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Golpe sí, pero contra el abuso de poder

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Golpe de Estado, golpe a la institucionalidad… Golpe y golpe y más golpes de pecho se dan ahora quienes han usufructuado de diez años de una institucionalidad hecha trizas, con un poder ejecutivo que jugaba a ser el gran hermano, que todo lo veía y todo debía aprobarlo, desde la vida íntima de las personas hasta sus modos de conducta. De un poder que no dudaba en mandar sentencias los sábados; que no dudaba en juzgar, en señalar, en mentir sin ningún rubor para justificar que era el mejor gobierno del universo y sus galaxias adyacentes.

¿Qué hacía la Defensoría del Pueblo hasta antes de su aparición pública para intentar deslegitimar el llamado a consulta popular oficializado finalmente vía dos decretos ejecutivos ante el silencio de la Corte Constitucional? ¿Qué hacía antes la misma Corte Constitucional? ¿Algún ciudadano se habrá sentido representado en ese organismo tan opaco?

¿A quién representaba el Consejo Nacional de la Judicatura? ¿Para quién trabajaba? ¿Para el reconocimiento del derecho a la justicia de los ecuatorianos o para operar como una secretaría más de Carondelet, en tiempos del ex, con el error inexcusable de por medio para señalar con su dedo acusador?

Golpe a la institucionalidad ha dicho un funcionario del llamado Consejo de Participación Ciudadana, un organismo que solo cumplió el papel de tramitador de los deseos del ex. En los últimos tiempos, sus miembros ni siquiera llegaron a cuidar las formas. El cinismo se imponía, como si el poder fuera eterno.

¿Golpe de Estado es llamar a una consulta popular? ¿No siempre se ha dicho que el poder está en el soberano? Y lo peor es que quienes hacen esas afirmaciones dicen representar a las mayoría de los ecuatorianos. ¿Cuál mayoría? ¿Esa mayoría a las que nunca llamaron a consultar si querían reelección indefinida? ¿Esa mayoría a la que negaron el derecho a la consulta sobre el futuro del Yasuní? ¿Esa mayoría?

¿Dónde está esa mayoría que dicen representar? ¿Dónde  quedó su supuesto espíritu democrático? ¿En ese sueño del presidente eterno que viaja por el mundo con escoltas pagados por el pueblo ecuatoriano que dice representar? ¿Cuál mayoría? ¿Cuál golpe a la institucionalidad?, si la consulta es solo un primer paso para recuperar la institucionalidad despojada durante diez años de autoritarismo y abuso de poder.

La consulta está en marcha y finalmente el ciudadano de a pie podrá pronunciarse sobre temas que le atañen.

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