En tiempos de celulares, videojuegos y redes sociales, una tradición de papel continúa resistiendo: coleccionar cromos del Mundial.
Cada cuatro años, el lanzamiento del álbum vuelve a reunir a niños, jóvenes y adultos alrededor de una misma ilusión: completar todas las selecciones y conseguir las figuras más buscadas.
En Ecuador, especialmente en ciudades como Quito y Guayaquil, el intercambio de cromos se convierte en un ritual. Centros comerciales, parques, colegios y reuniones familiares se llenan de aficionados buscando esa última figura que falta.
Parte del encanto está precisamente en aquello que la tecnología no puede reemplazar: abrir un sobre, descubrir un jugador esperado y compartir la emoción con otras personas.
El fenómeno también muestra cómo algunas experiencias tradicionales sobreviven porque generan comunidad y recuerdos compartidos.
El álbum mundialista no es solamente una colección deportiva. Para muchos aficionados representa una conexión emocional con la historia del fútbol, la selección nacional y momentos vividos en familia.
Relevancia para Ecuador:
Con Ecuador participando en el Mundial 2026, la expectativa aumenta y el intercambio de cromos vuelve a convertirse en una tradición que une generaciones alrededor de la pasión por el fútbol.
Foto de portada: El intercambio de cromos del Mundial continúa reuniendo a aficionados ecuatorianos y mantiene viva una tradición que supera generaciones.
Crédito: El Universo

