La vida cotidiana en Cuba se ha convertido en una experiencia marcada por la precariedad y la incertidumbre. En las calles de La Habana, autos abandonados, edificios deteriorados y comercios vacíos reflejan el impacto acumulado de años de crisis económica, agravada por la falta de reformas estructurales y el endurecimiento del contexto internacional.
Para muchos ciudadanos, la sensación dominante es la de estar en “un barco a la deriva”, sin un rumbo claro ni soluciones visibles a corto plazo. La escasez de alimentos, medicinas y combustible continúa afectando la vida diaria, obligando a las familias a desplegar estrategias de supervivencia cada vez más complejas.
El deterioro de los servicios públicos y de la infraestructura urbana se suma al malestar social. Zonas emblemáticas de la capital muestran signos evidentes de abandono, mientras el transporte y la energía eléctrica funcionan de manera intermitente. La migración se ha convertido en una de las principales válvulas de escape para miles de cubanos, especialmente jóvenes, que buscan oportunidades fuera de la isla.
Analistas señalan que la crisis actual no es coyuntural, sino el resultado de un modelo económico incapaz de responder a las necesidades de la población. A ello se suman factores externos y decisiones políticas que han limitado la capacidad de recuperación.
En este contexto, el desánimo convive con una resiliencia cotidiana, visible en la forma en que los ciudadanos se adaptan a la escasez y mantienen redes de apoyo informal. Sin embargo, el desgaste social y económico plantea interrogantes cada vez más urgentes sobre el futuro del país.
Relevancia para Ecuador:
La situación cubana ofrece lecciones sobre los riesgos del estancamiento económico y la falta de oportunidades, temas clave para el debate regional y para la formulación de políticas públicas en Ecuador.
Foto de portada: Un auto abandonado en la calle Belascoain, en el centro de La Habana, símbolo del deterioro urbano y económico.
Crédito: Marcel Villa / El País

