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Año electoral: algunas consecuencias en la economía ecuatoriana

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El principal efecto tangible de las elecciones de este año es el gasto público. Un año de elecciones demanda una serie de procesos que incrementa el nivel del gasto estatal. Éste no es prolongado, sino inmediato. En el caso ecuatoriano este fenómeno quizás es más complejo aún en comparación a otros países de la región que tienen menos procesos electorales. Nosotros, por ejemplo, no solo tenemos que organizar elecciones legislativas y presidenciales, en torno al país, sino también en las circunscripciones especiales del exterior.

Otro efecto que genera unas elecciones como las de Ecuador, en un año en que la economía ecuatoriana, según muchos analistas, está en una contracción seria, y otros hablan de crisis, es la incertidumbre, no solo económica sino también política.

En un contexto democrático (idealmente), cuantas más opciones hay en la papeleta electoral mayor es la incertidumbre que se genera, porque en el escenario existen mayores alternativas en juego. En ese sentido, la pregunta del votante es, o debiese ser, qué va a pasar con la economía del país si sale un candidato o si sale otro.

La incertidumbre existe antes y después de las elecciones, aunque la incertidumbre política es más un efecto postelectoral. ¿Por qué? Porque después el votante ya tiene los resultados… el votante puede pensar secuencialmente. Se tiene el resultado y ahora qué nos espera.

Probablemente en el caso de Estados Unidos las circunstancias históricamente han sido más distintivas porque la gente sabe qué si vota por un demócrata el voto es por una mayor inversión social, por un gobierno que toma en cuenta más a las minorías, por una mayor cobertura en salud; si vota por un republicano sabe que busca un giro en la economía con menos impuestos, mayor productividad, mayor generación de empleo, (…). Sin embargo, las elecciones del año pasado no demuestran de manera fáctica esto.

En todo caso, en Ecuador la racionalidad en las preferencias electorales no es clara y puede presentar sorpresas. Recurriendo al desarrollo político de las últimas décadas, se puede observar candidatos auto-identificados con la derecha o auto-identificados con la izquierda que no son diametralmente opuestos o consistentes con sus propuestas. En estas elecciones, muchos han formulado alternativas frente al tema de los impuestos, (…) algunas un tanto irreales porque no especifican explícitamente cómo van a cumplir sus promesas de campaña, pero también cambian de elección en elección. Eso genera mayor incertidumbre.

Se tiene, por ejemplo, a Washington Pesántez que propone incrementar la productividad y bajar la “carga impositiva-abusiva”, como él mismo argumenta en su plan de gobierno, pero también habla de aumentar la seguridad social, la construcción de hospitales y de cambiar el sistema de educación superior (…) Uno no sabe bien cómo lo va a hacer, porque por un lado sostiene que va a disminuir los impuestos, pero por el otro ofrece mayor inversión social. ¿Cómo lo va a hacer, con qué fuentes, con qué recursos? Sabemos que el mayor ingreso del Gobierno, hoy en día, no necesariamente es del petróleo, sino los impuestos.

En este sentido, en Ecuador cuesta identificar una tendencia, porque hay más matices por la fragmentación política, por la distancia ideológica que hay entre partido y partido, entre movimiento y movimiento o entre movimiento y partido. Y cuando hablamos de candidatos vemos una mayor segmentación.

Nosotros votamos por candidatos no por partidos, como pasa en los Estados Unidos. En ese país el votante puede asegurar una mayor continuidad de las políticas que tienen los demócratas o que tienen los republicanos, al dar su voto por uno u otro partido, independientemente de los candidatos. Eso no pasa en Ecuador, por lo menos desde que tenemos la lista abierta. Por eso probablemente han surgido actores en la escena política como el ex presidente, Lucio Gutiérrez, el mismo que en los primeros años (de candidato y de mandatario) se inclinaba más hacia la izquierda y que en este último tiempo (después de su administración) aparece más como una opción de la centro-derecha.

Ahora estas elecciones son importantes sobre todo para la economía, por eso lo más sensato sería apostar por propuestas que busquen bajar el peso/tamaño del aparato estatal, mejorar la productividad, ya sea con ahorro nacional o inversión extranjera para superar la incertidumbre… o con las dos.

El comportamiento de los votantes en un país, por su parte, dependerá del modelo al que esté apegado: psicológico o racional. Por ejemplo, en una sociedad donde prima el voto racional se tiene mayores probabilidades a que el empresario vote por el candidato que le ofrezca incentivos para seguir produciendo a menores costos; una minoría religiosa o étnica, por el contrario, votará por quién le asegure mayores beneficios en materia de seguridad social.

Luego está el voto psicológico, en donde el comportamiento del elector se deja guiar por su entorno socio-cultural. Por ejemplo, si su familia es del Partido Social Cristiano su inclinación va a ir por ahí, porque de alguna manera se sentirá identificado con esa agrupación ya sea por afinidad de pares o porque creció en un barrio donde sus padres votaban por ese partido; si su familia es del PRE sentirá correspondencia por esa organización política y no necesariamente por el candidato, ni por sus ideas… se sabe que históricamente los partidos y movimientos han cambiado su accionar en cada elección.

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