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Las criptomonedas y el género

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El dinero es todo activo que es aceptado como medio de pago o medidor de valor para el intercambio entre los agentes económicos. Cuando existe el enfoque de intercambio se relacionan diferentes formas que se han suscitado en el tiempo, partiendo desde el trueque, los metales preciosos, el dinero fiat y, actualmente, las monedas electrónicas conocidas como criptomonedas, las cuales están en debate constantemente, con mucha incertidumbre, si es que ¿son beneficiosas?, ¿son el futuro financiero?, ¿son estafas?, ¿son una ola momentánea sin mucha trascendencia en el tiempo?, ¿quién invierte se convierte en millonario?

Para poder entender la estructura de las criptomonedas es importante remontarse a las causas de sus orígenes, y comprender los sucesos económicos que conlleva su creación. Existen diferentes fases que ha sufrido el sistema financiero global, iniciado con la Economía 1.0 que contempla el dinero sólido al papel moneda, es decir, el cambio de la transacción de metales preciosos por papeles que tengan una representación de valor no física similar. Posteriormente, surge la Economía 2.0 que se destaca por la transición al dinero digital, desde la incorporación del patrón Oro, su eliminación con el tratado de Bretton Woods de establecimiento del dólar como principal moneda de intercambio, y la incorporación del dinero fiat en billetes y transacciones digitales. Todos estos cambios fueron generados gracias a mercados financieros inestables desde la visión del libre mercado, y también desde el intervencionismo.

En este proceso, el capitalismo se ha evidenciado con diferentes fallas que el mundo ha encontrado como la contracción del pánico de 1873, que afectó a Europa y América del Norte hasta 1879; la recesión estadounidense de 1885; la crisis Norteamericana de 1893; el pánico bancario de 1907; la recesión de Estados Unidos de 1914; la recesión de 1917, posterior a la Segunda Guerra Mundial; la Gran Depresión de los años 30; la recesión del 75; la recesión occidental del 90; y la última recesión financiera de 2008.

Todas las crisis generaron un impacto significativo en los cambios estructurales de las economías y de las formas transaccionales, debido a toda la inmersión de un sistema financiero descontrolado. Sin embargo, las caóticas crisis y los problemas de estructura económica no solo se adjudican a la dinámica de las finanzas globales, sino a las desigualdades entre las economías de las distintas naciones, donde las carencias de financiamiento y oportunidades son considerablemente importantes, como es el caso de los países de América Latina y África, donde el descontrol de emisión monetaria que se muestra en la paridad de moneda ha incrementando los problemas inflacionarios y deuda externa, faltaría texto para indicar los diferentes ejemplos, entre los que se tiene a Ecuador y Salvador con la dolarización y pérdida de autonomía de la moneda nacional por el descontrol en su política monetaria;  Argentina con una deuda inmensurable en 2022; Venezuela con una inflación del 151%; Zimbabue con su hiperinflación y posterior dolarización.

Como se ha evidenciado, con el pasar de los años ha existido una pérdida de confianza constante por el libre mercado del sistema financiero, aparentemente igualitario, pero con asimetrías de la información que provocan beneficios extremos para aquellos que controlaban dicho sistema. Asimismo, se adjudica la falta de control monetario y autoritarismo sobre las monedas locales por los distintos gobiernos. Todo esto provocó que, en 2009, a raíz de la última crisis financiera se creará un modelo de sistema financiero paralelo que busca la descentralización del manejo de la moneda y finanzas de los agentes económicos, es decir que se pueda tener un control totalitario sobre la seguridad financiera sin depender de instituciones financieras o gobiernos estatales.

En este sentido, en 2009 se crea la primera criptomoneda y una de las de mayor valoración en la actualidad, que es el Bitcoin, con su autor pseudónimo Satoshi Nakamoto. Al principio, se consideró como una simple moneda ficticia que no tenía valor alguno, puesto que en aquel año su valoración era de 0.01 USD. Sin embargo, con el pasar del tiempo y el auge de la idea descentralizada de autonomía propia de los agentes económicos, sin control financiero institucional o estatal, esta moneda digital empezó a tener un crecimiento exponencial, tal es el punto que en la actualidad presenta un valor superior a los 20.000 USD.

Uno de los mayores problemas en este sistema financiero digital surge por la creación continua de diferentes Criptomonedas, superior a la cifra de 9.000, y conforme pasa el tiempo se continúan creando más. También es un sistema muy digitalizado, que justamente por esta característica generó un repunte exponencial en su curva de crecimiento en la época del surgimiento del COVID 19, que exigió al mundo entero a avanzar rápidamente en el entorno de la tecnología. Este mismo sistema ha creado un mundo virtual paralelo que son los activos digitales como las NFT, y la creación del metaverso como un nuevo mercado digital que busca expandirse cada día más.

