Al entrar observó a un policía al extremo de local y minutos después vio entrar al ladrón. “El ladrón dejó de robar y levantó el arma para apuntar al policía, ahí yo me pongo de espaldas a él y alcanzo a tirar a mi hijo al piso cuando escucho el primer disparo. En total escuché dos, y ahí veo que mi hijo tenía sangre en el pecho”, recuerda Obando a BBC Mundo.
La muerte de Sebastián Obando pareció rebalsar el vaso. Un día después, el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, declaró el estado de excepción en todo el país “por grave conmoción interna” ante la ola de violencia que tiene a Guayaquil en el epicentro.
“Nada podrá reparar una pérdida tan terrible, pero lucharemos con determinación para acabar con la violencia que le arrebató la vida a él y a muchos ecuatorianos”, escribió Lasso en Twitter.

Guayaquil, la capital económica de Ecuador, siempre convivió con la inseguridad, pero ahora vive un año particularmente violento. El estupor general comenzó en enero con el asesinato del presentador de televisión, Efraín Ruales, y se disparó el 29 de septiembre con 119 muertos en el penal del Litoral, en un enfrentamiento entre bandas criminales.
Según los datos del Ministerio de Gobierno, Guayaquil registró 329homicidios intencionales en todo el 2020, y hasta septiembre de 2021 ya tenía 591. El 19 de octubre, Pablo Arosemena, el gobernador de Guayas, la provincia cuya capital es Guayaquil, dijo que la ciudad estaba experimentando “lo que Colombia vivía en los años 80 y 90”.
Doce días antes la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, había sugerido la portación de armas para los civiles “porque ahora los delincuentes se acercan a tu carro, te apuntan con un revolver porque saben que tú estás desarmado”. “A mí me han robado en esta ciudad unas tres o cuatro veces, con cuchillo, con pistola, pero nunca a este nivel; el nivel de peligro en la ciudad yo nunca lo había visto”, coincide Tomás Obando.
Zozobra
El estado de excepción firmado por el presidente Lasso tuvo como aspecto más visible para los guayaquileños la presencia en algunas de sus calles de efectivos de las fuerzas armadas con sus uniformes verdes de camuflaje en una ciudad que se caracteriza más por su cemento que por sus árboles.
En uno de estos operativos, desplegado en las inmediaciones del estadio del Sporting Club Barcelona (el club de fútbol más popular de Ecuador), BBC Mundo le preguntó al gobernador Arosemena por qué había comparado la situación de Guayaquil a la Colombia de Pablo Escobar.
Para el gobernador, Ecuador está repitiendo aquella época vivida por Colombia, con un claro enemigo en sus calles, el narcotráfico.
“¿Cuál es la relación entre cárceles, inseguridad, narcotráfico, zozobra en las calles?”, pregunta el gobernador. Y se responde: “Que en las cárceles tienes bandas locales que son las que le brindan la logística a las trasnacionales del narcotráfico, que se encontraron con otro negocio muy grande, que es el microtráfico”.
Alfonso Harb, exdiputado y expresidente del Sporting Club Barcelona, coincide con esta apreciación:
“Guayaquil es una ciudad intensamente portuaria y nuestra condición de puerto es lo que ahora nos juega en contra, como a todos los puertos del Ecuador, porque los grandes cárteles necesitan embarcar su droga; además, es una ciudad muy grande, y los carteles encontraron un nicho comercial muy importante para el consumo interno”.
Pero no todos están de acuerdo con quedarse solo con este enfoque. En uno de los pocos estudios académicos que analiza la violencia en el país, publicado por la Universidad Central del Ecuador, el investigador Luis Córdova señala que la noción de “crimen organizado transnacional” despolitiza y descontextualiza los conflictos de la violencia a escala local.
Desde esta lógica, dice el estudio, luce razonable enviar militares a las calles para respaldar la labor de la policía, pero esto”podría gatillar una carrera armamentística y tecnológica con los grupos del crimen organizado en una relación asimétrica, ya que el Estado tiene serias limitaciones económicas”.
En el mismo operativo militar que presenció BBC Mundo, el oficial a cargo apuntó a otras causas detrás de la delincuencia, como la pandemia, “que produjo una crisis económica tal que las fuentes de empleo fueron disminuyendo”.
Fernando Recalde, comandante del Cuerpo de Infantería de Marina, habló incluso de una “percepción de inseguridad” generada por las redes sociales y la viralización de cada crimen que ocurre en la ciudad.
La bala de incógnito y la droga como trabajo
Cuando BBC Mundo conversó con el comandante Fernando Recalde, este aseguró que las instituciones del Estado pueden ingresar a cualquier ciudad o provincia del país “sin que exista un crimen organizado que no nos permita dicho ingreso”, pero las historias que se escuchan en las zonas consideras más peligrosas de Guayaquil parecen contradecir esta visión.
“En Socio Vivienda 2, hace dos años, nosotros vivíamos con una inseguridad terrible, no se podía casi que respirar por lo que robaban; hicieron cinco intervenciones las autoridades y ninguna sirvió. Entonces conversaron entre las mismas organizaciones (delictivas) para cuidar a la gente de su mismo barrio”, dice esta vecina que prefiere no decir su nombre.
La otra pandemia
La asambleísta Patricia Sánchez recuerda que en la década del 90 ella trabajó en la zona del Guasmo, al sur de la ciudad, donde estaba la banda “los cubanos”.
“Y uno cruzaba por un lugar donde al otro día aparecía uno de la banda muerto, pero uno convivía con ese mundo y mientras no te metías con ellos, no pasaba nada; a mí me han robado en mi casa y en mi oficina, pero nunca en un barrio popular”, señala la legisladora.
El problema inició cuando las bandas se lanzaron a pelear entre ellas, como dice a BBC Mundo Peter Aguirre, director del periódico tabloide Extra, cuyas primeras planas suelen estar protagonizadas por los crímenes que se cometen en la ciudad: “Comenzaron a pelearse por ganar simpatía con estas organizaciones extranjeras, como el cártel de Sinaloa o de Jalisco Nueva Generación; muchos pensaban que algunos sicariatos que se daban era solo delincuencia común, pero aumentaron porque la presencia de estos emisarios mexicanos les gustó a los líderes de estas organizaciones”.