Icono del sitio Dialoguemos

Comercio Exterior: Ecuador hace las cosas al revés y ahora se muestra apurado frente a la Unión Europea

Tiempo de lectura: 6 minutos

Son ya años los que Ecuador lleva tratando el tema de un Acuerdo Comercial con la Unión Europea y ahora nos encontramos con que el presidente, Rafael Correa, anuncia que es posible que no se de hasta marzo del 2017, cuando lleva meses repitiendo que entraría en vigor en diciembre del 2016.

Recordemos que Ecuador negociaba junto a Colombia y Perú formar parte de este acuerdo común de la CAN; sin embargo por decisión personal del presidente Rafael Correa -que está en contra del libre comercio- el país decidió salir de esa negociación. Colombia y Perú sí firmaron un tratado con Bruselas, el 26 de junio de 2012.

Pero ahora, en crisis económica, a Ecuador le entran las prisas por negociar, pero para acceder a una adhesión, lo que le da una capacidad de negociación distinta a la que habría logrado si se hubiese incorporado en la negociación inicial. Así ya van dos años y hay que destacar que en diciembre de 2016 se termina la ampliación de las preferencias arancelarias renovada por el Parlamento Europeo. Pero ya es una renovación, el país está en la prórroga. No es que esta prórroga de facilidades arancelarias que había dado la UE tiene que ver con la intención de Ecuador de ser parte del acuerdo comercial. Ya el país está fuera de tiempo. La prórroga es como los partidos de fútbol, ahora Ecuador está en adicionales.

Hay que recordar que hace dos años se hicieron públicas unas conversaciones secretas a nivel diplomático en donde el gobierno de Rafael Correa por un lado decía que no habría acuerdo y por otro se negociaba. Según lo dicho en 2014 en el portal eldiario.es, se recogen “mensajes confidenciales que se intercambiaron entre 2011 y 2012 la misión diplomática ecuatoriana ante la Unión Europea y el Ministerio de Asuntos Exteriores y Comercio de Ecuador. Mensajes muy tensos que desvelan las presiones de la Comisión Europea a Ecuador para que cambiara leyes esenciales y la política económica para ajustarlas a un Tratado de Libre Comercio, bajo la amenaza de dejar fuera a Ecuador de ayudas arancelarias a países en desarrollo”.

Pero en general toda la negociación de Ecuador con la UE no se entiende, porque por un lado se negocia un Tratado de Libre Comercio (o un “tratado comercial”, el nombre da igual, el objeto es un tratado para fomentar el comercio entre los países”), precisamente para ampliar el comercio y al mismo tiempo se ponen salvaguardias, cupos y restricciones al comercio. Eso no tiene ningún sentido y la Unión Europea se lo dice a Ecuador: el país no puede aumentar las salvaguardias, poner cupos y aumentar el ICE al mismo tiempo que solicita firmar un tratado para favorecer el libre comercio. Es pura coherencia y sentido común.

Ecuador, por su parte, en este tiempo ha cambiado de estrategia negociadora, tanto es así que la cartera ministerial que lleva adelante estos temas es la que más ministros ha rotado, en estos dos años han sido tres personas diferentes en Comercio exterior, mientras que las otras secretarias de Estado ha sido mucho más estable. Esto quiere decir que la estrategia comercial ha cambiado tres veces; el Ministro de ahora está deshaciendo lo que hizo el anterior; a la UE le cuesta entender todo esto.

Hay que tener presente que la UE es un bloque de 28 países -entre ellos están las principales economías del mundo-, además este bloque es la segunda mayor economía del planeta por volumen y tiene al menos unos 400 millones de habitantes, mientras que Ecuador tiene 15 millones de habitantes y es considerada como una de las economías más pequeñas a escala global. Ecuador exportó USD 2.776 millones a la Unión Europea en el 2015, mientras que este bloque importó del mundo 5 billones, es decir, Ecuador supone el 0,05% de las importaciones de la Unión Europea. Se puede entender que no es un socio clave para la Unión Europea ni política ni económicamente. En ese sentido a Ecuador le conviene tener un tratado comercial con la UE porque perderían unos USD 400 millones en exportaciones o de privilegios arancelarios en exportaciones a diciembre de este año, un lujo que no puede permitirse en su balanza comercial; esta misma cifra no puede significar mucho para la Unión Europea por su tamaño y peso en la economía mundial. Un ejemplo de ello es que si Europa deja de comprar banano a Ecuador –que ese fue otro gran conflicto que ganó Ecuador, pero que llevó años en la OMC–  puede comprarlo a Colombia. No es una cosa trascendental; no va a cambiar la economía de la UE por esto; pero sí puede cambiar y afectar a la de Ecuador.

