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IA y la desinformación

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¿Se acuerdan del juego infantil del teléfono? Nos sentábamos en círculo, uno iniciaba susurrando al oído de la persona a la izquierda una corta información que daba toda la vuelta y nos regresaba cambiada por completo. Diversión que nos transmitía dos realidades: que el teléfono es fantástica innovación tecnológica para informar a distancia, superior al chasqui y a la paloma mensajera, pero a su vez un vehículo de desinformación. El desafío de hoy es que la tecnología cambia tan rápidamente que no estamos preparados para separar el trigo de la paja. Y en las redes sociales, lo que más hay es paja.

Primero fueron las falanges troleras del correísmo que nos inundaron de noticias falsas, injurias, insultos; los gobiernos los han emulado. Las redes sociales están programadas para priorizar la información que se repite y que tiene más seguidores, la de los troles, lo que hace que los mensajes que nos inundan cuando los visitamos sean en su mayor parte de odio, falsos o tendenciosos.

Ahora llegaron los chatbots, que hasta nos pueden proveer de informes o presentaciones en un dos por tres: ChatGPT, el más recurrido por el público, pero también Gemini (Google), Copilot (Microsoft), Grok (X) y el más reciente, Claude (Anthropic). Los chatbots se nutren de la información de sus fuentes, y si un gobierno, partido político o grupo de presión repite incesantemente una mentira, los chatbots la aceptan como verdad.

Los gobiernos autoritarios de países tecnológicamente avanzados poseen chatbots estatales, programados para difundir la verdad oficial, y restringen el acceso a chatbots privados. Estos gobiernos incluso manipulan la opinión pública de otros países. A raíz de que Rusia se decantó por la expansión territorial, Berlín optó por rearmarse, hoy que Washington ha dejado de ser un aliado confiable. Los chatbots rusos buscan crear entre los alemanes oposición al rearme, y diseñan versiones falsas de los principales diarios teutones, insertando artículos apócrifos (“El Gobierno ha tomado los fondos de la seguridad social para invertirlos en armamento”); sus troles los reproducen masivamente. ChatGPT y similares terminan aceptándolos como ciertos. Se cumple la sentencia del genio nazi de la desinformación Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Estos gobiernos proliferarán con el paso del tiempo.

La tecnología puede cambiar, pero necesitamos tener medios respetables y creíbles, sean impresos, radio, TV o digital, tanto medios públicos, para saber con precisión lo que dicen las autoridades, como con inclinación ideológica: en España los socialdemócratas tienen El País, los conservadores ABC; también medios que cultivan la imparcialidad.

Vitales para la democracia son los medios escépticos de la verdad oficial, que presenten las noticias desde una óptica alternativa sin distorsionar los hechos, y que investiguen posibles delitos de funcionarios públicos. Medios que sean la pulga en la oreja de gobernantes, pero que en el fondo les son de gran ayuda, porque sin una prensa que investigue o que recoja criterios distintos a los oficiales, los gobiernos son más propensos a no percatarse de sus errores y los funcionarios a incurrir en venalidad, ante la certeza de la impunidad. Viva la prensa libre.

 

Foto referencial de Inteligencia artificial

Crédito: El Universo

Artículo publicado en EL UNIVERSO el 28 de junio de 2026

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