La preservación del patrimonio se fundamenta en la cultura de una sociedad, pues la acción de preservar es una manifestación viva de la identidad de un pueblo, de su cultura.
La RAE define cultura como el conjunto de conocimientos que permiten a alguien desarrollar su juicio propio, y el conjunto de modos de vida, costumbres y grado de desarrollo artístico, científico e industria de un grupo social. Su fortalecimiento se logra mediante la educación y la práctica constante. Éstas promueven el juicio crítico, preservan las costumbres y fomentan la innovación en el arte, la ciencia y la producción industrial y artesanal. Construyendo y fortaleciendo al mismo tiempo, la identidad social, el sentido de pertenencia, la interacción, el entendimiento y los rasgos únicos. En otras palabras, las nuevas formas de convivir.
Patrimonio cultural: memoria viva de una sociedad
Aunque a lo largo de la historia muchas culturas han protegido los objetos y monumentos del pasado, el concepto de Patrimonio surge hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX. La preocupación de los Ilustrados por los estudios históricos propició la revalorización de monumentos, obras de arte y objetos del pasado como fuentes directas, de cada sociedad, de información sobre ese pasado.
El patrimonio así se convierte en un instrumento de esa búsqueda de la identidad nacional. Los monumentos ya no son piedras antiguas, más o menos abandonadas, sino testimonio de un pasado glorioso que hay que recordar, evocar y subrayar.
Hasta el siglo XX el patrimonio se limitaba a cuestiones monumentales y a obras de valor histórico artístico, pero desde principios de ese siglo este concepto fue ampliándose hacia una idea mucho más amplia, de tal manera que hoy podemos definir el patrimonio según la UNESCO como: la herencia cultural del pasado de una comunidad (material e inmaterial), con la que esta vive en la actualidad y que transmite a las generaciones presentes y futuras.
El Patrimonio Cultural en Ecuador
El patrimonio cultural de Ecuador es un reflejo de su diversidad y riqueza histórica, un legado que conecta generaciones, reforzando la identidad nacional. Al reconocer su valor y protegerlo, mantenemos viva nuestra historia, fortaleciendo nuestras raíces.
La conservación de este legado cultural de Ecuador requiere de un enfoque integral que involucre a los debidos actores, no solo a políticos. Para comprender mejor a qué llamamos patrimonio cultural, es útil conocer su división en dos grandes categorías: material/tangible e inmaterial/intangible. Esto posibilita identificar y valorar las diferentes formas en las que se manifiesta, desde edificios históricos hasta festividades tradicionales. Este enfoque también facilita la implementación de estrategias de conservación o difusión.
El patrimonio cultural tangible de Ecuador incluye elementos que se pueden tocar y observar, por ejemplo, edificaciones, objetos históricos o monumentos.
El patrimonio cultural intangible abarca tradiciones vivas como festividades, la música, los bailes y los saberes ancestrales.
El Ecuador cuenta con una normativa actualizada para la protección del patrimonio cultural y una institucionalidad que responde a desafíos que implican la rectoría, la regulación, el control, la planificación y la gestión del patrimonio cultural tanto en el nivel de gobierno nacional, como en el nivel local, respondiendo al principio de descentralización del Estado[1].
La protección del patrimonio cultural se encuentra amparada en la Constitución Nacional (Art. 3 numeral 7, Art. 380 y otros), determinándola como un deber primordial del Estado; y su conservación, como deber y corresponsabilidad de los ciudadanos y ciudadanas, articulada a la garantía de derechos colectivos de pueblos y nacionalidades y al derecho de todos los ciudadanos a construir y mantener la identidad cultural.
Al Ministerio de Cultura y Patrimonio le corresponde la rectoría y al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural la implementación de la política pública nacional, el ejercicio del control técnico y la investigación sobre el patrimonio cultural, así como la asesoría y coordinación con los Gobiernos Autónomos Descentralizados Municipales y Metropolitanos para el adecuado ejercicio de su competencia.
