antes: dejo de dirigirte la palabra, dejo de responderte, dejo de mirarte, me separo, abandono un espacio afectivo. Lo que usas es el medio y es el medio el que cambia, no lo que quieres conseguir: el dolor que siente una persona bloqueada en redes sociales es el mismo dolor que siente cuando le dejan de dirigir la palabra. El perder el acceso y desaparecer de las redes sociales es el dolor de la persona que abandona todo y se va del espacio donde había un vínculo afectivo.

La pérdida siempre genera dolor; entre más ames lo perdido, más dolor se va a generar. Lo interesante en las redes sociales es que se tiene un fácil acceso a mirar la deconstrucción de una relación, abren la posibilidad de que todos los demás vean tu dolor o asuman tu dolor frente a una pérdida. Sin los medios masivos equivale a que tú puedas ver en el parque a tu novio/a con otra persona. En las redes, la inmediatez hace que todos sepamos todo más rápido, pero no significa que duela más, únicamente duele más rápido. Las redes sociales facilitan la exposición social.

Antiguamente se generaban audiencias para expresar un rechazo público, había duelos con armas, a pedradas –y aún existen. Los manejos sociales van aparejados con la tecnología y las redes sociales crean el mismo tipo de emociones de siempre: celos, envidia, ira, curiosidad… No es que hoy, al haber mayor exposición pública debido a las redes, el dolor sea mayor de lo que pudo ser antes.

La superación del dolor de una ruptura va más allá de los mecanismos y de la tecnología. Para ello hay que volver siempre al interior de la persona, la parte afectada que tiene que sanar. Puede haber muchas emociones: ira, vergüenza, tristeza. La superación viene con el reconocimiento de cada una de estas emociones que se deben aceptar como parte natural de la vida.

Las parejas desaparecen de la vida de otras por varias razones: porque se acabó el amor, porque aman a alguien más, porque mueren. Lo primero que debe hacerse ante una ruptura es reconocer que hay dolor, asumirlo, no ir por la vida evitando el dolor, enganchándose en relaciones que no dan satisfacción, consumiendo alcohol o drogas o haciendo ejercicio hasta el cansancio.

Reconocer el dolor es lo mejor que se puede hacer, se puede buscar apoyo en el proceso, llorar, hacer un ejercicio de valoración de lo perdido. Cuando las personas hacen esto empiezan a crear mecanismos naturales de consuelo: a perdonar al otro, a perdonar a la vida, a perdonarse. Es entonces cuando la experiencia cobra valor. El dolor lleva a valorar y la persona comienza a aprender: se da cuenta de que ha cometido errores y busca mejores maneras de relacionarse, de escoger y empieza a crecer y madurar. El proceso de maduración de una persona implica dolor. Cada vez que nos golpeamos, aprendemos

¿El amor solo dura entre dos y tres años?

El amor romántico es una experiencia donde la persona se siente muy fuertemente orientada hacia otra que todavía no conoce y esa sensación de estar apegado de forma incondicional, de una forma relativamente ciega, va cambiando conforme se van conociendo. Mientras más se conocen pueden pasar dos cosas: la decepción o, por el contrario, la realidad de la otra parte tiene un contenido agradable que genera apego. Poco a poco, los involucrados se despiden de la relación idealizada y empiezan a tener un amor real, verdadero.

Las emociones que genera el amor verdadero son menos intensas que las del amor romántico, son mucho más calmadas, más serenas, más tranquilizadoras y permiten hacer cosas más allá de la relación. El amor romántico surge entre individuos relativamente desconocidos y, desde ese punto de vista, tiene un servicio evolutivo. También puede haber parejas que se han conocido de toda la vida y en algún momento surge un deseo sexual. Si hay confianza mutua, esa relación no ha necesitado del amor romántico.

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