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El Imperio de los AK 47 de Daniel Ortega

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Todavía no veo un rumbo cierto en Nicaragua. Hay voces optimistas que dicen que Ortega, el viejo dictador del nuevo estilo populistas, caerá sin remedio. Pero, ¿cuándo, a qué costo de vidas humanas?

Los sabios del combate urbano dicen: no tires piedras a los que tienen armas de fuego. La estrategia del estado lumpen-policial del orteguismo se conecta muy bien con la estrategia represiva de los chavistas de Maduro. Nadie como los izquierdistas en el gobierno para saber cómo aplastar las insurrecciones populares: empiezan por quitarles la calificación de “populares”. Las redefinen como “vandálicas”, expresiones del “golpe blando” de la derecha, dirigidas por el imperialismo. Por cierto, siempre en todos los movimientos sociales de magnitud interviene la geopolítica de las potencias, pero esto no deslegitima la causa de los nicaraguenses que piden libertad y el fin de la dictadura de Ortega.

Las noticias nos llegan por diversos medios, incluso por el twitter #SOSNICARAGUA. Ortega ha ido rápido. Primeros días: bastonazos y gases lagrimógenos de los anti-motines. Casi de inmediato las “turbas”, gente de las juventudes sandinistas, la fuerza de un lumpen organizado que recorre en sus camionetas las calles de Managua y de las míticas ciudades de la rebelión de fines de los setenta contra Somoza: Masaya, León, Matagalpa, Chinandega, Tipitapa, Jinotega, Esteli, y cuántas más. Armado abiertamente, sin embargo, este lumpen policíaco oculta su rostro. Es el imperio de las escopetas y de los infaltables AK 47, contra un pueblo pobre y contra la juventud, que han decidido no soportar más la opresión. La Iglesia Católica, la de Nicaragua, se ha puesto del lado de los pobres.

Cuando la policía es la delincuencia organizada, el pueblo está por su cuenta: terriblemente solo

La gente del pueblo está desarmada, tal como lo quiere la doctrina ladina de los socialistas, con sus prédicas sobre la paz y la no violencia. El ciudadano está indefenso frente a la delincuencia común, en espera del auxilio del policía, que llega tarde o nunca. Cuando la policía es la delincuencia organizada, el pueblo está por su cuenta: terriblemente solo.

La gente que lucha contra Ortega “tranca” las calles, se defiende con piedras y pirotecnia. Su objetivo es paralizar a la sociedad y rendir por cansancio a la dictadura, obligándola a una decisión moral, la renuncia. Lenin en 1905, en Moscú, creyó que una guerrilla urbana, con bombas y pistolas, vencería a los cosacos del Zar; fracasó y tuvo que esperar 12 años para que una fuerza organizada, la Guardia Roja, respaldada por regimientos insurrectos, lo llevara al poder. Hoy Ortega también tiene una banda armada: policías, soldados y su propia guardia, la Juventud Sandinista, esa que el pueblo llama “las turbas”. Emplea ese poder sin ningún escrúpulo, ataca manifestaciones, invade barrios, incendia casas de opositores, saquea, mata, hiere, apresa y tortura. Ortega reprime y miente, se calla y se oculta.

El dictador de Nicaragua no tiene ninguna consciencia moral. Se sujeta al trono que ha construido anulando la división de poderes, conforme al plan populista latinoamericano. Sobre todo tiene a su favor el apoyo de los autoritarismos mundiales: Rusia, China, Cuba, Irán, Venezuela, Corea del Norte, y puede ahora agregar a su lista al Sultán de Turquía, Erdogan.

¿Qué podría cambiar esto? Las vías legales, más civilizadas, están cerradas, simplemente son inoperantes. El llamado Estado de Derecho tiene que ser restablecido por una medida de excepción. Es el inevitable fallo lógico de todo sistema político. Un acto de excepción es lo que se requiere, la postergación trae más muertes, apresamientos y éxodo masivo. Es lo que ha pasado en Venezuela.

La división formal de poderes no es una garantía suficiente. En Cuba la guerrilla de Castro se transformó en el ejército de los Castro. El caso de Ortega no es muy diferente: la guerrilla sandinista se convirtió en el ejército orteguista. Hugo Chávez, militar golpista, con la asesoría de los Castro una vez elegido hizo a las fuerzas armadas su instrumento. Esto no ocurrió en los otros populismos de izquierda en el poder; no sucedió en Argentina, ni en Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, ni felizmente en Ecuador. ¿Para qué quería Correa 10.000 AK 47 chinos? ¿para armar a sus bandas correistas? Las fuerzas armadas ecuatorianas salieron al paso y tomaron en custodia esos rifles. Sería mejor devolverlos a la dictadura China, sin decir “gracias”, porque aquí no tenemos pandillas milicianas.

El gobierno de Lenin Moreno no es frontal en la situación de Nicaragua. Lo que hace por aquí, lo neutraliza por acá. Está en el espíritu de muchos izquierdistas aferrarse a una doctrina de poder absoluto con mil pretextos. Son izquierdistas, discípulos de Marx, pero luego, en el gobierno, son discípulos de Maquiavelo, el redescubierto referente gramsciano de los populistas.

Hay signos positivos de la cancillería ecuatoriana, exigiendo acatamiento a las propuestas de la CIDH. Sobresalen de una base de dualidad triste y cuestionable.

Las declaraciones de los gobiernistas invocan el respeto a la soberanía de Venezuela y Nicaragua. Son mentiras mayúsculas, propias de una moral tartufiana. Porque, hablando de los pueblos de Venezuela y Nicaragua, ¿hay allí otra “soberanía” que la de los dictadores que gobiernan?

* Integrante de ZADIG, Zero Abjection Democratic International Group, Red politica de psicoanalistas de la AMP

 

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