A pretexto de eventos de interés y alcance global, como el mundial de fútbol, se prenden las alarmas del fantasma negativo del sobreendeudamiento en el estado situacional de las finanzas personales y familiares. Esto incentivado, principalmente, por la feroz campaña publicitaria que realizan las empresas comerciales en alianza, por supuesto, con diversas instituciones financieras que, con facilidades de financiamiento pro consumo, potencian el grado de tentación por realizar compras necesarias e innecesarias.
A ese impulsor del peligro del sobreendeudamiento -aplicado desde la oferta de productos en el mercado- hay que sumar un segundo factor relacionado con el fanatismo que se tiende a activar, en el comportamiento del consumidor, cuando la selección del propio país ha clasificado a una competencia mundial deportiva que se realiza cada cuatro años.
Y el tercer motivador, de esa amenaza desestabilizadora de la economía familiar, es la presión social cercana a la persona o familia que está pensando realizar un desembolso de dinero para adquirir algo que, en muchos de los casos, no necesita, sino que, la tentación de comprar se activa porque el vecino, el pariente, el amigo o el compañero de trabajo ya lo hizo y, por no quedarse atrás, decide adquirir algo que, al poco tiempo, no será nada raro que solo sirva para llenar las bodegas de cosas en desuso.
Cuando la emoción mundialista impulsa el consumo
Ante este escenario peligroso, para cuidar las finanzas personales y familiares -y evitar pasar del gozo al susto y tortura inmediata de pagar deudas motivadas por emociones temporales-, hay que crear antídotos comportamentales que, por su solidez, al momento de su aplicación, se conviertan en escudos protectores de la buena salud financiera de las personas y las familias.
La pregunta clave antes de comprar
El primer antídoto tiene que ver con la activación de la pregunta de oro que ayuda a evitar compras innecesarias: ¿Necesito, realmente, lo que voy a adquirir? Si la respuesta es negativa hay que, inmediatamente, detener la tentación por demandar un bien y/o servicio que no es necesario para fines de la satisfacción racional e inteligente de las necesidades personales o familiares.
Si, en cambio, la respuesta es positiva, hay que activar los demás antídotos. Uno de los primeros, el que tiene que ver con la búsqueda minuciosa de información antes de decidir lo que se va a comprar que, en términos de calidad, cantidad y precio, mejor se adecúe al presupuesto financiero y, sobre todo, al perfil y magnitud de la necesidad que se está pretendiendo satisfacer.
Muy pegada a esta recomendación está la evaluación rigurosa que se debe hacer de las promociones, generalmente, acompañadas de descuentos, sorteos o regalos que, por la habilidad de su diseño de origen, parecerían beneficiosos, pero, cuando se hace una reflexión debidamente informada, resulta que la realidad es otra -más que bondadosos son, más bien, tramposos-. Aquí, como complemento del análisis, hay que recordar la frase de las abuelas: “no hay almuerzo gratis”, para enfatizar en la necesidad de acceder a datos que ayuden a determinar el verdadero beneficio que se estaría obteniendo al seleccionar una u otra promoción de temporada.
También, cuando el ambiente de la vida social está cruzado por la vivencia de eventos deportivos o de otra índole de alcance global, es muy común que los ciberdelincuentes en la autopista de la información digital empiecen a florecer con fuerza. Por esta razón, para evitar estafas financieras con ofertas y promociones que son solo humo maligno para engañar a los compradores digitales, es fundamental contrastar la información sobre la identidad y localización de quien está queriendo, a pretexto de la fiebre mundialista, vender algún producto y, así, evitar golpes financieros duros que, por la falta de prevención, terminarán pasando una cuantiosa factura.
Crédito y promociones: decidir con responsabilidad
Finalmente, frente a las facilidades de crédito para el consumo de temporada mundialista -períodos de gracia, cuotitas, plazos alargados de pago con y sin intereses, etc.-, el comprador debe doblegar el control de su situación de liquidez actual y futura. Así, con el resultado final consolidado de la suma de ingresos y resta de egresos de dinero actuales y futuros, podrá determinar hasta qué punto seguir realizando compras que, cuando llegan al nivel del desborde del presupuesto financiero, serán la causa de serios problemas que, por su magnitud, terminarán afectando a la calificación crediticia de la persona que usó esa facilidad de financiamiento sin poner límites que, proactivamente, eviten entrar en una situación de sobreendeudamiento difícil de salir en el corto plazo cuando, como dirían igual sabiamente las abuelas: “hay que estirar los pies solo hasta donde den las cobijas, caso contrario se generarán contratiempos graves”.