Este auge digital es muy similar al inicio de la incorporación del Internet en la sociedad, al principio pocas personas especializadas eran quienes podían acceder y comprender esta nueva inmersión tecnológica, actualmente es un acceso generalizado para casi la mayor parte de la población del planeta. Desde este punto de vista, es importante enfocar la trascendencia de las criptomonedas y el mundo que este abarca en relación a las desigualdades de género sobre su adopción.

Es conocido que el porcentaje de mujeres que participa en el mercado financiero descentralizado es considerablemente inferior, el 15% de las mujeres a nivel mundial invierte en Bitcoin, 43% del género femenino entre las edades de 18 a 24 años posee una criptodivisa. Sin embargo, no se puede considerar que estos sean datos meramente exclusivos para el mundo de las criptomonedas, sino que también este mismo comportamiento se ha evidenciado en los mercados financieros centralizados como el mercado de valores, donde según Forbes el 54% de las mujeres entre 25 a 35 años no participa en el mundo de inversiones, en América Latina el 13% de las mujeres invierte en el mercado bursátil.

En este mundo tecnológico que asume las criptomonedas, es importante considerar el nivel de instrucción necesario para el acceso a este mundo digital. Según Forbes, el 82% de las mujeres considera que carece de educación financiera para mejorar su estilo de vida, a este mismo argumento se suman diferentes estudios científicos como Portes, Funkhouse, Bargain y Kwenda, donde indican que las divergencias a nivel educativo entre hombres y mujeres, radica en que los hombres obtienen mayores accesos a una mejor preparación que las mujeres a lo largo de su vida.

Además, es importante considerar el tipo de preparación a la que acceden los hombres y mujeres. Según Szenkman y Lotitto, solo el 15% de las mujeres a nivel mundial estudia carreras universitarias vinculadas a áreas tecnológicas, a diferencia de los hombres que presentan una mayor inmersión en este tipo de conocimiento. Por lo tanto, esto es una limitación considerable en la inmersión de las mujeres en un mundo de códigos encriptados de forma tecnológica.

Sin embargo, no se puede condicionar exclusivamente la falta de inversión a la carencia de conocimiento en el ámbito tecnológico, sino que también se condiciona en función de la confianza sobre la decisión de invertir, tal como lo indican Ralf Estes y Jinoos Hosseini, quienes realizaron un estudio a 1359 hombres y mujeres acerca de las decisiones de inversión en el mercado bursátil norteamericano, y concluyeron que la variable que era significativa en la decisión de invertir en una acción o no era la confianza que se depositaba, donde las mujeres tenían mejor confianza que los hombres a la hora de invertir, esto involucraba considerablemente su ausencia en el mercado financiero.

Estas decisiones se comprenden claramente por la teoría del Premio Nobel de Economía, pero curiosamente psicólogo Daniel Kahneman, quien  enseña una óptica diferente sobre las decisiones de los agentes económicos, eliminando el concepto de la racionalidad económica que indica que los agentes de la economía optan por decisiones de mayores ganancias, cuando en sí pueden existir opciones de inversión de altas ganancias, pero que no se preferirán porque los individuos adoptan la de menos pérdida dejando a un lado la concepción del mayor beneficio en su racionalidad.

En este sentido, se corrobora la evidencia científica que destaca las características asociadas y agregadas en la vida de las mujeres que difieren de las responsabilidades masculinas en el entorno social como lo destaca Santos Ruesga, quien indica que el género femenino limita su ingreso por las obligaciones adquiridas en el cuidado del hogar e hijos. Es decir que, en una relación analógica entre la situación de partida que posee el hombre y la mujer en el momento de su decisión de inversión también existen diferencias considerables, donde la mujer asume mayores riesgos y probabilidad de pérdida.

Con la finalidad de cerrar este artículo, que es relativamente corto en relación a los diferentes aspectos que abarca el mundo de las criptomonedas, los eslabones desconocidos, los cambios que se prevén que se efectúen en el futuro sobre nuestra sociedad, y las divergencias de adaptabilidad del género a este nuevo medio de inversión, se destacan dos aspectos considerables entre el hombre y la mujer, que es la desigualdad en la instrucción de conocimiento tecnológico, y las características intrínsecas heterogéneas entre el género que condicionan sus decisiones de inversión.

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