La competencia de preservar, mantener y difundir el patrimonio cultural ha sido transferida a los Gobiernos Autónomos Descentralizados Municipales y Metropolitanos, lo que permite una gestión local del patrimonio cultural, articulada al cumplimiento de los fines de desarrollo equitativo, la garantía de derechos individuales y colectivos, el fortalecimiento de la unidad nacional en la diversidad, la protección y promoción de la diversidad cultural y del patrimonio cultural y el desarrollo local planificado participativamente.
Quito y la construcción de su legado arquitectónico
Quito tiene mucha historia. La Escuela Quiteña tiene sus inicios allá por 1550, a través de la escuela de Artes y Oficios, posteriormente Colegio San Andrés. Duró casi tres siglos con sus diversas etapas, bien marcadas, de sus manifestaciones artísticas (pintura, escultura y arquitectura).
Hasta finales del siglo XIX la ciudad acumulaba un rico legado arquitectónico, en el Centro Colonial. Es decir, se iniciaban las bases de un conjunto de bienes patrimoniales, en su mayoría obras arquitectónicas de carácter religioso, que, más tarde (1978) sería declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, junto a la ciudad de Cracovia, Polonia. Esta distinción es un reconocimiento al valor de su arquitectura colonial y al conjunto de obras artísticas que se albergan en monasterios, recoletas, conventos, plazas, e iglesias.
A la par, entrados en el siglo XX, la ciudad experimentaba cambios en la planificación urbana-regional, la arquitectura y el diseño como portadores de una nueva retórica oficial y agentes de cambio cultural hacia las nuevas formas de vida. Es decir, la cultura arquitectónica asume el papel de aglutinar referentes arquitectónicos y urbanos, o un conjunto de bienes tangibles e intangibles adecuadamente valorados y apropiados por la sociedad.[2]
La acumulación de activos constructivos en Quito, segunda mitad del siglo XX, promovió el desarrollo humano y cultural. Por ello, Quito contiene en sus calles, plazas, barrios y ciudadelas activos arquitectónicos que unidos a los bienes patrimoniales de carácter religioso del Centro colonial, hacen de la ciudad una propuesta cultural con identidad social propia.
Preservar el patrimonio: una responsabilidad compartida
Sin embargo, siendo Quito una ciudad rica en bienes patrimoniales culturales (coloniales y modernos) es indispensable que la comunidad quiteña y la sociedad en general se interesen por la preservación y conservación de esos activos arquitectónicos únicos.
La participación de las poblaciones locales es relevante para el éxito de cualquier estrategia de conservación y gestión cultural. Iniciativas de conversatorios, como el realizado el sábado 16 de mayo en el Museo MAE sobre Patrimonio: La arquitectura que se debe preservar- Edificio Sixto Duran Ballén, talleres comunitarios o festividades culturales, refuerzan la conexión de las comunidades con su patrimonio, generando oportunidades económicas y fortaleciendo el sentido de pertenencia.
El interés de los ciudadanos promueve e incentiva a los gremios y profesionales a reflexionar sobre las condiciones necesarias y suficientes para facilitar a los propietarios de los activos su gestión de conservación. Los diversos diálogos reflexivos pueden desembocar en propuestas de políticas públicas para promover e incentivar a nivel nacional la gestión de los bienes patrimoniales culturales.
No es una tarea fácil, pero las recientes actuaciones e intervenciones del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, en Quito, son una muestra de la oportunidad existente para proponer un conjunto viable de políticas públicas dirigidas a acrecentar la cultura nacional a través de la preservación y conservación de bienes patrimoniales culturales arquitectónicos.
[1] / Modelo de Gestión del Patrimonio Cultural – INPC, www.patrimoniocultural.gob.ec.
[2] / De la Torre, P. 2026. Economía, Políticas Públicas y Arquitectura. En Oswaldo de la Torre V. 1948-1998. Técnica, Materia y Espacialidad. Proyecto Editorial. Quito

