El hantavirus es una enfermedad viral transmitida principalmente por roedores silvestres infectados y considerada una de las infecciones respiratorias más peligrosas por su elevada tasa de mortalidad.
El virus se propaga sobre todo a través del contacto con orina, saliva o heces de ratones infectados, especialmente en espacios cerrados o contaminados.
Las personas pueden contagiarse al inhalar partículas microscópicas presentes en el aire.
Los síntomas iniciales suelen confundirse con una gripe fuerte: fiebre, dolores musculares, cansancio y dolor de cabeza.
Sin embargo, en casos graves puede evolucionar rápidamente hacia un síndrome pulmonar severo, provocando dificultad respiratoria y fallas orgánicas.
El hantavirus ganó notoriedad internacional desde los años noventa, especialmente en América Latina y Estados Unidos, donde se han registrado brotes periódicos.
Especialistas advierten que factores como el cambio climático, alteraciones ambientales y desplazamiento de fauna podrían aumentar el riesgo de contacto entre humanos y roedores.
Aunque no se considera una pandemia global como ocurrió con el COVID-19, sí preocupa por su peligrosidad y por la rapidez con que algunos casos se agravan.
Los expertos recomiendan evitar contacto con roedores, mantener espacios ventilados y extremar medidas de higiene en zonas rurales o abandonadas.
Actualmente no existe una vacuna masiva ampliamente disponible contra el hantavirus, por lo que la prevención sigue siendo la principal herramienta de protección.
Relevancia para Ecuador:
Ecuador, al igual que otros países latinoamericanos, posee zonas rurales y selváticas donde podrían existir condiciones para la presencia del virus.
La información y prevención son claves para evitar contagios y fortalecer la vigilancia sanitaria.
Foto de portada: El hantavirus preocupa por su alta letalidad y por la rapidez con la que puede afectar el sistema respiratorio.
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