El carnaval es una de las celebraciones más antiguas y extendidas del planeta. Su origen se vincula a festividades paganas asociadas a los ciclos agrícolas y a rituales de renovación. Con la expansión del cristianismo, la tradición se integró al calendario litúrgico como el período previo a la Cuaresma, etapa de recogimiento y ayuno que antecede a la Semana Santa.
En ciudades como Río de Janeiro, Venecia, Nueva Orleans y Barranquilla, el carnaval se ha convertido en una expresión cultural emblemática. Desfiles, comparsas, disfraces, música y danzas tradicionales forman parte de celebraciones que atraen a millones de visitantes cada año. Solo el Carnaval de Río moviliza miles de millones de dólares en turismo, generando empleo en sectores como hotelería, transporte, gastronomía y producción artística.
En Ecuador, el carnaval tiene características propias. En la Sierra, destacan las celebraciones de Guaranda y Ambato, donde se combinan música popular, comparsas, juegos con agua y espuma, y expresiones culturales locales. En la Costa y la Amazonía, también se desarrollan festividades con elementos identitarios propios de cada región.
Más que una fiesta, el carnaval representa cohesión social, transmisión de tradiciones y dinamización económica, especialmente en ciudades intermedias que encuentran en esta temporada un impulso clave para sus economías locales.
Relevancia para Ecuador:
El carnaval es una oportunidad estratégica para fortalecer el turismo interno y proyectar al país como destino cultural. Potenciar estas celebraciones implica no solo preservar identidad, sino generar empleo y desarrollo regional.
Foto de portada: Escena del Carnaval de Guaranda, una de las celebraciones más emblemáticas de la Sierra ecuatoriana.
Crédito: Instituto Nacional de Patrimonio Cultural

