A lo largo de la vida del ser humano permanentemente se están presentando problemas de todo tipo y en todos los espacios de interacción social. De ahí, la necesidad de ir desarrollando, desde tempranas edades, la habilidad para encontrar aquella solución que represente los mayores beneficios y los menores costos para quienes están involucrados en la situación o problemática objeto de solución.
Esa habilidad será el mejor antídoto para contrarrestar el comportamiento predominante en muchos espacios de la vida humana, en donde, el “quedarse inmóvil” o “perder el tiempo” buscando culpables por la ocurrencia de un determinado problema, es lo que tiende a prevalecer.
Como ya se resaltó, la resolución de problemas es una habilidad blanda que debe ser impulsada desde tempranas edades como un medio actitudinal para toda la vida, ya que, problemas de todo nivel de complejidad, están presentes en todos los espacios en que, cotidianamente, se mueve el ser humano.
Resolver problemas: una habilidad para toda la vida
Se pueden presentar, al unísono, problemas fáciles y también complejos de resolver. En estos últimos, el pensamiento y acción sistémica (PAS) es un gran aliado para buscar alternativas integradas que, bien implementadas, ayuden a encontrar luces dentro de ese túnel sin salida que, muchas veces, tiende a aparecer conforme aumenta la complejidad de un problema que, por su perfil de complejo, tiende a estar compuesto –como diría Peter Senge, en “La Quinta Disciplina”- de un sinnúmero de variables y de diversas interrelaciones que se tienden a dar entre ellas.
Un espacio, por citar un ejemplo, en donde a cada instante aparecen problemas que requieren solución inmediata, es el momento en el que, quien conduce un auto, tiene que enfrentar las necesidades de concentración y reacción. Por ejemplo, cuando, al mismo tiempo, debe estar pendiente de todo lo que sucede alrededor del conjunto de variables que están dentro y fuera del auto -los peatones, los otros vehículos del mismo tamaño, de otro tamaño, las motocicletas, las bicicletas, las señales múltiples de tránsito, las condiciones climáticas, el tablero de comando del propio auto, etc.-.
Y claro, en medio de esa telaraña de variables e interrelaciones, se presentan circunstancias de acción instantánea de todo tipo. Es ahí, precisamente, en donde emerge la recursividad acumulada -experiencia, conocimiento y actitud mental positiva- como medio clave para resolver problemas que, en varios de los casos, aparecen de forma inesperada.
La importancia de reaccionar a tiempo
Otro campo que requiere de una habilidad sólida para resolver problemas en el camino, es el relacionado a la profesión de médicos cirujanos. Allí, la capacidad para resolver problemas en la misma sala de operaciones es vital ya que, en muchos casos, unos pocos segundos de duda pueden significar la vida o la muerte del paciente.
Complementando los dos casos anteriores, vale la pena compartir -como una experiencia vivida- lo que sucedió en un día de feriado en las carreteras del Ecuador, cuando, en medio de la acumulación gigante de autos, debido a la falta de prevención -pago previo del “Telepass”-, un auto detuvo el tránsito a la altura del peaje de salida norte de la ciudad de Quito. Ante esto, durante varios minutos nadie sabía qué hacer para solucionar, incluso una de las ocupantes del auto infractor se bajó y dijo más o menos: “esperen porque, simplemente, no sabemos cómo salir para pagar”, hasta que, solo hubo una persona -empleada de la concesionaria de la vía- que fue capaz de proponer una solución que, luego del caso vivido, fue bastante sencilla. Eso sí, acompañada de altas dosis de habilidad acumulada para solucionar problemas imprevistos.
Estos casos son una muestra de la importancia de resolver problemas en el lugar y momento de su ocurrencia. En estos casos, el tiempo de reacción para quien lo enfrenta es mínimo a la hora de disminuir al máximo la insatisfacción que pueda generar en todos los actores involucrados. Además, está la afectación negativa a los costos financieros y no financieros que, generalmente, tienen relación con el problema objeto de solución.
Ante estos escenarios, una de las herramientas efectivas para la resolución de problemas -como ya se resaltó-, es el desarrollo de habilidades pro fomento del pensamiento sistémico que, como opción integradora, ayuda a ver lo que le está sucediendo, a la persona involucrada, bajo una óptica de visión a 360 grados. Es decir, bajo un enfoque de pensamiento y acción sustentado en la identificación de la interacción de las variables principales relacionadas al problema que se busca solucionar.
En este punto, como complemento importante, algo que puede ayudar a potenciar la capacidad para resolver problemas, de forma eficaz y eficiente, es la aplicación sistematizada de experiencias anteriores parecidas. Por ejemplo, una historia de la vida real -a la cual se tuvo acceso- puede ayudar a comprender lo que se está resaltando sobre el poder de la experiencia acumulada: “un avión tenía que aterrizar en un sitio en donde las condiciones climáticas eran pésimas pero, a pesar de ello, el avión aterrizó de la forma más suave, lo que, al salir, motivó a un pasajero a felicitar al Capitán del vuelo y él le respondió que, la experiencia vivida hacía pocos minutos, es producto de las horas de vuelo acumuladas por años; es decir, la experiencia procesada, pensada y aplicada emerge como una fuente para resolver problemas en el instante que se presentan.
Experiencia y creatividad para encontrar soluciones
Otra variable que se debe considerar es la inmediatez para encontrar una solución y, así, evitar su atraso que, dependiendo de sus efectos, puede ser altamente costoso. En el desarrollo de esta habilidad, hay que recordar la metáfora de la acción y reacción del cirujano. En ella, cuando este se encuentra operando a un ser humano, deberá ser capaz de, sobre la base de todos sus recursos acumulados, encontrar una salida frente a las dificultades que tienden a aparecer, espontáneamente, cuando está haciendo la intervención quirúrgica.
Otra habilidad para la solución de problemas es la creatividad e innovación enfocada a lo que se busca solucionar, ya que, entre mayores opciones de solución se tenga a la vista, se logrará mayor capacidad de adaptación y, principalmente, de alternativas que, al aplicarlas, ayudará a disminuir los costos y/o aumentar los beneficios para las partes involucradas en el problema objeto de solución.
En todo este desarrollo de habilidades, uno de los primeros momentos clave –cuando se piensa en el talento humano que contrata una organización- es el de la inducción del personal antes de iniciar un trabajo. En ese caso, el conocimiento completo de las características del producto, los procesos a seguir y de todas las políticas relacionadas ayudarán -al interconectarse- a resolver de forma más rápida los problemas organizacionales que vayan apareciendo en el ejercicio laboral del nuevo empleado contratado. Luego, cuando ya está trabajando la persona, es indispensable la capacitación continua sobre herramientas específicas para responder a las necesidades emergentes de diferentes problemas vinculados al puesto de trabajo ejercido.
Aprender a solucionar, no a buscar culpables
Finalmente, la sistematización permanente de la casuística histórica de problemas relacionados a los distintos puestos de trabajo, servirá como una especie de repositorio de consulta inmediata, al que, el trabajador y el equipo, pueden recurrir para, con ello, potenciar el ejercicio integrador de resolución de problemas. Así se combate la mala práctica de paralización antes de la solución oportuna o, lo peor que tiende a suceder, la inversión de tiempo buscando a los culpables.
Antes de entrar a la cacería de culpables, lo que debe prevalecer es la búsqueda inteligente de las causas estructurales para, con ello, más bien, encontrar oportunidades de mejora como directriz referente para la solución sistémica de los problemas objeto de análisis que, desde lo micro y lo macro, tienden a ocurrir.

