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Despertares

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A través de los tiempos, la conceptualización que la sociedad tenía de un gerente de empresa o empresario, ha mutado drásticamente, sin embargo los seguimos encasillando como en el pasado. Habiendo transcurrido un cuarto del siglo XXI habría que reflexionar sobre este tema tan importante.

 

De la revolución industrial a la globalización empresarial

 

Allá, por el siglo XVIII, aparecen los primeros empresarios fruto de las actividades comerciales y artesanales en Europa, América y Asia. Muchos de ellos crearon sus propias empresas para dejar de depender del estado, de terceros o de los productores.

 

La revolución industrial (siglo XX), con el aporte del ingenio, concibió la producción en masa, en volumen, mediante el uso de instalaciones grandes (fábricas), reduciendo la actividad artesanal. Sin embargo, su evolución no paró ahí. Se abrieron las fronteras, se amplió la visión comercial, y se concibió la participación en los mercados globales como una estrategia moderna (siglo XXI). El empresariado, desde entonces, es una pieza clave para la movilidad de las inversiones, la aplicación tecnológica, el desarrollo de la innovación. En otras palabras, para el crecimiento económico y la globalización.

 

Cuando el desarrollo no llega a todos

 

Expertos en la temática han resaltado que el resultado ha sido bueno, pero no logra que se amplíe para todos. La pobreza, la desigualdad, la migración son consecuencias de un sistema que no está funcionando bien.

 

Una reseña general en Ecuador nos lleva a visualizar que, antes de 1950, los propietarios (grupos familiares) producían bienes y los comerciantes se encargaban de los servicios logísticos. Ya para medio siglo, los gerentes contratados por los propietarios, naturales o societarios, gestionaban los recursos disponibles de la mejor manera. Para los años 80 y 90s los empresarios, en su afán de protección, buscaron desarrollar sus propios negocios. Es aquí cuando aparece la necesidad de no solo gestionar sino también contribuir al bienestar de la organización y todos sus elementos. Es decir, mejorar el bienestar de quienes hacen posible que la organización se mantenga y crezca también. Se comienza a utilizar el concepto de desarrollo sustentable (crecimiento económico, bienestar social y uso racional de los recursos).

 

En teoría, se estaba generando un cambio positivo, cuyo impacto podría medirse en mejoras en el bienestar de los pueblos, del avance positivo en reducir la pobreza, mejorar el acceso a los medios de producción, reducir la desigualdad y encontrar respuestas positivas a la migración internacional.

 

Mi percepción me lleva a buscar razones del porqué, a entender que el mundo es muy desigual. Si compartimos y creemos en la igualdad y hacemos honestamente las cosas para el bien de todos, no hay razón para que el sistema funcione mal. ¿Por qué no mejoramos? Porque algo no funciona bien.

 

Los buscadores de renta: el engranaje que no funciona

 

Reflexionando sobre esa línea de tiempo de la evolución del empresariado en Ecuador, me inclino a pensar que es el comportamiento humano el que falla. Si este es solo para el beneficio personal y no para la comunidad, ni para el país, entonces el engranaje no funciona y al final se mantiene la situación con poco cambio. Este comportamiento es conocido como los buscadores de renta, quienes quieren conseguir beneficios a toda costa, sin contribuir a la organización o a las empresas, sin tener que responder a nada ni a nadie.

 

Estos actores y su comportamiento, siempre han existido, la historia es muy rica en ejemplos, pero ahora se ha generalizado y a lo largo de la vida nos han hecho mucho daño pues son instigadores, cabildeadores, corruptos, traficantes, políticos deshonestos. Todos ellos buscan su propio beneficio, su renta propia y, por ello, no hay manera de que los pueblos mejoren sustancialmente. Solo aquellos que no se rinden a las presiones y tienen institucionalidad fuerte pueden mejorar.

 

La situación actual de los EEUU, bajo la administración presidencial, es una clara muestra del poder que tienen los buscadores de renta. Las políticas públicas de esta administración han sido redireccionadas a mejorar la posición de los EMPRESARIOS en detrimento de la población en general. Aranceles, impuestos, subsidios, beneficios jubilares, han sido modificados soslayadamente, beneficiando a aquellos que apoyaron la campaña presidencial y no a quienes lo necesitan. El número de personas sin hogar está creciendo de forma alarmante en todas las grandes ciudades y el estado no tiene respuesta eficaz todavía

 

En mi querido Ecuador los buscadores de renta son políticos, funcionarios públicos corruptos, seudo empresarios, pandilleros, mafiosos, narcotraficantes. Su común denominador es su búsqueda de beneficios propios, a pesar de que el país necesita sincerarse y sepultar esta práctica que tanto daño nos hace.

 

Entre la crítica y la esperanza

 

Los ciudadanos de bien, los empresarios buenos, los políticos honestos, son quienes hacen posible pensar en días mejores, con oportunidades para compartir, con resiliencia para superar las dificultades, y con esperanza.

 

Comparto un sentimiento muy placentero para el alma, el leer un pensamiento anónimo, ligeramente editado.

 

“Esta mañana desperté con antojo de algo que no se cocina en ollas, ni se hornea con recetas exactas. Desperté con antojo de paz. De esa que huele a café recién pasado y sabe a pan caliente, con mantequilla derritiéndose, como los miedos cuando los abrazas con alma.

Me serví un poco de silencio tibio, como ese chocolate de Ambato que reconforta el alma cuando el mundo se siente frío.

Y, mientras miraba por la ventana, me di cuenta que cada día nuevo es como una cocina abierta: tú decides qué sabor tendrá tu historia.

Hoy me quiero preparar una vida que huela a esperanza y tenga la sazón de la ternura. Una vida donde la gratitud sea el postre diario, dulce, suave, a veces con trocitos de nostalgia, pero siempre honesta. Una vida que sepa a domingo lleno, a comida hecha en casa, a sobremesa con risas y ojos brillantes.”

 

1/ Película protagonizada por Robin Williams basada en la historia real de Oliver Sacks

 

 

 

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