“Inténtalo una y otra vez, hasta que el miedo te tenga miedo”. Anónimo
Según la RAE, el humanismo secular se basa en la razón y el desarrollo de la persona al ubicar sus valores en el centro de todo. Una actitud vital, fundamentada en una concepción integradora de los valores humanos. Erasmo de Roterdam, Leonardo da Vinci, Mary Wollstonecraft, Nelson Mandela, Martha Nussbaum, José Mujica, son algunos ejemplos de personas íntegras que tienen un patrón común entre ellos: la dignidad intrínseca; confianza en la razón y en la educación; y crítica al deshumanizante, de reducir a la gesta a números.
Nos hemos tratado de acoplar a la realidad del mundo y de las relaciones humanas. Sin embargo, nuestro planeta, nuestro entorno, nuestra comunidad necesita más sensibilidad, más convivencia, más acciones sencillas para compartir. Menos conflictos, menos desacuerdos, menos egoísmo, menos peleas; más abrazos querendones, más empatía y más pasión. Mas humanismo.
Hoy estamos futbolizados hasta la médula, pero también expuestos a sensaciones que nos abren los ojos y nos permiten olfatear algunas señales que se muestran en las redes sociales. La amabilidad y el buen trato a las personas, los excesos de violencia y dramatismo en la cancha y fuera de ella, pero hay una persona que resalta. Me refiero a Lionel Messi, pero no al actual, al que sigue jugando a sus 39 años y la sigue rompiendo, como dicen los argentinos; sino, más bien, al que se fue formando y superando cada una de las dificultades, barreras, tropiezos o problemas que se le presentaban desde muy corta edad.
Mucho más que un talento excepcional
Messi fue sometido a un tratamiento especial, cuando todavía era un muchacho. El estricto cumplimiento del mismo podría arrojar buenos resultados para su virtuosismo en el futbol. Había que ser muy obstinado, muy comprometido y responsable para lograr el acometido. Complejo a esa edad. ¿Cuánto sacrificio? ¿Será esta la razón de su deber ser? ¿Un virtuoso del futbol? ¿Deportista de élite? ¿Es éste el mejor aprendizaje? ¡Puede ser!
Jorge Valdano periodista y exfutbolista, campeón mundial con argentina, decía: “El futbol es un estado de ánimo”. Pienso firmemente que la persona es una consecuencia de su proceso reflexivo, de su razonamiento, que facilita o dificulta su desarrollo como persona de bien.
La grandeza también se construye con humildad
Han pasado más de veinte años desde que el mundo conoció el futbol prodigioso de “la Pulga”, viéndolo surgir, caer, levantarse, volver a caer y volver a levantarse a base de disciplina, esfuerzo, conocimiento, formación y, por sobre todo, su instinto de persona de bien. Escogió o le guiaron a escoger, el camino silencioso de la perseverancia para ser, más que persona, un ser humano de bien.
Es un vivo ejemplo de la evolución, no solo del futbol, sino de la especie humana, que no vive del ego sino, más bien, de la sencillez. Imparte reflexiones cada vez que se lo permiten, resalta la dignidad antes que todo, reduce al mínimo las intenciones de conflicto o comparaciones sin fundamento.
Es una persona extraordinaria, una persona de bien, que vive con la gente y comparte su sencillez con todos. No se contenta con confiar en su instinto para resolver conflictos del futbol, sino que trasciende más allá. Evita el conflicto y desvanece la pregunta de doble sentido. Su positivismo opaca el negativismo maquiavélico. Es un influencer social global, para niños, muchachos, adultos, funcionarios, empresarios, políticos y hasta académicos. Una periodista opinaba que, “Messi no es argentino, es del mundo, pues el mundo está expuesto a su forma de ser, a su humanismo. Ha cambiado al mundo, donde quiera que va, es uno de ellos, es un ciudadano de todos los países del mundo”.
Un ejemplo que trasciende el deporte
Regresando a los humanistas mencionados anteriormente, Messi es tanto o más que ellos o ellas. Sus valores parecen estar en la misma línea, parecen estar conectados. Habiendo sido arrancado de su entorno, de su hogar, de su barrio, del potrero, de sus amigos, tuvo que adaptarse, pensar, razonar, y auto educarse. Tuvo que aprender a evitar los conflictos, tuvo que aprender a perder para saber ganar y ser justo con el perdedor. Solo la disciplina férrea de su proceso médico-futbolístico dio el resultado que todos vemos hoy: un futbolista único, una persona de bien.
Sus triunfos, así como sus derrotas, han calado hondo en el corazón de muchos aficionados o no aficionados, de personas que no disfrutaban del futbol, inclusive de sus detractores. Todos hemos estado expuestos de una u otra forma a la vida pública de Lionel Messi.
Hoy ya no es un futbolista más, es un humanista que administra el futbol para ayudar a resolver conflictos grandes o pequeños, ya sean sociales, económicos, o políticos inclusive. Es un ejemplo a seguir como futbolista, como esposo, como padre, como hijo, como empresario, como persona de bien.
Han intentado definirlo en pocas palabras. Resumo algunas: “Tiene la pelota pegada, te deja pagando, juega sin mirar y la pone donde quiere. Es un fenómeno, un extraterrestre. No es humano”.
No es un extraterrestre es el terrícola más sencillo y humano que ha nacido en nuestro planeta tierra.
Gracias Lionel Andrés Messi Cuccittini por tu ejemplo y mágica energía para hacernos pensar y sentir que sí hay cómo ser mejores y construir un mundo más humano para todos.

