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Un diálogo con  sabor a decepción

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El domingo pasado hubo un diálogo con los candidatos presidenciales en el país. En este espacio se marcaron grandes diferencias con lo presentado por la Cámara de Comercio de Guayaquil. Se evitaron las barras, griteríos e interrupciones; sin embargo no fue un espacio para debatir, una de las cosas que a la gente le gusta es que se señale y se responda. Eso se evitó y se dio una presentación de propuestas porque un debate significa decir, contestar, incluso en ciertos acusar y responder. Pero no hubo nada de eso.

Los candidatos se vieron más sobrios en relación a la participación anterior, a excepción de Patricio Zuquilanda que tiene una característica propia y única que se acerca a la jocosidad, pero la candidata Cynthia Viteri fue un poco más reservada con respecto a las acusaciones del “debate” anterior. Una de las estrategias del marketing político es “atacar” al que va en segundo puesto según encuestas, porque se requiere su lugar. Eso pasó en el conversatorio de la Cámara de Comercio de Guayaquil cuando todos los candidatos señalaban a Guillermo Lasso bajo distintos criterios. Hay autores de marketing político que señalan que quienes están en la recta final (segunda vuelta) tienen que hacer todo para ganar, a pesar de que no se está en los actuales momentos, Lasso es muy cauto. Viteri esta vez evitó mencionar directamente a Lasso, basando una propuesta enfocada en el género femenino, la familia y sobretodo a la mujer como cabeza de hogar.

Dalo Bucaram con un repertorio nuevo, quien en ocasiones olvida que no es el único candidato joven, se vende como único, reviviendo en algunos sectores nacionales todo lo que significó el Partido Roldosista Ecuatoriano; es una persona muy enfocada a las redes sociales, que junto con Guillermo Lasso, posee mayor cantidad de adeptos a las redes sociales y establece mayor interacción; no solo por él sino también por su esposa quien ha estado mucho tiempo en la televisión y tiene muchos seguidores, aunque debemos ser conscientes de que los votos no son endosables, tiene mucha presencia digital, tanto que se permitió enviarle un mensaje al Presidente de la República, diciéndole que sabía que él estaba pendiente de su participación. Su sistema de comunicación está basado en la juventud, en la corrupción del gobierno saliente, en el cambio.

Todos los candidatos tienen el discurso de fomentar la participación de la empresa privada, sin embargo, nadie en sí tiene en claro cómo hacerlo por el aparataje ya construido.

A Iván Espinel se lo vio como un candidato oficialista disfrazado en un círculo de oposición, que tuvo que salir a defender al candidato de gobierno cuando se lo estaba atacando con cifras. Eso no sucedió en el debate anterior. Él ya dejó claro su postura: que aunque no llegue entre los dos primeros, apoyará a las decisiones del gobierno.

Guillermo Lasso es otro en comparación al que se presentó hace más de cuatro años a competir por la misma dignidad. Ha perfeccionado cualidades como mayor facilidad en el dialecto, con ideas más claras. Está muy entrenado a no salirse de su espacio comunicativo corporal. Fue atacado por Espinel y no respondió. Él sabe que está segundo y reconoce su ventaja competitiva.

Lenin Moreno sorprendió con su asistencia al diálogo. Se lo vio bastante sobrio su comunicación (a diferencia de las costumbres de su partido), con ideas contradictorias ofreciendo cosas que el gobierno construyó en estos 10 años, y que hoy parece estar en contra, como realizar cambios en la Ley de Educación Superior, del cual  el formó parte de la propuesta vigente. Se defendió bien y fue contundente al indicar que “bajo honrosas excepciones todos representan la decadencia política del Ecuador…” se permitió llegar a la parte emocional del público, decir lo que había logrado cuando fue Vicepresidente, interactuó caballerosamente con Zuquilanda con respecto a las acusaciones que este realizaba. Pero le faltó el carisma y la persuasión a base de ideas y estrategias que ha tenido Alianza País a través de su único presidente.  Esto le va  pasar una “factura electoral” y según las encuestas, estará en segunda vuelta, algo que estaba planficado. Recibió el apoyo del Presidente, quien puede ser catalogado como “el noveno participante” en este encuentro, pues estuvo presente en las redes sociales.

En el diálogo no se vio contundente a ningún candidato, no se vio un ganador, no hubo un debate de ideas, hubo una presentación más formal de las propuestas, tratando de ser eficientes en el conteo en los minutos y segundos, buscando algunos, ser sarcásticos los unos con los otros. El manual de comunicación política dice que el candidato que va ganando en las intenciones de voto no debería presentarse a los debates, sin embargo a tanta presión electoral, Lenín tuvo que aparecer.

Paco Moncayo era el candidato más fuerte de la oposición antes que inicie la campaña, se esperaba alguna buena alianza, ya sea Lasso, Nebot, o algún participante más, sin embargo ha mostrado un sinnúmero de falencias en su comunicación, viéndose en algunos momentos sin argumentos para proponer ideas claras y concisas, dejando como única opción dirigirse a los militares.

Washington Pesántez se está aprovechando de que fue fiscal y habló de perseguir a los corruptos. Muy poca gente lo conoce, mientras que Patricio Zuquilanda, trata con una postura alejada de la seriedad, inventar alguna propuesta anticorrupción o de persecución del actual régimen.

A la gente joven empieza a convencier el mensaje Dalo Bucaram, tiene carisma, realiza analogías futbolísticas, habla de unión reconoce eventos positivos y negativos del gobierno que termina, quizás está madurando en su participación política. Utiliza un lenguaje coloquial y se presenta con un discurso de conexión directa con los millenials, como también lo hace el PRIAN con su campaña ojo seco está teniendo mucho impacto en este segmento de la población, se basan en la sinceridad, apuntan al nivel socioeconómico y desean ser aceptados por la proximidad de la identificación para transmitir sentido de pertenencia.

Esa es la realidad que vive el país y es parte de un sistema democrático inclusivo que no tiene como requisito ningún nivel académico porque sería excluir a grandes grupos del país. Se supone que la democracia es que todos podamos hablar y opinar sin importar el nivel de estudios. Obviamente las personas que han tenido mejores oportunidades académicas les molesta este tipo de campaña, pero es la realidad.

En definitiva, Moreno no tuvo una buena participación, Lasso sigue siendo el candidato de la oposición que aunque no convence a las mayorías, sigue siendo el mayor retador de Alianza País y la opción para quienes no desean que se amplíe a más de una década la conducción del país, Cynthia intenta arribar al segundo lugar apelando al género y a la familia, Dalo intenta con un mensaje sencillo liberarse del estigma de su apellido y de su partido, mientras que Moncayo es la gran decepción de todo este proceso de campaña; los demás candidatos son pocos conocidos.

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