A partir de ahora llevamos unos meses en una sucesión un poco agónica y ridícula, porque un gobierno que se negó a firmar el primer tratado, un gobierno que toma medidas contrarias al segundo tratado y que dilata la firma del tratado recién se da cuenta que en diciembre se terminan las prórrogas e intenta meterle prisa a la Unión Europea para que se firme un acuerdo lo antes posible y el Consejo Europeo decida pronto.

Es decir, Ecuador lleva dos años perdiendo el tiempo o haciendo las cosas al revés y ahora se muestra apurado. Pero no es fácil meterle prisa a la UE porque en la agenda política o ministerial de la UE el tratado comercial con Ecuador no es prioridad. El Comisario Exterior de la UE en este momento tiene sobre la mesa firmar un tratado comercial con EE.UU.; ha ocurrido lo del Brexit, que ha cambiado completamente la configuración política de este bloque económico; están las sanciones comerciales a Rusia. A esto se suma la estrategia en la que trabaja la UE para llevar adelante económicamente la crisis en Turquía; además está la Alianza del Pacífico -que es el gran tema comercial de Latinoamérica en estos momentos-. Frente a estos temas el expediente de Ecuador estará debajo de toda la montaña de papeles. Ahí se ratifica que Ecuador no está haciendo un juego político porque no es significativo para la UE su comercio exterior.

Hay que recordar que los procesos en la UE son muy largos y muy burocráticos, eso va llevar más tiempo. Además, Ecuador no tiene muchos amigos a nivel internacional dentro de la UE y eso es la consecuencia de la política internacional que lleva adelante el país. Por ejemplo: Ecuador expulsó a los parlamentarios alemanes que fueron a visitar la Amazonía. Ecuador reiteradamente ha acusado a las oficinas de ONG de hacer injerencia dentro de su política; Ecuador se ha aliado con la extrema izquierda europea que no tienen ningún peso político a día de hoy… Todo eso ahora tiene consecuencias: es un país que tampoco es una prioridad política porque no se ha hecho amigos políticos, más bien ha creado enemigos. Así es muy difícil conseguir “favores” para apurar la firma del tratado.

¿Qué consecuencias tendrá no firmar el tratado con la UE? En caso de no firmar el acuerdo los productos ecuatorianos serían menos competitivos. Hay que recordar que las bajadas arancelarias que tiene Ecuador es un privilegio de la UE, no están basadas en ningún tratado; es una preferencia que la UE se lo concede a Ecuador y este país no está comprometido a nada a cambio de eso, de hecho su posición negociadora es nula porque no está ofreciendo nada a cambio. A pesar de que en unos meses hay elecciones presidenciales, no creo que la UE piense en los resultados porque Ecuador no es una prioridad.

Esto es una muestra de lo que el gobierno de Ecuador ha conseguido. Si el gobierno de Ecuador en este momento no tiene un TLC con la UE es porque no ha querido tenerlo. Ha sido su presidente, Rafael Vicente Correa Delgado, personalmente, quien decidió que no se iba a firmar un tratado porque su ideología es contraria al libre comercio. No es que la UE quiera o no, la oportunidad estuvo sobre la mesa y Ecuador con toda la retórica a la que está acostumbrado dijo que no firmaba ese tratado. Exactamente lo mismo sucedió al negarse a tener un tratado de libre comercio con EE.UU. El mismo ejemplo se aplica a la Alianza del Pacifico, que es una de las cosas más importantes en materia económica que están ocurriendo en América Latina y Ecuador al parecer no le está dando importancia y eso es el Tratado de Libre Comercio de México, Perú Colombia y Chile. Al ver el mapa es evidente que el único país que falta en esa línea es Ecuador y la Alianza del Pacífico se ha comprometido en reducir los aranceles para el 2017 y Ecuador no está porque Rafael Correa ideológicamente ha dicho que no quiere pertenecer a un club de derechas. En definitiva, los únicos aliados de Ecuador a escala internacional son Bolivia, Venezuela, Bielorrusia, Azerbaiyán… y Cuba (Argentina y Brasil ya no cuentan). Simplemente Ecuador está recogiendo la política exterior que se ha sembrado. Y la cosecha es muy desalentadora.

Salir de la versión móvil