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Trump y las protestas

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Miles de personas han salido a la calle en Nueva York, Filadelfia, Seattle, Chicago, Oakland, Washington y Boston para protestar contra el triunfo de Donald Trump al grito de No es mi presidente. “Nos mantenemos unidos” y “Tú no eres Estados Unidos, nosotros somos Estados Unidos” fueron algunas de las frases repetidas. “Los inmigrantes han hecho América grande”, se podía leer en las pancartas.

Horas después de que se conocieran los resultados, el área de la Bahía de California registró protestas durante la madrugada. Los manifestantes salieron a quemar imágenes de Trump, rompieron vitrinas e incendiaron basura y neumáticos en el centro de Oakland. Los estudiantes de la Universidad de California protestaron en el campus.

Todo es confusión en un país tan diverso. ¿Pero protestar para qué o por qué? “Trump ha representado una bofetada al hedonismo de un moribundo posmodernismo mediático, intelectual, social y político. Una nueva era geopolítica se anuncia en un horizonte plagado de incertidumbres y reveses”, ha dicho Carlos Tutiven de la Universidad Casa Grande acerca del triunfo republicano en La Conversación.

Tutiven recordaba que Slovak Zizek dijo en una reciente entrevista que su “esperanza desesperada” era que gane Trump porque las cosas se pondrían tan absurdas que el mundo se vería obligado a a repensar toda la política para salir así del letargo ideológico y diplomático de lo “políticamente correcto”.

Vanesa Lam, de la Universidad Ecotec, decía también en este portal que desde el punto de vista de la comunicación, el triunfo de Trump se había basado en concentrar la propuesta en los sujetos (norteamericanos) y sus necesidades; en personas que a gritos pedían el resurgimiento de un EEUU desde un ser para verse como potencia mundial. Trump les ha prometido eso, ha dicho Lam, una imagen sólida edificada desde el nacionalismo.

De una u otra forma Trump está ahí por quienes desearon que gane y también por quienes desearon que no gane, pero no fueron a votar o se abstuvieron de hacerlo para no hacer juego al establishment político. Trump alentó a la gente a ir a votar hasta el último minuto, sacó al obrero blanco a las urnas, en una estrategia electoral muy similar a la usada por el fallecido presidente de Venezuela Hugo Chavez. Y si hay una mayoría que está dolida por el triunfo de Trump debería preguntársele dónde estaba a la hora de las votaciones.

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