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‘Los desastres son producto de la actividad humana’

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En este último mes Ecuador ha sido golpeado por diversos fenómenos naturales que han dejado destrucción, muerte y en especial la evidencia de lo poco preparados que estamos para enfrentar este tipo de eventos.

El 18 de marzo último, un sismo de magnitud 6,5 se registró en la provincia de Guayas que dejó 14 personas fallecidas, decenas de heridos y daños materiales. También están los daños causados por las lluvias en diversas zonas del país provocando inundaciones y deslaves.  El alud ocurrido en Alausí, el 26 de marzo pasado, dejó varias víctimas, un gran número de desaparecidos, casas e infraestructura vial con grandes daños.

El Ecuador es un país multiamenazas eso significa que tiene volcanes activos, inundaciones, deslaves, sismos entre otras amenazas, a lo que se suman las vulnerabilidades convirtiéndolo en un país de alto riesgo.

A las amenazas ya las conocemos y la mayoría son naturales, los organismos de monitoreo y alerta temprana han desarrollado sus capacidades técnicas y nos han permitido conocer un poco más su comportamiento, también existen otras amenazas de orden tecnológico como son las explosiones, accidentes, incendios etc. y sin dejar la violencia social que también se la considera una amenaza adicional. Pero así como existen amenazas se cuenta con altísimas condiciones de vulnerabilidad y es ahí donde se cierra la ecuación A . V= R, por lo que hablamos que el Ecuador es un país de alto riesgo. Pero definamos lo que es la vulnerabilidad, son aquellas condiciones que están determinadas por factores organizativos, de infraestructura, sociales, económicas, educativas y ambientales que aumentan la exposición del individuo, la comunidad y las instituciones al impacto de las amenazas; por lo tanto, las vulnerabilidades son condiciones generadas por el mismo individuo, por esa razón debe tener la capacidad de reducirlas y en el mejor de los casos, no dejar que se produzcan.

¿Cómo reducir las vulnerabilidades?

Si bien no podemos apagar un volcán, detener un deslave, un tsunami o impedir que se presenten fallas geológicas en la tierra, si podemos intervenir en las vulnerabilidades mediante las acciones de prevención para que los desastres no se generen o se reduzcan los efectos que producen los eventos adversos mediante la mitigación; además,  implementar acciones de preparativos ante probables desastres.

De esta forma rompemos una variable de la ecuación, lo que se traduce en la reducción del riesgo.

En el marco de la reducción de la vulnerabilidad, la prevención es importante porque evitamos que los desastres se presenten o evitamos que existan daños. Un ejemplo clásico es la reubicación comunitaria a zonas seguras, evitar que otros eventos adicionales a desastres se presenten, aquí otro ejemplo característico, las epidemias, pero esta actividad frente a las amenazas naturales es un caso imposible; por lo tanto, debemos de mitigar o reducir los probables efectos de los desastres.

Trabajar en mitigación significa intervenir para atenuar en un cierto porcentaje los efectos que producirían los desastres, es decir, intervenir en reforzamientos de infraestructuras esenciales, como son redes eléctricas y agua potable, edificaciones gubernamentales, hospitales, etc. Para estas acciones de mitigación se requieren amplios presupuestos, decisiones político-técnico oportunas y normativas legales. Es una tarea compleja que a su vez implica reducir los factores de vulnerabilidad ligados a la ineficiencia política frente a la toma de decisiones complejas, las deficiencias educacionales y de formación académica, deficiencias económicas y de corrupción, -considerando a la corrupción como la más grande vulnerabilidad generada por el ser humano, ya que dificulta la plena actuación y disfrute de los derechos humanos-; además, que realza las desigualdades sociales al entorpecer la disponibilidad y gestión eficiente de los recursos de los que un país destina al mejoramiento de las capacidades comunitarias. Y si le sumamos la impunidad y la inseguridad como las principales y más claras causas de corrupción; aunque en la mayoría de los países del mundo se castiga la corrupción, especialmente después de la proliferación de tratados internacionales y del avance en la concienciación política y social de la necesidad de combatirla, existen aún ordenamientos en los que o no se castiga o no se persigue activamente, ahí las vulnerabilidades se agravan; y en correspondencia con lo anterior, los procesos burocráticos lentos e innecesarios, los procedimientos administrativos de alta complejidad, la ineficiencia de las administraciones públicas y privadas resulta una de las mayores causas de corrupción, por lo tanto, las vulnerabilidades se potencializan.

En lo que se refiere a la preparación comunitaria lo hacemos mediante metodologías participativas que modifiquen y dirijan el pensar y sentir de las personas con acciones comunitarias hacia la transformación de escenarios de riesgos a escenarios de desarrollo. Con esto estimulamos la percepción del riesgo. De esa manera, la comunidad en general podrá auto protegerse, adquirirá la confianza necesaria ante situaciones adversas, podrá trabajar en equipo desarrollando el sentido de pertenencia a los grupos comunitarios, en la construcción de planes de respuesta y evacuación, capacidades individuales de las personas en primeros auxilios, prevención de incendios, simulacros, entre otros.

Todos los países deben tener un plan de preparativos y de prevención ante eventos adversos, que debería estar adosado a lo que se llama plan nacional de desarrollo, en consecuencia, los responsables de trabajar la gestión de riesgo son los entes ejecutivos como los ministerios y secretarías de Estado articulados de forma transversal bajo el liderazgo de una entidad de riesgo, que dependa de la máxima autoridad del país, con un marco jurídico amplio para fiel cumplimiento.

Con los eventos suscitados últimamente podemos observar las deficiencias de preparación para enfrentar este tipo de amenazas naturales, desde la prevención. Por la gran cantidad de vulnerabilidades que existen es imprescindible trabajar en la parte legal, científica, económica, técnica, en organización comunitaria y preparación para desastres.

La respuesta que se ha dado a estas amenazas naturales ha sido deficiente, si no hay una buena reducción de las vulnerabilidades, no hay una buena prevención y mitigación de desastres y deficientes preparativos necesarios, la respuesta siempre va a ser deficiente.

Sin embargo, luego de ocurrido un evento de desastre la asistencia es totalmente humanitaria, entregar lo básico a las personas afectadas como son implementos para la higiene personal, medicinas, alimentación, agua potable, brindar atención materna infantil, atención a los heridos, mujeres embarazadas y niños y niñas, atención psicológica de primera respuesta y acompañamiento frente a la pérdida. A la par desde las entidades gubernamentales deben brindar toda la ayuda necesaria, para la reconstrucción con altos niveles de desarrollo, que garantice la seguridad de la comunidad y así evitar un posible nuevo desastre.

En todo este proceso el rol de la academia es vital a través de la investigación y formación en gestión de riesgo, además de la preparación en educación comunitaria.

Finalmente, hay que tener claro que aquí los desastres no son naturales, lo que es natural es el fenómeno, porque los desastres son producto de la confluencia de múltiples vulnerabilidades generadas por la actividad humana y la necesidad de que las personas adopten una postura clara en contra de la descomposición social y por pleno convencimiento de los valores éticos es fundamental.

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